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sábado, 11 de junio de 2022

Santísima Trinidad

Santísima Trinidad.
Ático del retablo del Dulce Nombre. 1611-1612.
Iglesia de San Mateo. Tarifa (Cádiz).


Estamos en el domingo siguiente a Pentecostés y celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad.

Muchas personas lo haréis, pero otras muchas, quizás cada vez menos, no. Me estoy refiriendo a la oración. Una oración que, como hemos dicho en más de una ocasión, al igual que la Eucaristía, se empezará diciendo “En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Cuando hablamos de oración, podemos pensar en pedir y, aquellos que sean más agradecidos, se acordarán de dar gracias. Hay más tipos de oraciones como la de bendición, alabanza, intercesión… pero básicamente se engloban en estos dos tipos que hemos mencionado: petición y acción de gracias.

Digo esto porque puede que nos encontremos en algún momento con un problema, una situación especial que no sepamos resolver, una enfermedad… y nos acordemos que hay un Dios a quien acudir, incluso muchos lleguen a pedirle como último recurso, aunque no crean (o eso dicen).

Hay varias cosas que considero que debemos tener en cuenta:

En primer lugar, hay que tener confianza en Dios, creer en Él y saber esperar. Recordad que en más de una ocasión podemos leer cosas como: “Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. O “Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz y queda sana de tu aflicción”. Es decir, la fe es la que nos sanará, ya sea el cuerpo o el alma.

En segundo lugar, hay veces que pedimos, pedimos y pedimos…, pero a lo mejor lo hacemos mal. Fijaos lo que nos dice aquí Jesús: “En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa”. (Jn. 16,23-24). Es decir, quizás no lo estemos pidiendo al Padre, y/o no lo hagamos en nombre de Jesús.

Por otro lado, Jesús también nos enseñó el “Padrenuestro” para orar y dirigirnos al Padre; esto conlleva que debemos aceptar o que Él quiera, aunque sea contrario a lo que queremos nosotros, porque además, es una de las peticiones que le hacemos en esta oración: "Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo".

Ahora tengamos en cuenta la siguiente cita: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Paráclito no vendría a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré". (Jn. 16.,7). El Paráclito es el Espíritu Santo, y paráclito significa abogado, defensor, el que intercede. Es la Persona de la Santísima Trinidad que vino a nosotros el pasado domingo.

Jesús es la Persona que más podemos conocer pero; como bien nos dice Él mismo, el que lo ha visto a Él, ha visto al Padre. Y, tal y como hemos visto, siempre nos remite al Padre.

Él se fue para poder enviarnos al Espíritu Santo porque, a través de su Espíritu, podemos entender cosas que sin Él no podríamos; podemos tener unos dones que sin Él no los tendríamos; podemos orar de una forma que sin Él seríamos incapaces. Porque el Espíritu Santo es el que nos mueve a orar, el que nos ayuda y enseña a orar, el que intercede por nosotros.

Pero llegados a este punto, vuelvo al inicio. De poco sirve una oración sin fe y sin confianza, que es la que nos mantiene siempre en la esperanza; porque es como decir palabras vacías que no van a ningún sitio. Por tanto, repite siempre: “Jesús, en ti confío” y Dios Trinidad, te ayudará siempre, en su tiempo y momento, pero nunca te abandonará.

En este día de la Santísima Trinidad, puede ser un buen momento para pedir al Espíritu Santo que nos ayude y anime a orar al Padre en el nombre de Jesús.

 

El Señor nos bendiga.

 

 

 


domingo, 11 de junio de 2017

Santísima Trinidad


Vidriera de la Iglesia Mayor de San Mateo. Tarifa
Mediados del siglo XX.


De sobras sabemos que la fiesta en honor a la Santísima Trinidad se celebra el domingo después de Pentecostés. 

Ninguno de nosotros entenderemos este Misterio hasta que un día Dios nos los revele. Tema y Misterio que puede resultar "engorroso" o difícil de explicar, ni nos ponemos a meditar sobre él. Sin embargo, sí debemos saber en qué consiste, qué es.

Desde pequeños hemos aprendido que nuestra fe se fundamenta en el Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un sólo Dios verdadero. Pero, ¿qué quiere decir esto? ¿Quién es cada Persona?.

Lo primero que debemos tener claro es que las tres Personas son Eternas, es decir, no tienen principio ni final. Podemos pensar que el Hijo no es eterno porque nació de María. Pero eso sólo es la parte en la que el Hijo se hace hombre para poder salvarnos, sin embargo, siempre existió como Dios. ¿Podemos encontrar al Hijo en el Antiguo Testamento? La respuesta es: Sí. Ejemplo de ello lo tenemos en el libro de Daniel: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él" (Dn,7.13). ¿No estamos ante una visión del profeta en la que puede ver al Padre y al Hijo?.

Al Padre solemos asociarlo con la creación, de hecho así ha sido representado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia del arte. Sin embargo, considero que la acción creadora es común a las tres Personas. Si leemos el libro del Génesis, no vemos al Padre, sino a Dios, es más, en el versículo 2 del primer capítulo de la Biblia, aparece el Espíritu moviéndose "sobre la faz de las aguas". Entonces, ¿por qué llamamos a la Primer Persona Padre? Porque Él engendró eternamente al Hijo, que luego nos lo entrega para que nos salve de las tinieblas. Es el Padre eterno, el de Jesús, el de Cristo, el del ungido.

El Padre es el que todo lo puede, el Juez, la Sabiduría, el Amor Supremo. A la vez es nuestro Padre. Jesús así nos lo hace saber en la oración  que conocemos precisamente como "Padrenuestro". Por ello, como Padre, cuida de todos nosotros con una Amor y una exquisitez tan profunda que no alcanzamos a entender. Quizás por eso nos cueste creerlo, porque somos incapaces de hacerlo como lo hace Él. 

El Hijo es enviado por el Padre para que nos redima del pecado y venza a la muerte. Así podremos gozar con Él un día en el Paraíso. Con su Pasión, Muerte y Resurrección, Cristo n"Si me hubierais conocido, también hubierais conocido a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto" (Jn. 14,7). Es decir, que Jesús es el rostro visible del Padre, que para nosotros es invisible.
os abre las puertas. Pero el Hijo también nos habla del Padre. Muchos son los ejemplos:
"Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor" (Jn. 15,9-10) Jesús nos viene a recordar que el Padre es Amor, y que Él mismo es Amor. Por lo tanto, Si el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, también es Amor.
Gracias al Hijo sabemos de la existencia de la Santísima Trinidad, pues es la Persona que nos lo ha revelado. Sin esas revelaciones, por mucho que leyéramos el resto de la biblia, no podríamos ni intuir esta realidad.

El Espíritu Santo, la tercera Persona. Ya hemos visto que Existe también desde siempre, y que el mismo libro del Génesis nos los presenta en el versículo 2. 
Jesús dice a sus discípulos: "...pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con ustedes” (Jn. 14, 16-17)
Ni que decir tiene que es la Persona que está con nosotros en todo momento. ¿Cuál es la razón por la que vamos a misa? ¿Por qué rezamos? ¿Por qué sabemos diferenciar una acto bueno de uno malo? ¿De dónde procede la fuerza que recibimos antes una situación difícil? ¿Quién nos ayuda a amar a los demás? ¿Cómo sabemos que Dios existe? ¿Por qué tenemos fe?... Todo es obra del Espíritu Santo que nos va guiando en nuestras vidas y no nos damos cuenta. Vemos las cosas como nuestras, pero nosotros por nosotros solos no somos capaces.

Que todo lo que hagamos, sea con Amor. Será señal inequívoca de que procede del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Santa María, ESPERANZA nuestra, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo; ruega por nosotros a Dios.

sábado, 18 de junio de 2011

Santísima Trinidad

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN.

Así iniciamos nuestra vida cristiana; pues somos bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad y con la señal de la Cruz. De la misma forma, iniciamos la Santa Misa, somos perdonados cuando nos confesamos, nos ponemos a orar... Y es que, el centro de nuestras vidas, el único que es imprescindible, y el único que nunca nos falla es DIOS.
El mismo Dios, en la persona del Padre. El mismo Dios, en la persona del Hijo. El mismo Dios en la persona del Espíritu Santo.
Este es el gran Misterio de nuestra fe.

El Padre; es el Creador, el padre bueno, Abba (papaíto).
El Hijo, es el Redentor, el que nos salva y da su vida por nosotros. Jesús, el que creemos conocer más.
El Espíritu Santo; al que se le atribuye la Santificación. Con sus dones, nos santifica porque nos acerca más al Hijo.

Pero las tres personas obran por AMOR. Por eso DIOS es AMOR.

El Padre nos crea, por Amor. El Hijo nos redime, por Amor. El Espíritu Santo nos santifica, por Amor. Sin esta causa, nada tiene sentido. Y sin embargo, no nos damos cuenta de esto.

¡Cuanta paciencia tiene Dios con nosotros! ¡Qué débiles somos! Pero Dios lo sabe, y nos ha dado la mejor arma: la Oración.

La oración nos hace intimar más con Dios, la oración nos fortalece para seguir en nuestro día a día, la oración nos ayuda a entender más los misterios de Dios, la oración hace que nos ayudemos unos a otros, la oración sana... Pero hay personas que no conocen a Dios, otras lo conocen pero no quieren saber nada de Él, y otros; aunque lo conocen, no "oramos" lo suficiente. Pero todos necesitamos de la oración. Por eso, hay personas que se han dedicado por entero a la oración. Es lo que llamamos vida contemplativa.
Hoy es el día PRO ORÁNTIBUS, es decir, el día dedicado a los contemplativos; a los monjes y monjas que dedican sus días a orar por nosotros, a orar por los demás.

Y damos gracias a Dios por ellos, por haber permitido que estos hermanos nuestros, hayan dejado todo por Amor a Dios, y por Amor a los demás, que se demuestra con su oración.

¡Gloria al Padre! ¡Gloria al Hijo! ¡Gloria al Espíritu Santo!