Mostrando entradas con la etiqueta Dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dolor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de octubre de 2025

En mi Getsemaní


Dios me libre con compararme con Cristo, y no es falsa modestia, es verdad. Y no es algo exclusivo mío, seguro que a ti te pasa lo mismo.

Hay veces que siento que Dios me pide estar al lado de quien necesita un apoyo.

Otras pienso, quizás erróneamente, que tengo que estar y quiero estar, a pesar de la distancia.

Porque todos necesitamos de todos, y uno percibe la carencia y la falta de amor, un amor que, por otra parte, tengo necesidad de dar a otros, puede que a mi forma, pero no sé otra manera de estar, al menos, hasta la fecha.

E intento estar, y saco tiempo para el que necesita,  más aún, si quiero a esa persona.

No me pesa sostener, pero a veces lo de los demás y lo mío propio, se convierte en un lastre denso. Esto hace que también requiera a alguien que me ayude a cargar, o liberar lo que no sirve.

Ahí me entra la duda. ¿Hago bien en estar para otros? ¿Por qué cuando yo los necesito nunca hay nadie? No pido que me entiendan, digo que me sostengan los brazos un rato para que cojan fuerza de nuevo, y pueda continuar. Pero no.

Y pienso en Jesús en Getsemaní. Necesitaba que sus amigos le ayudaran a sostenerse con la oración, y sin embargo, dormían.

¿Me pasará algo similar? ¿Todos duermen cuando los necesito? Seguramente no serán las personas adecuadas, o sí, pero, ¿dónde están?

Dios es el único que se queda siempre. En silencio, aparentemente ausente. Como en Getsemaní. Y... qué difícil es. La fe es importante, pero no se compra en el supermercado de la esquina. Hay que trabajarla, fortalecerla, orar, confiar y esperar.

Algo tan sencillo como una llamada, un abrazo, un sentir que hay alguien al otro lado. No pedimos tanto y, parece que estamos pidiendo que nos bajen el sol.

La oración conforta y mi error está en querer esforzarme por estar en este mundo, porque necesito o me gustaría una autenticidad cercana. Pero hoy, nadie parece querer de verdad. El egoísmo se apoderó del mundo. Te usan y te tiran al suelo. No hay amor, no hay compromiso, no hay verdad, no hay cercanía, no hay unión.

"Ama a tu prójimo como a ti mismo". Y nos quedamos con el "a mí mismo". Una moda impuesta desde el mal, porque va en contra de lo que Dios nos pide.

Cuatro valores que para mi manera de entender, son fundamentales y, sin embargo, faltan en cantidades industriales son: Amor, Lealtad, Respeto, Confianza.

¿Qué opinas?

No debo ser, o mejor dicho, no termino de identificarme con este mundo frío, distante, ausente, enmascarado, veloz, donde todos huyen...


domingo, 28 de septiembre de 2025

No quiero que te vayas


Llegaste con la alegría del reencuentro: Tu gente, tu familia...tus hijos. 

Pero hoy regresabas, y mi corazón lacrimoso sólo te repetía: "No quiero que te vayas". 

Ya. Lo sé. Quizás sea egoísta, pero cuando se quiere de verdad, la despedida siempre cuesta. Aunque sea un "hasta mañana". Es necesaria, es ley de vida, hay que seguir, pero cuesta. 

No sé la razón, o tal vez sí, pero hoy ha sido distinto. Hoy todo se ha rodeado para que sucediera así. 

"No quiero que te vayas", pero el cielo tarifeño tampoco lo deseaba. Y lo vimos en las lagrimas que brotaban de sus nubes.

Hoy ha sido más difícil que otras veces. Hoy, de nuevo, te has llevado un trocito nuestro contigo, y eso duele. Duele porque sientes el tirón interno de esa parte adherida y pegajosa que se resiste a salir, y que nos arrancas porque es conveniente. Pero sí. Duele. 

Hay días con despedidas cargadas de emociones. Se me vinieron a la mente imágenes de funerales como el de Rocío Jurado, Juan Carlos Aragón, Diana de Gales, Papa Juan Pablo II... Donde hay tristeza, pero también agradecimiento y cariño expresado en forma de aplauso. 

¿Sabes? Esa forma de irte hoy me hizo sentir algo similar. 

El cielo quiso que entraras en un camión para proteger tu preciosa imagen, mientras tus hijos aplaudían el emotivo momento. 

¡Ay, Luz bendita! ¡Qué solos nos dejas! Sigues ahí, pero algo se apaga o deja de brillar. Faltas Tú. Así de simple. 

Y es que...

En la soledad de mi alma, eres la calma. 

En la tristeza mas fría, eres mi alegría. 

En mi ansiedad, eres piedad. 

En mis miedos... en mis miedos eres el amor que me abraza, acoge, arrulla y enternece el corazón endurecido por las situaciones diarias. 

"No quiero que te vayas", te repetía mirándote a los ojos. Tú me respondías que tenías que irte, que fuese fuerte y sin embargo, que desgarradora despedida. Que pena tan honda.

Dicen que lo que no se habla, se llora. 

No hubo palabras, ni lágrimas que aliviaran tu partida. Porque sentía, literalmente, que la Madre de Tarifa se estaba yendo...

Lo sé. De la misma forma que, cuando se marcha de este mundo un ser querido, y creemos y sabemos por fe, que está en la Gloria, así iremos a verte. Porque tu santuario, es la Gloria para un tarifeño. Es ese trocito de Cielo en la tierra, donde nos esperas siempre. 

¡Luz, Señora, más Luz! 

Más Luz para este mundo falto de amor y de sentido. 

En la Gloria nos esperas

Desde la Gloria nos alumbras

Luz y Esperanza nuestra: No nos sueltes nunca, que nos perdemos en la oscuridad. 

Y tras unos días de peticiones en tu presencia, permíteme terminar con un agradecimiento. 

GRACIAS, Madre. 

GRACIAS por las cosas buenas, por las no tan buenas, por las que duelen, pero fortalecen. 

GRACIAS por tu protección constante. 

GRACIAS por lo que no entiendo: algo bueno habrá detrás. 

GRACIAS por presentarnos cada día a Jesús y ante Jesús. 

GRACIAS por tu AMOR. 

GRACIAS por ser nuestra Esperanza. 

GRACIAS, por ser nuestra Luz. 


Siempre nos deja su Luz