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sábado, 1 de noviembre de 2025

Santos


La vida no cesa de ponernos a prueba: enfermedades, pérdidas, rupturas, conflictos, carencias… Cada uno las afronta como puede, pero es en esos momentos de dificultad donde más necesitamos la fe. Porque en los días buenos, todos podemos creer. Pero en la adversidad, la fe se vuelve más exigente, más real.

He aprendido que debemos ser buenos, sí, pero no ingenuos. Ayudar está bien, pero permitir que se aprovechen de nosotros no es amor: es egoísmo disfrazado. El amor verdadero respeta, no exige ni manipula.

La vida se complica porque nosotros la complicamos. Por muy virtuosos que nos creamos, todos caemos en el egoísmo, la envidia, la soberbia. Y aun así, seguimos intentando servir, porque sentimos que es lo correcto. Pero cuidado: si esperamos algo a cambio, si buscamos reconocimiento, entonces el ego se cuela y nos destruye.

Nos falta caridad. Caridad verdadera. Esa que no espera nada, que nace del amor puro.

Cada prueba es una oportunidad para crecer. Y si no aprendemos la lección, la vida nos la repetirá, con otros rostros, otros escenarios, pero el mismo fondo. A veces, decir “no” también es hacer lo correcto. No siempre se puede, y eso también hay que aprenderlo.

Incluso a Jesús le pidieron cosas que no hizo, porque no era el momento, porque no era la voluntad del Padre. Y eso no lo hizo menos santo. Al contrario: lo hizo obediente, sabio, firme.

Ser santos no es ser perfectos. Es aprender, caer, levantarse, y seguir caminando. Es aceptar, resistir, confiar. Es pedir discernimiento para saber cuándo actuar, qué hacer, qué dejar de hacer. Y sobre todo, ser nosotros mismos, con autenticidad.

La experiencia y los tropiezos nos enseñan. Hasta el más santo cayó. Pero lo importante siempre fue levantarse. Ahí está la clave: levantarse y esquivar la piedra la próxima vez.

Amar, pedir perdón, perdonar, hablar con asertividad. Difícil, sí. Pero no imposible.

¿Te atreves a ser santo?

Pídeselo a Dios. Porque sin Él, nada podemos. Pero con Él, todo es posible.

Aunque nunca lleguemos a los altares terrenales, que un día podamos estar en los altares celestiales.
Ese es el verdadero motivo de esta festividad.

viernes, 15 de agosto de 2025

Amor elevado al Cielo

Hay amores que no mueren.

Hay amores que no se entierran.

Hay amores que no se pudren en el sepulcro.

Hay amores que cuidan. 

Hay amores que no se explican. 

Hay amores que lloran oraciones. 

Hay amores que esperan en silencio. 

Hay amores que abrazan. 

Hay amores que acogen.

Hay amores que alimentan. 

Hay amores que sostienen. 

Hay amores que no huyen. 

Hay amores que se quedan. 

Hay amores que queman. 

Hay amores que sienten. 

Hay amores que no dudan. 

Hay amores que confían. 

Hay amores que no duelen. 

Hay amores que se celebran. 

Hay amores celestiales. 

Hay amores humildes. 

Hay amores fieles. 

Hay amores leales. 

Hay amores que escuchan. 

Hay amores que hablan. 

Hay amores que tocan. 

Hay amores de verdad. 

Hay amores que sanan el corazón. 

Hay amores que protegen. 

Hay amores que son Luz. 

Hay amores que alivian los Dolores. 

Hay amores que nos llenan de Esperanza. 

Hay amores que hay que elevar al Cielo, porque allí está su casa. 

Hay amores que son alma pura encarnada. 

Hay amores que no caben en el pecho. 

Hay amores que sólo pueden ser de una Madre.  

Hay amores que cuando los reconoces, sabes que está tocando la Gloria.

Hay amores tan sinceros que no caben en la tierra, y por eso el Cielo lo reclama.

Hay amores que son eternos... 

Hay una Madre que sólo puede dar Amor. 



15 de agosto de 2025 

75 Aniversario del Dogma de la Asunción 


sábado, 28 de junio de 2025

Corazones


Jesús:

Estoy sentado ante ti, que estás en el Sagrario. Justo encima está tu imagen mostrándonos tu corazón sangrante. Lo miro. Miro el mío, y no tiene nada que ver, no lo puedo comparar. Sin embargo, Tú, mejor que nadie, conoces cómo es, de la misma forma que sabes cómo es el de los demás.

Cada uno de nosotros te traemos nuestros agobios, problemas, preocupaciones, las gracias por lo que nos das, por los males que permites para el bien de nuestras almas. El problema es que no entendemos eso, porque nuestra mente limitada nos impide ver la razón de tantas cosas que nos pasan.

Danos la fe para creer en Ti, de descansar en ese Corazón que nos ofreces, herido y sanado por tantas traiciones, juicios, rechazos, abandono, ingratitudes... Porque si algo nos pasa y estamos sufriendo, es porque detrás viene algo mejor.

A veces pensamos que somos eternos en esta vida, pero esta vida es pasajera, demasiado pasajera para unos; lenta como el óleo sobre el lienzo, para otras.

Todo tiene su tiempo, tu tiempo perfecto. Y eso es algo que todavía no comprendemos. Queremos todo para ayer porque hoy nos parece tarde. Pero no nos damos cuenta que, a lo mejor eso que queremos no nos viene bien, como un niño que quiere comer caramelos antes de comer y sus padres se lo prohíben. Otras, nos las vas a dar, pero primero quizás, tenemos que sanar heridas, aprender cosas, avanzar... Y se nos olvida que Tú, eres también el Dios del tiempo. 

A veces lo veo claro. Otras me puede mi humanidad imperfecta y te exijo. Toda una osadía por mi parte; pero sé que en ese momento te hablo desde mi dolor, mi herida. Ahí es donde actúas Tú. Con tu abrazo, con tus indicaciones, o simplemente desde el silencio. Porque he aprendido que cuando callas, estás trabajando en algo intangible que me beneficiará. Pero yo me vuelvo más impaciente si cabe.

En ocasiones aparece tu Madre que me dice: Mírame, yo tampoco entendía nada y guardaba todas las cosas en mi corazón.

¡Cuánto no soportaría Ella, siendo Luz!... Pero con su alma llena de Esperanza.

¡Cuántas veces la envías para que pise a la serpiente cuando nos asfixia demasiado!, y no lo vemos.

Jesús, que vuestros Corazones sean nuestro refugio donde podamos descansar en momentos de debilidad y agotamiento espiritual. Qué sepamos ver en ellos el ejemplo que necesitamos en nuestras vidas.


Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

Inmaculado Corazón de María, sé la salvación del alma mía.


El Señor nos bendiga.

jueves, 19 de junio de 2025

Corpus Christi 2025

Muchas personas buscan ser amadas, comprendidas, aceptadas e incluso deseadas.

Puede que hayan encontrado a esa persona que tenga y le dé lo que ansiaban: Amor. Pero también debemos darlo a los demás. 

¿Y Dios? ¿Cómo es nuestra relación con Él? ¿Hacemos por conocerle? 

Pienso que a veces nos comportamos con Dios, de la misma forma que hacemos con los demás. 

Somos tan egoístas que sólo acudimos a Él cuando necesitamos o buscamos algo. Si nos lo concede, pensamos que era si obligación y pocas veces agradecemos, dejándole cual pañuelo de papel usado. Si no nos lo concede, ya nos olvidamos hasta que nos volvamos a encontrar agobiados. 

Y Él... espera pacientemente en su infinita humildad y bondad, por si un día queremos volver. Día tras día. 

El amor a Dios, de la misma forma que deberíamos amar a los demás y, sobre todo a aquellos que tenemos más cerca como familia directa o pareja, debe ser sincero, profundo y transformador. Porque ese tipo de amor no requiere máscaras, falsedades, autoengaños y autosabotajes. Nos obliga a mostrar nuestras vulnerabilidades, tal cómo somos, con nuestras luces y sombras. Y eso... puede resultarnos incómodo, e incluso a veces, aterrador. 

Quizás algunos hemos ido construyendo una identidad basada en el miedo, estamos continuamente protegiéndonos, y huyendo porque no queremos volver a sufrir. ¡Ay, las heridas del alma que nos destrozaron en cada momento de nuestras vidas! Y huimos, buscamos refugio en el trabajo, ocio, amigos si los hay, e incluso en relaciones superficiales que nos pueden dar momentos de alegría o placer, pero no nos llenan, solo cubren vacíos temporales. Y aun así, lo preferimos, aunque en el fondo sigamos buscando eso que anhelamos.

Buscamos aprobación, huimos del qué dirán, nos sentimos observados, nos disfrazamos ocultando nuestra esencia a los demás, seguimos encerrados tras nuestro muro infranqueable, cada uno el suyo, porque todos al final, en mayor o menor medida, tememos o hemos podido temer el rechazo o cualquier otra herida. Pensamos que es mejor continuar así a experimentar el amor de verdad.

Aprendimos en la vida a reprimir nuestras emociones más auténticas, nuestras necesidades, y van pasando los días, semanas, meses, años... la vida entera, y no nos sentimos bien, o no tan bien como desearíamos, pero nos decimos a nosotros mismos que nos compensa. Incluso nos decimos cosas como "ahora no, quizás en un futuro". ¡Cómo si aquí estuviésemos a estar eternamente! y dejamos pasar esas oportunidades que se nos presentan de amar y ser amados.

La cuestión es que tenemos que conocernos y querernos a nosotros para poder amar a los demás. Eso, estoy aprendiendo, no es egoísmo. Es admitir cómo somos, reconociendo nuestras virtudes, y aceptando nuestras carencias, intentando superarlas y mejorarlas. Nadie nos puede salvar, más que nosotros mismos con la ayuda de Dios. El amor no es encontrar una persona que nos complete, es compartir con la otra persona nuestras luces y sombras, ayudándonos y cediendo mutuamente. El amor no sólo se encuentra, también se construye día a día. No es llenar vacíos mutuos, es un crecimiento de los dos, sintiéndose libre y a la vez siendo leales. No es poseer, no es miedo a perder independencia o libertad, ni a estar solos, no es buscar ser validados. Tampoco es dependencia y mucho menos interés de ningún tipo, repito, de ningún tipo. Es eliminar las capas que hemos ido creando y que nos han impedido ser nosotros mismos. No es encontrar a la persona perfecta, es encontrar a la persona con la que puedas evolucionar y descubrirnos con paciencia, sabiendo esperar, apoyando, aportando y siempre respetando, nunca eliminando más que lo que nos perjudica.

Eso no quiere decir que todo sea bonito, también hay encontronazos, dolor, y redirección que escuece, pero todo es para nuestro crecimiento. No es una lucha constante por trasformar al otro, es aceptación, porque cada uno necesita sus tiempos, tiene libertad, y por supuesto, su forma de ser, lo que nos hace únicos.

A veces, ante distintas situaciones, no necesitamos correr, necesitamos rezar y que Dios nos dirija.

Y ahí está el centro de todo: Dios. Volvemos a Dios y comprobamos que nos comportamos con Él de la misma forma.

Sin embargo, Él nos conoce mejor que nosotros, sabe nuestro pasado, presente y futuro. Si debemos confiar en nuestra pareja, o familia, cuánto más debemos hacerlo en Dios.

Pero no, lo tenemos olvidado, huimos de Él porque nos puede pedir un compromiso que no queremos dar, lo rechazamos, lo abandonamos... pero cuando nos vemos ahogados es cuando lanzamos un grito al cielo y decimos que Él no está. Pero Él está porque es fiel, porque respeta al máximo, porque nos acompaña siempre (a pesar de que nosotros a Él, no), porque nos ama de verdad de la forma más sincera, dulce, grandiosa, paternal y fraternal que podamos imaginar.

Vivimos en la sociedad de la inmediatez y eso, de la misma manera que hacemos con las personas, sobre todo con las que amamos, le pedimos a Dios que sea con nosotros. Queremos milagros ya. Pero como no lo tratamos, no lo conocemos y, por tanto, ignoramos o se nos olvida que sus tiempos no son nuestros tiempos. Esos tiempos de Dios que se nos hacen eternos, porque las pruebas son eso, pruebas que debemos superar para seguir creciendo. 

Este domingo Él saldrá a la calle. Sí, con su Cuerpo sacramentado, pero será Él. Podemos decir que es la procesión de las procesiones. El mismo Dios estará presente, pasará delante de nosotros o, en el mejor de los casos, estaremos a su lado.

¿Estamos dispuestos a ir a su encuentro, a acompañarlo, a hablar con Él, a quererlo, a darle gracias y a pedirle ayuda o consejos? ¿Estamos dispuestos a creer en Él, o seremos tan desagradecidos como siempre? ¿Iremos de corazón con el alma puesta en su presencia, o volveremos a intentar lucirnos de forma estúpida, absurda y vacía? ¿Le daremos lo mejor de nosotros mismos, o volveremos a darle, como mucho, migajas que nos sobran? ¿Confiaremos en Él? 

Piensa que normalmente le damos menos de lo que hacemos por los demás y recibimos de ellos, que ya es bien poco. Pero luego le exigiremos.

Aprovechemos este día de tanto AMOR para que Él transforme nuestro corazón endurecido, herido, insensible y convierta nuestro lamento en baile, nuestro luto en alegría, y así podamos dar ese amor a los demás y a Él. Por que Él, es el verdadero, el único Amor entre todos los amores.


El Señor nos bendiga.

domingo, 19 de mayo de 2024

Recibe el Espíritu Santo


Ya llega el Espíritu Santo, y deberíamos estar dispuestos a recibirlo. 

En este día celebramos una de las fiestas más grandes del año, aunque algunos no podamos hacerlo en comunidad como sucedió en el Cenáculo porque desde hace años, queda olvidada por las glorias de El Rocío. Pero el Espíritu Santo, vendrá a cada uno que así se lo pida, que así lo necesite. Vendrá a todo aquel que verdaderamente tenga hambre y sed de Dios. 

Él viene cargado siempre con sus 7 dones para que los pongamos al servicio de los demás. Estos, como bien sabemos, son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Pero no podemos olvidar, que el Espíritu Santo produce también en nosotros 12 frutos que nos perfeccionan. Estos son: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad, como podemos leer en Gálatas 5, 22-23 y en el Catecismo, 1832. 

Sin embargo, aunque estemos acostumbrados a representarlo como una paloma, porque así nos lo cuenta el Nuevo Testamento en el Bautismo del Señor, también lo identificamos con los elementos de la naturaleza. 

El Fuego quema, purifica. En el campo también se queman las malas hierbas y así la tierra queda limpia y lista para dar frutos. 

Pero también da calor y nos reconforta ante el frío. Así quedamos nosotros por la acción del Espíritu Santo. 

Cuando la brisa o el viento fuerte sopla, no lo vemos, pero lo sentimos y vemos sus efectos. De la misma manera actúa en nosotros el Espíritu Santo. 

El agua limpia, nos calma la sed, y la necesitamos para vivir. Igualmente, el Espíritu Santo nos purifica desde que recibimos el agua en el bautismo o nos confesamos, nos limpia del pecado y nos devuelve a la Vida. 

Pero para ello, Cristo debe sufrir el martirio y morir en la Cruz. Por eso el mismo Jesús dice a sus discípulos: "es necesario que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá el Espíritu Santo que os consolará y ayudará". Si nos fijamos bien, el agua del costado de Cristo fluye cuando el sacrificio está consumado. Y es que el sufrimiento termina con la Resurrección y se completa con la venida del Espíritu Santo. 

Pero además, el sacrificio no se hizo simplemente porque sí, fue ofrecido por nuestra salvación, por la remisión de los pecados de toda la humanidad. 

Lo que nos cuesta, no necesariamente es valido a los ojos de Dios. Eso es un error en el que solemos caer.

Podemos esforzarnos mucho en alguna cosa en concreto pensando q así seremos recompensados, pero puede que a lo mejor estemos buscando una gloria personal, y eso, no está fecundado por el Espíritu Santo, por tanto, ese esfuerzo o ese padecimiento, no merece la pena, no habrá servido para nada.

Que nos abramos en este día tan señalado, para que el Paráclito venga con fuerza sobre nosotros y nos colme con sus bendiciones. 

El Señor nos bendiga.

lunes, 31 de octubre de 2022

Incongruencias



¿Recuerdas el miedo que pasamos con el tema de la Covid-19? Sí, Esa criatura microscópica que hacía que las personas enfermaran y que muchas murieran por su causa. Hoy prácticamente ya no nos acordamos de él y de aquella situación, sin embargo, sigue ahí.

Pues en este día, 31 de octubre de 2022, seguimos empeñados en dar culto al miedo y a la muerte, pero divirtiéndonos con ella. En efecto, muchos celebran Halloween, la mayoría desconociendo el tema, únicamente dejándose llevar por una "moda" impuesta, y se lo pasan bien dando miedo miedo a otras personas, disfrazándose de brujas, de zombis, de esqueletos que representan perdonas fallecidas...

¿Acaso no deberíamos celebrar la vida en lugar de la muerte? Nos obcecamos en las cosas malas, en hacer mal, en la muerte, como si todo acabara con ella y, sin darnos cuenta, entramos en una dinámica carnavalera de malignidad, desenfreno, hechicería y burla. Aparentemente son unos días donde hasta los niños juegan a ser druidas y muertos vivientes, todo rodeado de tinieblas, sangre, putrefacción. Pero solo es eso, apariencia. Detrás hay una simbología escondida y camuflada que nos adentra en la más profunda oscuridad de la que somos partícipes y cómplices. Suena fuerte y parece que no es para tanto pero créeme, es así.

Cristo, es la Resurrección y la Vida. A Él es al que debemos imitar y seguir su ejemplo; pero preferimos dar culto a lo satánico. Sí, a lo satánico. A pesar de que deberíamos haber tenido un escarmiento con lo mal que lo hemos pasado, se nos ha olvidado pronto, quizás demasiado, y en lugar de celebrar la alegría de las personas que han alcanzado la santidad, y de orar por aquellas que aún no lo han hecho, elegimos festejar la muerte y la brujería como algo entretenido donde gastar nuestro preciado tiempo.

No confundamos lo que conoceos actualmente por Halloween, con All hallow's eve, es decir, vísperas de todos los santos.

Y si te dieran a elegir, ¿con qué opinión te quedas? ¿El miedo a la muerte y el culto al mal, o la alegría de la resurrección?

El Señor os bendiga.

domingo, 12 de septiembre de 2021

María. El Nombre de la Reina

Existen muchas versiones sobre el origen del nombre de María. El significado por el que normalmente lo identificamos es con el vocablo hebreo Miryam, que se podría traducir como excelsa. 

Sin embargo, para celebrar este solemne día, quisera hacer alusión a un dato extraído del libro “El secreto admirable del Santísimo Rosario”, de San Luis María Grignion de Montfort, en el que cuenta que la Virgen se le apareció a Santa Matilde, portando sobre el pecho el saludo del ángel escrito en letras de oro, y le dijo: “El nombre de María, que significa Señora de la luz, indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astros brillantes, para iluminar los cielos y la tierra”.

... María, Señora de la Luz...

Muchas son las advocaciones de la Virgen, pero Ella siempre es la misma, María. Además para nosotros es nuestra Señora de la Luz; la que llevó en su seno a la Luz por excelencia, la Reina de las reinas, la más pura y bella de todas las criaturas, la que vence al demonio con su humildad, la que ilumina nuestras vidas, la que nos ama como sus hijos que somos, nuestra intercesora ante Dios; no en vano, y como reza el himno que le cantamos, le pedimos: Madre de la Luz, piedad.

Pero... ¿te has parado a pensar que Ella quiere escucharte? Habla con María. Como Madre nos quiere pero... Y nosotros como hijos, ¿la amamos? 

A veces pensamos que para ser grandes se nos tiene que ver bien, aunque estemos vacios por dentro. ¡Qué enorme error! . María es la más grande siendo la más humilde. ¿Cuando vamos a seguir su ejemplo?


viernes, 19 de marzo de 2021

La devoción a San José

 

San José y el Niño. 
Francisco Font y Pons. Principios del siglo XX
Iglesia San Mateo. Tarifa (Cádiz)

Cuando pensamos en San José ya sabemos identificar su iconografía debido a las incontables ocasiones en que hemos visto imágenes de él. Sin embargo, puede ser que no sepamos la razón de dichas representaciones y, sobre todo, cómo fue surgiendo su devoción.

Lo primero que debemos saber es que ha sido representado a lo largo de la Historia del Arte desde el paleocristiano. También es verdad que son escasas en origen y siempre estaba junto a la Virgen o el Niño, principalmente en escenas pertenecientes a la infancia de Jesús, tal y como relatan los Evangelios Canónicos de San Mateo y, especialmente, de San Lucas. Pero surgen los primeros problemas, y es que debido al polémico dogma de fe que suponía la virginidad de María para los primeros cristianos, a veces no aparecía la figura de San José en la escena, sobre todo por los más doctos en temas bíblicos, y por tanto llegó a incluso a retrasarse su papel como esposo de María, con el fin de evitar confusiones.

 Su presencia parece aumentar durante el arte bizantino, momento en que proliferan los textos apócrifos como el “Protoevangelio de Santiago” o la “Historia de José el carpintero”, en los que se cuenta parte de la vida del padre putativo de Jesús.

 En la Edad Media se va introduciendo de manera mayoritaria como un varón anciano, manera que no tuviera un papel protagonista y pudiera reforzarse el carácter virginal de María, evitando así, que personas poco formadas dudasen de ese carácter incorrupto de la Virgen. Sin embargo, teólogos medievales tan importantes como Beda el Venerable, Santo Tomás de Aquino y en particular en el siglo XI San Bernardo de Claraval defienden su persona. De todas formas, la devoción a San José es escasa hasta la difusión de la devotio moderna. Empieza a despuntar el papel de San José debido a la importancia que se le da a los episodios de la infancia de Jesús. La devoción se extiende entre las órdenes religiosas, de las que destacamos a los franciscanos con el primer Belén en Greccio de San Francisco.

 A finales de la Edad Media, durante el gótico, Jean Gerson (1363-1429), agustino francés llamado Doctor christianissimus, autor de un poema titulado “Josephina”, que tuvo gran difusión e importancia y en el que se descubrían los enormes valores que poseía la figura de San José y que hasta entonces no se habían tenido en cuenta, pone de manifiesto su papel más participativo, aunque no deja de formar parte de las escenas de la infancia de Jesús. Como consecuencia, lo empezamos a ver en momentos de la vida cotidiana preparando la comida.

 Pero llega un momento que podemos considerar un punto de inflexión en la historia, pues entre 1545 y 1563 se celebra el Concilio de Trento, que marcó el inicio de la Contrarreforma. En él se defendieron muchos aspectos de la fe católica que los protestantes negaban, como el valor sacro que tenían las reliquias. En cierto modo esto impulsó la devoción hacia San José, ya que había sido el primer hombre en tocar a Cristo. En este contexto destaca, además de los mencionados franciscanos, el papel de la Compañía de Jesús, que defendió con empeño el culto a los santos, a los que se oponían los protestantes y, de manera particular la figura a San José, dedicándole una capilla en todas las iglesias que la Orden tenía en España.

 Pero sería fray Bernardino de Laredo quien realizaría el primer escrito en castellano sobre el Patriarca. Su obra principal es la “Subida al Monte Sión” (Sevilla 1535) y junto a ella se publicó el también llamado “Josephina”; un pequeño tratado sobre las glorias y patrocinio de San José, que tanto influiría en Santa Teresa, fundadora de la Orden de los Carmelitas Descalzos, que lo convirtió en el Patrón de su Orden y le dedicó doce de los diecisiete conventos que fundó, entre ellos su primera casa, San José de Ávila. La devoción a San José se estaba consolidando con el impulso de Santa Teresa, y se empieza a ver de forma tanto individual como con el Niño, ya sea en brazos o bien caminando a su lado cogidos de la mano. Éstos serán los dos tipos iconográficos más representados a partir de ahora, junto con el de la Sagrada Familia, en los que la imagen de San José tendrá un papel protagonista.

 Si tendemos a pedir a los santos que intercedan por nosotros ante Dios, ¿cómo podíamos olvidar a San José, su padre y tutor terrenal, el esposo de María?

Silencio, obediencia y humildad, son tres características que destacamos de él.

Ni una palabra de José encontraremos en los evangelios. Fiel, obediente y siervo de Dios. Siempre en segundo o incluso tercer plano, cediendo protagonismo a Jesús y María, pero ahí estaba él, detrás, pilar fundamental en su familia.

Aprendamos de San José y pidámosles que nos ayude a ser humildes y fieles a Cristo.

 

Feliz día de San José.

El Señor nos bendiga. 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Sagrada Familia

Sagrada Familia.

Gérard Edelinck. 1704. Biblioteca Nacional de España.


Padre, Hijo y Espíritu Santo: Un solo Dios en Tres Personas.

Jesús, María y José, reflejo de la Trinidad Beatísima en la tierra: Una Familia en Tres Personas.

Los Mandamientos antes del primero dedicado a la Familia son Tres, porque el Tres es el número de la perfección. Hay que amar a Dios sobre todas las cosas, no mencionar el Nombre de Dios en vano, y santificar las fiestas, pero después de esto, lo más importante es honrar a tu padre y a tu madre. Después de Dios que debe ser lo primordial en nuestras vidas, está la Familia.

La Sagrada Familia, a quien hoy dedicamos el día, es ejemplo para nosotros de amor, humildad, obediencia, unidad… ejemplo de Familia.

La sociedad actual, con su verborrea barata, tiene totalmente devaluada a la Familia y, siendo ésta el centro neurálgico, desatendido y sin cimentación, hace que la propia sociedad se devalúe. Es la pescadilla que se muerde la cola. ¿Cuántas veces hemos dicho u oído que el mundo de hoy está muy mal? ¿No será que la Familia como tal es casi inexistente? Muchos piensan e incluso llegan a asemejar el término familia con algo antiguo o de beatos, y no contentos con eso, utilizan los vocablos en sentido despectivos.

La Familia no es cosas de viejos, no es cosa de otra época pasada. La Familia es, debe y tiene que ser actualidad constante. Independientemente del estatus social, cultura, edad… el centro del mundo radica en los padres y los hijos, con amor mutuo, respeto, obediencia, ayudas, desprendimiento, servicio, humildad… Si esto existiera en cada familia del mundo, éste sería distinto y, ni que decir tiene, que mejor.

Padres que se pelean entre sí llegando incluso a cometer asesinatos, hijos que insultan a sus padres o los mata porque “les molestan”, gritos, iras… Si esto sucede en miles de familias, ¿cómo vamos a pretender la paz universal? Si somos incapaces de tener la paz en casa, no podremos jamás conseguir algo superior. Por tanto, hemos de trabajar y cuidar lo que tenemos, porque la Familia es lo más sagrado. ¿El problema? Que no aceptamos a Dios en nuestras vidas y si lo hacemos, es de palabra y para aparentar externamente lo que no tenemos de verdad, pero no de obras. Y para que exista una Familia de verdad, con todo lo que conlleva, es imprescindible la presencia en medio de ella de Dios.

Todo tiene sentido aunque nos cueste reconocerlo. Sin Dios no podemos nada, con Él todo lo podemos. Si Dios no está con nosotros, estará el enemigo. A él le gusta crear polémica, enfados, y se alegra con nuestro pecado. En cambio Dios quiere amor, unidad, y se entristece con nuestro pecado. Por tanto, si dejamos fuera de la Familia a Dios, el que une en el Amor, nunca podremos tener esa ansiada Paz. Y si no la tenemos nosotros, no podemos llevarla a los demás. Y si no la llevamos a los demás, y los demás están como nosotros, es cuando surge el caos en el que estamos inmersos. Porque desde el origen, y podemos leerlo en las primeras palabras del libro del Génesis: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn. 1, 2). Es decir, hasta que Dios no puso orden en la Creación, todo era caos, oscuridad, y así será nuestra Familia si no dejamos que sea Dios el que ponga orden, nos una y nos traiga su Paz.

Dios envió a la tierra a su Hijo, el Rey de reyes, el más Grande, y nació en un establo. El rostro visible de Dios invisible nace de la forma más pobre y humilde, rodeado de animales y estiércol para traernos su Paz, su Amor. Y su vida será siempre de servicio y entrega por ti, por mí, por todas las personas sin excepción. Y nosotros, ¿qué hacemos? Buscamos riquezas, queremos llevar siempre la razón, nos creemos mejores que los demás…

María y José ayudaron a Jesús a ir creciendo, ellos sólo querían lo mejor para Él, y le dieron todo lo que estaba en su manos. Con ellos fue descubriendo quien era desde su parte humana, ya que Él lo sabía todo como Dios. Y así los padres hacen con nosotros, y nosotros como padres hacer con nuestros hijos. Pero nosotros como hijos debemos ser obedientes a nuestros padres, y nuestros hijos deben serlo con nosotros, pero siempre desde el amor, no se trata de imponer nuestra ley, sino de que sea Dios el que esté entre nosotros y una la relación padres-hijos, como hizo con María, José y Jesús.

En la actualidad las personas nos “estorbamos” unos a otros; y me explico. Nos hemos vuelto sumamente egoístas por la falta de amor. ¿Qué me he quedado embarazada y no me apetece ahora tener un hijo porque soy joven y tengo que “vivir la vida”? Pues mato al bebé, le quito la vida a él, y lo camuflo con la palabra aborto o lo que es peor, interrupción del embarazo. ¿Qué tengo un familiar con una enfermedad o es disminuido físico, necesita tiempo para atenderlo y me lo tengo que quitar de mi disfrute personal? Pues lo mato, le quito la vida a él y lo camuflo con el vocablo eutanasia, porque “se merece una muerte digna”. Jesús y María acompañaron a San José cuidándolo y atendiéndolo, hasta que Dios se lo llevó. María veía cómo su Hijo sufrió la pasión y muerte, y estuvo a su lado acompañándolo hasta el final. ¿Quiénes somos nosotros para privar de la vida a nuestros familiares? Quizás algún día nos maten porque nosotros seamos los que “molestamos”. ¿Qué poder tenemos nosotros para no llevar a cabo el plan de salvación de Dios? Las cosas pasan por un fin que no sabemos ni entendemos, pero vienen de Dios y por tanto, debemos fiarnos de nuestro Padre porque será lo mejor y lo más perfecto que nos pueda pasar. No es fácil, pero en el esfuerzo es donde nos fortalecemos todos, en eso cosiste la unidad fraternal.

Ojalá nos dejemos llevar del modelo por excelencia que nos dio y sigue dando la Sagrada Familia, y lo sepamos llevar a la práctica como padres y como hijos.

El Señor nos bendiga.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Jesucristo. Rey del Universo


 Hoy celebramos una fiesta, quizás, difícil de entender; y con ella cerramos un año litúrgico ya que el domingo que viene iniciaremos el Adviento y, por tanto, un nuevo ciclo, un nuevo año.

Jesucristo, Rey del universo…

Durante una Consagración Eucarística pude acercarme a entender vagamente en mi pequeñez humana,  aquello que dijo Jesús a Pilato, que estamos ahítos de escuchar, pero no prestamos la atención suficiente: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). Mirarme con los ojos del alma y hacerlo a mi alrededor y ver claramente que somos verdaderamente indignos hasta de hablar con Dios. Todos los pecadores reunidos, pecando incluso en el momento en que Cristo se hace presente en el Pan, y Él, el Rey, se humilla una y otra vez, y otra, y otra… y se ofrece en sacrificio por nosotros. Él, la perfección perfecta, Dios. Y veo nuestra soberbia, nuestra prepotencia, nuestros lujos, nuestro poder mundano absurdo e inválido ante el Rey. Y Cristo, viene a crucificarse para darnos otra oportunidad y regalarnos la salvación. Manos, bocas, cabezas y corazones pecadores, hacedores de mal que consagran y que recibimos su Cuerpo Santísimo.

Jesucristo, Rey del universo…

Su Reino no es de este mundo. Su reino no es de soberbios, ni envidiosos, ni asesinos de armas ni de lenguas. Su Reino es de Humildad, de Amor, de Misericordia. Si no fuera por Él, por la delicadeza y paciencia que tiene con nosotros, estaríamos desde ya ardiendo en el infierno para siempre. Pero Él viene a sanar nuestras almas, a salvarnos del abismo de las tinieblas. “A pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres” (Fil. 2, 6 – 7).

Jesucristo, Rey del universo…

¿Cuántas veces hemos oído que el Reino lo empezamos a construimos aquí? En efecto. Hemos de dejar de pensar como seres de este mundo, en la medida de nuestras posibilidades. El Reino no es un palacio infinito donde estaremos de banquete eterno. El Reino es Amor, y en este mundo es donde tenemos que comenzar a amar de verdad, a ser humildes, a dejar los lujos materiales de lado que no nos llevan a ningún sitio. Ni los faraones llevaron sus tesoros a la vida eterna, quedaron en esta vida material, donde abunda el pecado y las jugosas y atractivas propuestas de Satanás que, lejos de hacernos bien, nos alejan del Rey de reyes.

Jesucristo, Rey del universo…

El único Rey verdadero. El que rechazó su corona de oro y piedras preciosas por unas espinas que se le clavan en su Santísima cabeza. El que rechazó su trono dorado y mullido a cambio de un frío y duro madero donde es clavado su Sacratísimo Cuerpo con los brazos abiertos para acogernos SIEMPRE que queramos. El que rechazó un cetro, símbolo de autoridad, a cambio de una caña que sirve para burla nuestra de su Divina Persona. El que rechazó la espada del poder imperial por unos clavos y una lanzada en su costado, del que manará su Preciosísima Sangre.

Jesucristo, Rey del universo…

El Evangelio de hoy nos pone las claves para seguir el camino correcto, y más que nunca en estos tiempos difíciles que el mundo entero está padeciendo. Sí, Cristo se humilla y quiere que nos humillemos y tratemos a los demás con verdadero Amor. Es difícil, no somos perfectos ni dioses, pero Él está a nuestro lado todos los días hasta el fin del mundo, para ayudarnos a conseguirlo. Él es consciente de nuestra debilidad desde antes de crearnos; contaba con ello, Él es el único que no se sorprende ni se escandaliza de nuestros vergonzosos actos.  Y no debemos olvidar algo que nos recuerda Jesús al final de su Palabra en este día, y es que el infierno existe, pero lo mejor de todo, es que el cielo también, y Él está deseando hacernos partícipes de su Reino. Si la queremos, es nuestra heredad, porque por su Pasión, Muerte y Resurrección, nos ha abierto las Puertas.

Jesucristo, Rey del universo…

Verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor, paz. Este es el Reino de Cristo. ¿A qué esperamos entonces para seguir construyéndolo y participar de él?

El Señor nos bendiga.

sábado, 25 de julio de 2020

El Apóstol Santiago


Santiago Matamoros.
Alfonso Martínez (atribución). 1642.
Iglesia de San Mateo. Tarifa (Cádiz)

Hoy celebramos la festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España. Felicidades a todos los gallegos, pues hoy  también se celebra el día de Galicia.

Según una tradición medieval, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal).

Además de en los Evangelios, es mencionado en el libro de los Hechos de los apóstoles:

Por aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos de la iglesia. Ordenó matar a filo de espada a Santiago, el hermano de Juan; y como vio que esto había agradado a los judíos, hizo arrestar también a Pedro. (Hch. 12,1-3)

Como curiosidad: La tumba del Apóstol.

Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Pelayo comunica al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia, que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Van al lugar e identifican una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. El rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima de aquel lugar.

La palabra Compostela proviene de “campus stellae”, es decir, campo de las estrellas, debido a las luces que bailoteaban sobre el cementerio. Otra versión que, quizás es menos atrayente, pero puede que más fiable, es que la palabra cementerio (compositum), sea el verdadero origen de Santiago de Compostela: Santo Jacob delcompositum. Sea como fuere, el descubrimiento de aquella tumba, dicen que de mármol romano, será el germen que diera lugar a la primera catedral de Santiago y al inicio de las peregrinaciones a este santo lugar.

Muchas son las historias y leyendas que giran en torno al Señor Santiago, entre las que destacamos la Batalla en Clavijo, donde por mediación del Apóstol, los cristianos vencen a los musulmanes, y de esta efeméride surge la iconografía conocida como Santiago matamoros, como la que vemos en la ilustración.

Que, como el Apóstol Santiago, seamos auténticos discípulos de Cristo y sigamos el encargo que Él nos encomendó: Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia.

El Señor nos bendiga.


sábado, 7 de diciembre de 2019

Inmaculada

8 de diciembre. Festividad de la Inmaculada Concepción de María, nuestra Madre. Patrona de España.

Muchos siguen creyendo que la Inmaculada Concepción quiere decir que Jesús nació de María y ella permaneció virgen siempre. Sin embargo, hay que recordar que el dogma que celebramos hace referencia a la pureza de María desde su concepción, es decir, desde que fue concebida en el seno de su madre Santa Ana, Ella no tuvo jamás mancha alguna, quedó exenta del pecado original, no en vano, Dios tuvo ese privilegio porque iba a ser su Madre. Es lógico pensar esto, ya que María sería el primer y Divino Sagrario. Decía San Anselmo: «La Madre de Dios debía brillar con pureza tal, cual no es posible imaginar mayor fuera de la de Dios».

Si Cristo es el nuevo Adán -como nos dice San Pablo- María es la nueva Eva. Si Eva fue la primera mujer que cometió pecado, María es la primera y única que nunca lo tuvo. Eva fue desobediente, y María siempre obedece al Señor, es su esclava y la que le dijo SÍ. María, la llena de gracia de Dios. 

El Papa Pio IX proclamaba el 8 de diciembre de 1854 el dogma de la Inmaculada Concepción: «La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles».

No dejemos de acudir a nuestra Madre celestial, nuestra querida María, la Inmaculada Concepción, Ella nos ayuda siempre e intercede por todos sus hijos. Sigamos su ejemplo de humildad y lucha contra las tentaciones. Acudamos a Ella siempre, pues el maligno huye en su presencia, no soporta que una "simple" persona, sea superior a él. 

Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.

El Señor nos bendiga.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Cristo. Rey de reyes.


Celebramos el último domingo del año litúrgico y lo dedicamos a Cristo Rey. La Iglesia quiere que le veamos en el triunfo, como aquel en que en Él todo es pleno.  Pero hay algo que nos puede llamar la atención: ¿El triunfo de Jesús en la cruz?; solo, abandonado por sus amigos, sufriendo  los dolores que jamás sintió ningún hombre, agonizando, soportando las burlas de los soldados y personas presentes, contemplando a duras penas a su Madre a sus pies viéndolo morir… Este tipo de realeza no es a la que estamos acostumbrados; no vemos  riquezas, ni protocolos, ni lujos, ni sirvientes. No vemos armas, ni guardaespaldas,  ni ejército que lo proteja. Muere completamente desnudo clavado en un madero. ¿De verdad es el triunfo de Cristo? Cristo no se limitó a sobrellevar nuestros pecados sino que también los “destruyó”, los eliminó. Cristo venció a la muerte y al pecado. Ese es el triunfo de Cristo, no se trataba de quedar por encima de nadie a nuestros ojos, Jesús es humilde y su victoria es distinta a la que podríamos suponer desde nuestro humano entender.

Cristo es un rey al que le faltan todas estas cuestiones materiales. Sin embargo posee el mayor poder que podamos imaginar. No es su corona, que no es de oro sino de Espinas. No es su trono, que no es un sillón lujoso, sino una Cruz. No son sus ropajes, que no son de seda y armiño, sino su Preciosa Sangre. No es un ejército de soldados preparados para matar, sino una corte de Ángeles… No. Su inmenso poder lo manifestó en su vida hasta el último momento. Es el AMOR  demostrado en su humildad, perdón, paciencia, mansedumbre, silencio, oración… ¡Qué mayor prueba de amor que morir para abrirnos la salvación a todos nosotros, a los que vivieron desde los inicios del mundo, y hasta los que vivan hasta el último día! Con su muerte, Él nos liberó. ¿Crees esto, o simplemente lo sabes por rutina? Piénsalo, medítalo. No es una cosa más que aprendemos desde pequeños, es el Rey, tu Rey, mi Rey, que ha querido entregarse derramando hasta la última gota de su sangre, para que podamos estar con Él en la Vida. Vino a salvarnos a todos, que somos pecadores. Lo que prometió al buen ladrón (Hoy estarás conmigo en el Paraíso), nos lo prometió a todas las personas de todas las generaciones. Sí, estaremos con Él en el Paraíso cuando nos llegue el momento, si la aceptamos; porque recuerda lo que dice San Agustín: “Hay tres hombres en la cruz: uno que da la salvación, otro que la recibe, un tercero que la desprecia. Para los tres la pena es la misma, pero todos mueren por  causa distinta”.

Su reino no es de este mundo, porque este mundo puro que nos regaló, lo hemos corrompido con nuestro pecado, con nuestros pensamientos materialistas. Su reino es el Reino de Dios, el Reino del Amor por excelencia. No nos queremos dar cuenta, precisamente porque el mundo nos arrastra, que los mayores valores no son los materiales, sino los espirituales. Ya nos lo advirtió: “Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban” (Mt. 6, 20).

Por eso deja que Cristo sea el Rey de tu vida, déjate guiar por Él que es el que da la Vida. Ámalo más que a nadie y nada en este mundo, que sea tu principio y tu fin. Y cuando llegue tu hora, acepta su salvación. Aprovechemos este día de Cristo Rey para volver a Él, que espera de nosotros nuestro arrepentimiento, humildad y confianza.

Que sepamos ver todo esto con la ayuda de Su Madre, que Ella sea siempre nuestra Esperanza, y pese a que caigamos una, dos o tres veces, como cayó su Hijo, tengamos la fuerza para levantarnos como hizo Él, y lleguemos a fundirnos en un eterno abrazo con el Rey, el Amor de los amores.

El Señor, que es el Rey de reyes, nos bendiga.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Noviembre de ánimas

Cuadro de Ánimas. Anónimo. 1635.
Iglesia Mayor de San Mateo. Tarifa (Cádiz)

Iniciamos noviembre, mes que la Iglesia dedica a las benditas ánimas del purgatorio. Unos días que abren con la gran fiesta de todos los santos.

¿A quiénes nos referimos cuando hablamos de todos los santos? Son aquellas personas que partieron de este mundo y que, pese a que la Iglesia no los ha reconocido como tales, es decir, que no están en los altares, Dios sí y los tiene gozando ya de su presencia. Quizás hayas conocido a alguno de ellos, puesto que puede ser un amigo, abuelo, padre, hermano… Pueden haber accedido directamente a la Gloria, o puede que hayan tenido que pasar por el purgatorio.

Precisamente el día 2, lo dedicamos especialmente a rezar por todos aquellos que se encuentran purgando sus penas antes de pasar al Paraíso.

Sabemos que no es un lugar físico, pese a que, para que nos hagamos una idea, lo representemos a lo largo de la historia del arte como tal. Es un estado espiritual en el que, sabiendo que verán a Dios, tienen que sufrir aún su ausencia. Estas almas necesitan de nuestras oraciones, de nuestra ayuda, para que el sufrimiento sea menor y más corto (en nuestro tiempo).

Es necesario que el alma se purifique del todo antes de entrar en la visión de Dios. Como dice el libro del Apocalipsis, en el Cielo «jamás entrará en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino sólo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Ap. 21, 27), es decir, el alma debe estar completamente limpia, pura, para poder ver a Dios. Somos pecadores e imperfectos, Dios nos da esa oportunidad, sin embargo, en función de nuestra culpa y, por tanto, la pena que conlleva, debe ser eliminada en su totalidad.

Muchas veces oramos unos por otros suplicando a Dios, por ejemplo, la sanación de un enfermo. De la misma manera, debemos orar por las almas que penan sus culpas en el purgatorio. Ellas, lo harán después por nosotros cuando estemos en su estado de angustia, de dolor por tener que esperar para estar al lado de Dios. Pero nos queda la Esperanza de que, pasado ese estado, gozaremos de su presencia, del Amor por excelencia. No así en el infierno, donde el sufrimiento es eterno, sin fin, porque de él no se sale.

Estos días previos, los cementerios están llenos de gente que van a limpiar lápidas, poner flores, con el fin de que el día 2 esté todo perfecto. Sin embargo, da la sensación que el resto del año nos olvidamos de los que ya no están físicamente entre nosotros, de orar por ellos.

Cuidemos pues nuestras almas, y aprovechemos este mes de forma especial, para orar por todos los difuntos, pues no sabemos quiénes están en el purgatorio. Y demos gracias a Dios por todos los santos, que desde el Cielo ya, interceden por nosotros ante Dios.

El Señor nos bendiga.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Santos Ángeles Custodios



Hacía tiempo que no escribía por aquí. ¿Quién sabe? Creo ha sido idea de mi Ángel Custodio.

A veces hablamos del Ángel de la Guarda como algo que nos enseñaron de pequeño, un cuento para niños. Pero nada más lejos. ¿Crees en él? ¿Sientes su presencia a tu lado? ¿Conversas con él?

A veces se nos pueden"venir" pensamientos a la cabeza repentinos: Me voy a ofrecer para ayudar a tal cosa, voy a pedir perdón a esta persona, voy a enviar un WhatsApp a esta otra a ver qué tal está, voy a adelantar esto en el trabajo y así los compañeros se lo encuentran hecho, en lugar de dar una mala contestación voy a contar hasta diez o hasta mil si es necesario... Y así, infinidad de momentos en nuestra vida que hacemos cosas porque se "nos ocurrió".

¿Te has parado a pensar alguna vez que es tu Ángel Custodio que te está ayudando o aconsejando?

Él ha sido puesto por Dios a tu lado para que te guíe por el buen camino. Habla con él, escucha lo que te dice, abre todos tus sentidos y encontrarás lo que buscas donde menos lo esperas. No tienes que oir su voz, lo que esperas recibir de él aparecerá. No digas: "qué casualidad que estaba pensando en cómo solucionar esto, y aparece un amigo y me da la respuesta". ¿No ves que es tu Ángel?

Que hoy, en su día, sepamos dedicarle un rato a nuestro compañero de viaje. Nos acercará poco a poco más a Dios.

Que el Señor nos lo haga ver.



Dios os bendiga.

domingo, 28 de mayo de 2017

EvangelizArte: La Ascensión del Señor.

La Ascensión del Señor (1305).  Giotto di Bondone. Capilla de los Scrovegni. Padua, Italia.

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor; una de las más grandes del año para un cristiano.

Después de resucitar, Jesús se queda cuarenta días entre sus discípulos. Y digo bien, pues no se rodeará de multitudes como lo hacía antes de sufrir su Pasión y Muerte, sino que se aparecerá a sus más allegados consolándolos, dándoles instrucciones, arropándolos, paseando y comiendo con ellos...
Jesús también les advierte (y a nosotros a través de ellos) que debe subir al Padre para que venga el Paráclito. Y eso es lo que celebramos hoy: La subida al Padre, su Gloriosa Ascensión. Pero ¡atentos!, no podemos confundir la Ascensión con la Asunción. En la Ascensión, Cristo sube sólo al Cielo. Él es Dios. En la Asunción, la Virgen es elevada al Cielo.

Para interpretar esta obra, tenemos que fijarnos en las lecturas del día:

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles (He 1,1-11), leemos al final "lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista. Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo»". Ahora visualizamos el fresco y comprobamos que, efectivamente, el Señor asciende y desde la tierra, los discípulos ven una nube que oculta a Jesús. Por otro lado, en el centro existen dos ángeles vestidos de blanco, señalando hacia arriba con sus dedos índices. Esos son los dos hombres de blanco al que hace referencia el texto bíblico.

Pero vemos que a derecha e izquierda del Señor, existen santos que lo aclaman y alaban en su Ascensión. Esto podemos leerlo en el salmo 47, que dice así: 

"Pueblos todos, batid palmas, 
aclamad al Señor con gritos de alegría,
porque el Señor, el altísimo, es terrible, 
un gran rey sobre toda la tierra. 

Dios sube entre aclamaciones, 
el Señor, al son de trompetas. 

Cantad a Dios, cantad; 
cantad a nuestro rey, cantad; 
porque el rey de toda la tierra es Dios, 
cantadle un buen cántico. 

Dios reina sobre las naciones, 
Dios se sienta en su trono sacrosanto."

En el relato no aparece la Virgen, sin embargo Giotto debió suponer, y con razón, que María, su Madre, estaría allí en el momento de su despedida. Es lo más normal del mundo. ¿Qué buen hijo se va sin despedirse de su madre? 

Por último, del Evangelio (Mt 28, 16-20) podemos leer: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Quiero quedarme con la promesa y la tranquilidad que nos da saber, que Jesús está con nosotros para todo, en cualquier momento. Nos deja una tarea, la de evangelizar. Pero también nos dice que está a nuestro lado. ¿No es esto una garantía? ¿No nos ayuda a confiar más en Él? ¿Estamos cumpliendo con la misión evangelizadora que nos ha encomendado? 

Recapacitemos y aprovechemos para pedir al Espíritu Santo que venga y nos ilumine en lo que necesitamos. Cada uno tendrá sus preocupaciones, sus problemas, su rutina, sus enfermedades, sus ataduras, sus faltas... 

Desde ya, y esperando con ansias el domingo que viene, le decimos con fuerza, desde lo más profundo del alma: ¡¡VEN, ESPÍRITU SANTO, TE NECESITAMOS!!

domingo, 29 de mayo de 2016

Corpus Christi

Celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, fiesta en la que reconocemos, de forma especial, que Jesucristo está realmente en la Eucaristía.
Jesús Sacramentado, un año más quiere salir al encuentro con nosotros. El único que es digno de la Gloria y el Honor. El Dios que se humilla. El Dios que se hace hombre para estar a nuestra "altura". El Dios que es la MISERICORDIA por excelencia. El Dios que quiere que seamos misericordiosos con los demás. El Dios que quiere que creamos en Él para salvarnos. El Dios que está deseando ayudarnos. El Dios del que habla la Biblia. Ese Dios que parece algo de los tiempos antiguos, no lo es, y hoy quiere, de nuevo,  recordarnos que está siempre a nuestro lado, día a día, segundo a segundo. Hoy quiere bendecirte, sanarte, ayudarte... ¿te vas a dejar hacer por Él?

Hoy es un día en el que quiero agradecer a Dios por el regalo que nos dio al dejarnos sacerdotes. Sin ellos no tendríamos el milagro de Cristo hecho Eucaristía. Esos sacerdotes que, lo primero son hombres, humanos, por tanto, imperfectos, como tú y como yo. Esos sacerdotes que tanto criticamos porque no hacen lo que nosotros consideramos correcto, o simplemente, lo que queremos. Esos sacerdotes que a los que les hacemos la vida imposible con nuestra lengua asesina. ¿Se nos ocurre alguna vez ayudarlos? ¿Rezamos por ellos? ¿Somos tan soberbios que somos incapaces de no perdonar cualquier fallo que tiene otra persona? ¿Donde está nuestro amor? ¿Es solo una "buena cara" ante los demás para que digan lo "buenos" que somos? Todos, absolutamente todos, somos culpables de esta falta de amor para con los demás. Quiero acordarme especialmente, y a nivel personal, de cuatro sacerdotes por los que siento un gran cariño. Rezo por ellos y, te invito, a ti que estás leyendo esto, sea el día que sea, que reces por algún sacerdote. No te vayas muy lejos, con que lo hagas por tu párroco bastará. Recuerda, él te trae a Cristo todos los días del año. Cristo lo eligió, entre otras cosas, para eso. ¿No crees que es razón más que suficiente para que le pidamos a Dios que lo ayude? Aunque solo sea por egoísmo, porque nos interesa que nos acerque a Dios realmente.

Muchas veces hacemos daño, sin querer y otras queriendo, a otras personas con solo una palabra o un comentario, un pensamiento, un gesto... Tenemos que saber reconocerlo, pedir perdón, y tener propósito de no volver hacerlo. Sin embargo, a veces nos podemos sentir como el hijo pródigo, es decir, indignos del perdón, sentimos que no nos merecemos ser hijos de Dios. Y es cuando viene, nos abraza, nos dice que no pasa nada, incluso nos hace regalos. Lo cuento como testimonio personal, como experiencia propia. Dios es MARAVILLOSO.

Un día como hoy, queremos sacar imágenes a la calle para acompañar al Santísimo. Queremos engrandecer esta fiesta. O mejor dicho, en lugar de afirmar, lo preguntaré: ¿queremos engrandecer esta fiesta? o ¿queremos engrandecernos nosotros? Incongruentes, eso es lo que somos. Si no nos aguantamos entre nosotros mismos. Si solo queremos lucirnos y que nuestro nombre quede para la posteridad. Si hablamos mal de los demás levantando falsos testimonios o escandalizando... ¿de qué nos sirve sacar tantas imágenes si ni siquiera somos conscientes de que Cristo está en la Custodia?

Aprovechemos todos este Año de la Misericordia. Dios nos da una nueva oportunidad. Él quiere que te reconcilies con los demás, que vuelvas a Él que te espera con los brazos abiertos. Él solo quiere lo mejor para ti y para mí. Perdona. Ama. Cree. Adóralo. Alábalo.


Os deseo lo mejor en este día. Que el Señor os bendiga.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¡¡INOCENTE!!


Día de los santos Inocentes.

Normalmente, dedicamos este día a gastar bromas, dar noticias falsas... aprovechando expresiones que decimos del tipo: “¡pobre, que inocente es!. En este caso, inocente viene a ser sinónimo de “no tiene maldad”, o “se lo cree todo”, o “tonto”. Todo, claro está, en el sentido “cariñoso” de la palabra.

El caso es que, se va perdiendo el verdadero significado de las cosas, y hoy, no es la excepción.

Vayamos al Evangelio y leamos: “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, mpntó en cólera, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos” (Mt 2,16)

Hoy, más que un día de bromas pequeñas (o pesadas), deberíamos rezar, especialmente, por aquellas personas que murieron de esa forma, es decir, siendo inocentes.

Ejemplo de ellos lo tenemos en los que fallecen en la cárcel cumpliendo penas equivocadas, pues eran inocentes; los que fueron asesinados, víctimas, por tanto, del terrorismo; los que fallecen en accidente de tráfico por culpa de la imprudencia de otros; y no podemos olvidar en este día, a los niños que son abortados sin causa natural alguna, ellos son los más inocentes de todos.

Dicho esto, que nuestra oración hoy, vaya por ellos y por sus familiares.

Que el Señor os bendiga.

jueves, 17 de diciembre de 2015

ESPERANZA



AVE MARÍA. GRATIA PLENA
Con estas palabras saludó Gabriel a María. Hoy nos puede parecer ya normal, o incluso rutinario. Pero si te pasara a ti, ¿qué harías?, ¿qué pensarías?, ¿qué le dirías?

La FE es lo que hizo a María decir lo que dijo y, sobretodo, actuar como actuó.
María, una joven de pueblo, casi analfabeta, pobre... sería la Reina y Señora de todo lo creado. La Madre de Dios. Tan humilde, y sin embargo, Él se fijó en Ella entre todas sus criaturas. Por eso fue la elegida. Ya lo dijo Ella misma en el Magnificat: [...] porque ha mirado la humillación de su esclava. [...] enaltece a los humildes (Lc.1, 46-55)

En la Encarnación, María acepta ser la Madre de Dios. No iba a ser fácil, pero asume las consecuencias. Se le venían encima multitud de episodios en su vida: el primero es dar a Luz a Hijo en un establo. ¡Qué pena para una madre! ¡Cuánto más para que nazca el mismo Dios! Pero luego vendrán otros, como huir a Egipto, la pérdida de su Hijo en el templo, despedirse de Él cuando empezó su “vida pública”, encontrarse con su Hijo cuando cargaba con aquel madero, verlo morir colgado de ese madero que llevaba, tenerlo en sus brazos sin vida... y otro tanto que seguro vivió, pero que no sabemos. Por eso Ella guardaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (Lc. 2, 19)
Si por Adán vino el pecado, por su desobediencia; por Cristo vendrá la Salvación, por su obediencia. Cristo es el nuevo Adán. De igual manera, si Eva cree y obedece a la serpiente (demonio, ángel caído); María creerá y obedecerá a Gabriel (ángel de Dios). No es de extrañar (aunque sólo sea a modo de curiosidad) que el saludo del ángel sea lo contrario a Eva, es decir, Ave.

María, la criatura humana que ha tenido más fe. Según san Agustín, Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y luego en su vientre. Todo es fe y confianza en Dios. María es el ejemplo de ejemplos para nosotros. Dicho así, parece sencillo, pero ¡qué difícil nos resulta!. Nuestra fe es pobre, a veces inexistente.
María, como Madre que sería de Él, es la primera que lo espera. Espera con alegría la revelación del Hijo de Dios. Eso es el Adviento. ¿Lo vivimos nosotros así? ¿Sabemos lo que Dios quiere revelarnos?

Todos los años oímos cosas como: “Dios quiere venir a nuestros corazones”. “Que el Niño que va a nacer habite en nosotros”... Pero ¿somos conscientes de lo que decimos, leemos o escuchamos?
Acudamos a María, que es ESPERANZA. Ella espera en Él. Nosotros como Israel, debemos esperar en Él. Como decía antes, la Virgen es el ejemplo de ejemplos. Ella, como primer Adviento, puede enseñarnos mucho, puede enseñarnos todo. En este día tan especial para Ella, hagamos por acompañarla, pero aprovechemos también para preguntarle.

Madre, ¿cómo tenemos que esperar a tu Hijo? ¿cómo debe ser nuestra Esperanza? ¿cómo debe ser nuestro Adviento?


Santa María, Esperanza y Reina nuestra, ruega por nosotros.