lunes, 11 de abril de 2011

Anda y en adelante no peques más

"Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más".

Con qué misericordia termina este evangelio que se nos presenta hoy. Una vez más, como ya veíamos en el de ayer, Dios se apena de nuestra miseria. No es un ejemplo, es el ejemplo por excelencia a imitar. Su sabiduría, hace callar al más anciano (y sabio) de los presentes.

Como hemos visto en otras ocasiones, el tema del juicio a los demás nos envuelve. Siempre hablando de los demás, criticándolos, viendo las faltas del otro... ¿Y las nuestras? ¿No las vemos? ¿Será las que escribe Jesús en la arena mientras juzgamos y condenamos a nuestro prójimo? Posiblemente sea así, por eso, cuando las vemos nos quitamos de en medio. Escondemos la cabeza como un avestruz, pensando que así ya no se nos ve. Huimos como los fariseos, dejando de acusar al otro. Es lo que debiésemos hacer sin necesidad de condenar ni juzgar a nadie. No tenemos derecho a juzgarlos, cuando nosotros somos los primeros en cometer las faltas.

Pero esas faltas escritas en la arena, se borrarán con el viento y la lluvia. Se borran para siempre cuando la misericordia del Señor nos las perdona en el sacramento de la reconciliación; cuando el viento de su Espíritu nos limpia el alma con su paso sobre nosotros. Cuando nos dice:
"Tampoco yo te condeno". Pero también nos recuerda algo muy importante, que no debemos dejar pasar:
"Anda y en adelante no peques más".

Pidamos al Señor que nos dé el don del Amor para que sepamos repartirlo por el mundo, y empezando por nuestro alrededor, donde tenemos una dura y difícil tarea pendiente por hacer. No seamos como los fariseos, que hablamos teniendo tanto que callar. Y agradezcamos una vez más a Dios, por su infinita misericordia y por enseñarnos a actuar con astucia frente al enemigo.


El Señor os bendiga.

2 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Buenos días Rafa:

a las 8 de la mañana reflexiono tu post.

efectivamewnte nos preocupamos de los defectos de los demás y no vemos los propios.

Al menos hoy procuraré ser mejor persona

Un abrazo en Cristo, Montserrat.

Anónimo dijo...

Con cada nueva reflexión que haces y nos muestras siento el gozo de la presencia de Cristo en mi interior, cada vez se esta convirtiendo en más imprescindible para mi venir aqui, a tu espacio a aprender, a crecer, a orar...
Gracias.