
Este fin de semana pasado estuve en un retiro y, el sacerdote que predicaba, puso un ejemplo muy ilustrativo que, en alguna ocasión había oído, pero que no estuvo de más volverlo hacer, al contrario, le saqué más jugo. Él decía que la Cuaresma era como un hospital. Cuando estamos enfermos y vamos al médico, éste nos da una solución para curarnos. Pero la medicina que necesitamos para la sanación, a veces, no nos gusta (inyecciones que duelen, pastillas o jarabes amargos…) Pues la Cuaresma es el hospital, nuestra enfermedad es el pecado y la medicina no nos gusta, nos duele, y esta es nuestra cruz. La obediencia nos cuesta, perdonar nos cuesta, humillarse cuesta… Y no nos queremos dar cuenta, que el Señor sólo quiere nuestro bien. ¡Qué dio su vida por nosotros! ¿Aún le pedimos más muestras de amor y confianza?
Él es nuestra salvación, nuestra confianza, el médico de nuestros cuerpos y nuestras almas.
Cuántas cuaresmas han pasado por nuestras vidas sin haberlas aprovechado! Que este año sea distinto y no pase desapercibida ante nuestros ojos. Abracemos nuestra cruz de una vez y apoyémosnos en Él, que nunca, nunca nos falla.