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domingo, 22 de noviembre de 2020

Jesucristo. Rey del Universo


 Hoy celebramos una fiesta, quizás, difícil de entender; y con ella cerramos un año litúrgico ya que el domingo que viene iniciaremos el Adviento y, por tanto, un nuevo ciclo, un nuevo año.

Jesucristo, Rey del universo…

Durante una Consagración Eucarística pude acercarme a entender vagamente en mi pequeñez humana,  aquello que dijo Jesús a Pilato, que estamos ahítos de escuchar, pero no prestamos la atención suficiente: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). Mirarme con los ojos del alma y hacerlo a mi alrededor y ver claramente que somos verdaderamente indignos hasta de hablar con Dios. Todos los pecadores reunidos, pecando incluso en el momento en que Cristo se hace presente en el Pan, y Él, el Rey, se humilla una y otra vez, y otra, y otra… y se ofrece en sacrificio por nosotros. Él, la perfección perfecta, Dios. Y veo nuestra soberbia, nuestra prepotencia, nuestros lujos, nuestro poder mundano absurdo e inválido ante el Rey. Y Cristo, viene a crucificarse para darnos otra oportunidad y regalarnos la salvación. Manos, bocas, cabezas y corazones pecadores, hacedores de mal que consagran y que recibimos su Cuerpo Santísimo.

Jesucristo, Rey del universo…

Su Reino no es de este mundo. Su reino no es de soberbios, ni envidiosos, ni asesinos de armas ni de lenguas. Su Reino es de Humildad, de Amor, de Misericordia. Si no fuera por Él, por la delicadeza y paciencia que tiene con nosotros, estaríamos desde ya ardiendo en el infierno para siempre. Pero Él viene a sanar nuestras almas, a salvarnos del abismo de las tinieblas. “A pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres” (Fil. 2, 6 – 7).

Jesucristo, Rey del universo…

¿Cuántas veces hemos oído que el Reino lo empezamos a construimos aquí? En efecto. Hemos de dejar de pensar como seres de este mundo, en la medida de nuestras posibilidades. El Reino no es un palacio infinito donde estaremos de banquete eterno. El Reino es Amor, y en este mundo es donde tenemos que comenzar a amar de verdad, a ser humildes, a dejar los lujos materiales de lado que no nos llevan a ningún sitio. Ni los faraones llevaron sus tesoros a la vida eterna, quedaron en esta vida material, donde abunda el pecado y las jugosas y atractivas propuestas de Satanás que, lejos de hacernos bien, nos alejan del Rey de reyes.

Jesucristo, Rey del universo…

El único Rey verdadero. El que rechazó su corona de oro y piedras preciosas por unas espinas que se le clavan en su Santísima cabeza. El que rechazó su trono dorado y mullido a cambio de un frío y duro madero donde es clavado su Sacratísimo Cuerpo con los brazos abiertos para acogernos SIEMPRE que queramos. El que rechazó un cetro, símbolo de autoridad, a cambio de una caña que sirve para burla nuestra de su Divina Persona. El que rechazó la espada del poder imperial por unos clavos y una lanzada en su costado, del que manará su Preciosísima Sangre.

Jesucristo, Rey del universo…

El Evangelio de hoy nos pone las claves para seguir el camino correcto, y más que nunca en estos tiempos difíciles que el mundo entero está padeciendo. Sí, Cristo se humilla y quiere que nos humillemos y tratemos a los demás con verdadero Amor. Es difícil, no somos perfectos ni dioses, pero Él está a nuestro lado todos los días hasta el fin del mundo, para ayudarnos a conseguirlo. Él es consciente de nuestra debilidad desde antes de crearnos; contaba con ello, Él es el único que no se sorprende ni se escandaliza de nuestros vergonzosos actos.  Y no debemos olvidar algo que nos recuerda Jesús al final de su Palabra en este día, y es que el infierno existe, pero lo mejor de todo, es que el cielo también, y Él está deseando hacernos partícipes de su Reino. Si la queremos, es nuestra heredad, porque por su Pasión, Muerte y Resurrección, nos ha abierto las Puertas.

Jesucristo, Rey del universo…

Verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor, paz. Este es el Reino de Cristo. ¿A qué esperamos entonces para seguir construyéndolo y participar de él?

El Señor nos bendiga.

domingo, 2 de agosto de 2020

Jesús. Alimento espiritual



«Dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
[…] Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

He estado meditando este texto que nos propone el Evangelio de hoy (Mt. 14, 13-21) y quiero expresar mi interpretación personal. Puede que resulte un poco engorrosa de entender, pero lo voy a intentar.

La gente fue en busca de Jesús para escuchar su Palabra, aprender de Él, para alimentar sus almas. Reconocen en Jesús al Mesías y ansían su misericordia, por eso, si leemos el texto entero, comprobamos que «vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.»

Pero vayamos al motivo de esta pequeña reflexión.

Los discípulos contaban tan sólo con 2 peces y 5 panes. Imaginemos un concierto o un gran estadio de fútbol lleno de espectadores. ¿Cómo iban ellos a alimentar a más de diez mil personas? A veces las personas no tienen hambre de comida material únicamente, sino que están deseando que les hablen de Dios, que les expliquen la Palabra, quieren conocer a Cristo más profundamente… ese es el hambre que quizás podamos intentar saciar desde nuestra pequeñez y humildad.

Dios nos ha dado a todos unos talentos, unos dones para ponerlos al servicio de los demás. Quizás pienses que no tengas, o que están poco desarrollados, o que son pocos y no puedes ayudar a otros. Sin embargo, si los ponemos al servicio de Dios y del prójimo, Él los multiplicará hasta que a los que servimos, queden saciados. Así hicieron los discípulos con 2 pees y cinco panes. No tenían más, era lo único que habían llevado para cenar ellos, pero lo poco de lo que disponen, lo ponen en manos de Jesús y Él hizo el resto.

Pues bien, fijémonos ahora en una curiosidad. ¿Sera “casual” que estemos hablando de panes y peces?

El ichtus o ichthys (en griego ΙΧΘΥΣ ijcís "pez") es un símbolo formado por dos arcos que se cruzan formando la silueta de un pez de perfil. Fue usado de forma secreta entre los primeros  cristianos para identificarse entre ellos. Y es que el acrónimo significa Ἰησοῦς Χριστὸς Θεοῦ Υἱὸς Σωτήρ, Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Es decir, usando las letras iniciales obtenemos ΙΧΘΥΣ, pez. Por eso desde tiempos paleocristianos, a Cristo lo representamos con un pez.


Por otro lado en la Eucaristía tenemos al mismo Cristo con su Cuerpo, Sangre y Divinidad. Jesús Sacramentado en un trozo de pan. El pan es alimento esencial. No tener pan es estar expuesto a la muerte. El pan es la vida.

Dicho esto, pienso que Dios nos está pidiendo hoy que demos de comer al que tenga hambre de Él. Quizás contemos con unos panes y unos peces, es decir, talentos o dones insuficientes para tanta gente; pero esos dones nos son dados por Dios, y es a Dios a quien debemos llevar a los demás. Tenemos que acercar a Cristo a los que lo necesitan, sin embargo contamos con el mismo Cristo: a Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador (pez) y también con la Eucaristía (pan), nuestro alimento espiritual y el alimento espiritual que hemos de llevar a muchos. Convertir almas para el Señor, para cuando estén cerca de Él, puedan comer el pan que da la vida eterna.

No es de extrañar, por tanto, que este episodio de la multiplicación de los panes y los peces, sea un preludio de la última cena, esto es, de la institución de la Eucaristía, donde el propio Salvador del mundo (ΙΧΘΥΣ) nos dirá «Esto (pan) es mi Cuerpo.»

Para acabar, recordemos que para Dios nada hay imposible, que contamos con su ayuda, con la Santísima Virgen Reina de los Ángeles. Pongamos lo poco o mucho que tengamos en manos del Señor, Él hará su obra y multiplicará lo que nos falte cuando lo vea oportuno, eso ya depende de Él. Por tanto, cumplamos con lo que nos encomendó como discípulos suyos que somos: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.» «Dadles vosotros de comer.»

El Señor nos bendiga.


domingo, 24 de noviembre de 2019

Cristo. Rey de reyes.


Celebramos el último domingo del año litúrgico y lo dedicamos a Cristo Rey. La Iglesia quiere que le veamos en el triunfo, como aquel en que en Él todo es pleno.  Pero hay algo que nos puede llamar la atención: ¿El triunfo de Jesús en la cruz?; solo, abandonado por sus amigos, sufriendo  los dolores que jamás sintió ningún hombre, agonizando, soportando las burlas de los soldados y personas presentes, contemplando a duras penas a su Madre a sus pies viéndolo morir… Este tipo de realeza no es a la que estamos acostumbrados; no vemos  riquezas, ni protocolos, ni lujos, ni sirvientes. No vemos armas, ni guardaespaldas,  ni ejército que lo proteja. Muere completamente desnudo clavado en un madero. ¿De verdad es el triunfo de Cristo? Cristo no se limitó a sobrellevar nuestros pecados sino que también los “destruyó”, los eliminó. Cristo venció a la muerte y al pecado. Ese es el triunfo de Cristo, no se trataba de quedar por encima de nadie a nuestros ojos, Jesús es humilde y su victoria es distinta a la que podríamos suponer desde nuestro humano entender.

Cristo es un rey al que le faltan todas estas cuestiones materiales. Sin embargo posee el mayor poder que podamos imaginar. No es su corona, que no es de oro sino de Espinas. No es su trono, que no es un sillón lujoso, sino una Cruz. No son sus ropajes, que no son de seda y armiño, sino su Preciosa Sangre. No es un ejército de soldados preparados para matar, sino una corte de Ángeles… No. Su inmenso poder lo manifestó en su vida hasta el último momento. Es el AMOR  demostrado en su humildad, perdón, paciencia, mansedumbre, silencio, oración… ¡Qué mayor prueba de amor que morir para abrirnos la salvación a todos nosotros, a los que vivieron desde los inicios del mundo, y hasta los que vivan hasta el último día! Con su muerte, Él nos liberó. ¿Crees esto, o simplemente lo sabes por rutina? Piénsalo, medítalo. No es una cosa más que aprendemos desde pequeños, es el Rey, tu Rey, mi Rey, que ha querido entregarse derramando hasta la última gota de su sangre, para que podamos estar con Él en la Vida. Vino a salvarnos a todos, que somos pecadores. Lo que prometió al buen ladrón (Hoy estarás conmigo en el Paraíso), nos lo prometió a todas las personas de todas las generaciones. Sí, estaremos con Él en el Paraíso cuando nos llegue el momento, si la aceptamos; porque recuerda lo que dice San Agustín: “Hay tres hombres en la cruz: uno que da la salvación, otro que la recibe, un tercero que la desprecia. Para los tres la pena es la misma, pero todos mueren por  causa distinta”.

Su reino no es de este mundo, porque este mundo puro que nos regaló, lo hemos corrompido con nuestro pecado, con nuestros pensamientos materialistas. Su reino es el Reino de Dios, el Reino del Amor por excelencia. No nos queremos dar cuenta, precisamente porque el mundo nos arrastra, que los mayores valores no son los materiales, sino los espirituales. Ya nos lo advirtió: “Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban” (Mt. 6, 20).

Por eso deja que Cristo sea el Rey de tu vida, déjate guiar por Él que es el que da la Vida. Ámalo más que a nadie y nada en este mundo, que sea tu principio y tu fin. Y cuando llegue tu hora, acepta su salvación. Aprovechemos este día de Cristo Rey para volver a Él, que espera de nosotros nuestro arrepentimiento, humildad y confianza.

Que sepamos ver todo esto con la ayuda de Su Madre, que Ella sea siempre nuestra Esperanza, y pese a que caigamos una, dos o tres veces, como cayó su Hijo, tengamos la fuerza para levantarnos como hizo Él, y lleguemos a fundirnos en un eterno abrazo con el Rey, el Amor de los amores.

El Señor, que es el Rey de reyes, nos bendiga.

viernes, 12 de junio de 2015

Festividad del Corazón de Jesús


Estamos en junio, mes que, como todos sabemos, la Iglesia dedica al Sagrado Corazón de Jesús.
Desde los orígenes del cristianismo, ha existido esta devoción; pues meditar el costado abierto de Jesús, de donde brotó sangre y agua al ser atravesado por la lanza, cuando, ya muerto, estaba colgado en aquel madero que le llevó a salvarnos, dio lugar al nacimiento de la Iglesia.

Muchos decimos que somos devotos del Corazón de Jesús. Sin embargo, ese AMOR de Cristo por nosotros, ¿es correspondido?. Si somos seguidores de Jesús, si somos cristianos, lo primero que debemos hacer es amarlo sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a nosotros mismos. ¿Lo hacemos?. De ser así, ¿por qué esos rencores? ¿por qué esos odios? ¿por qué levantamos falsos testimonios sobre los demás? ¿por qué damos lugar a lo que, el Papa Francisco califica muy acertadamente como “chismes”? ¿por qué envidiamos a los demás? ¿por qué somos tan soberbios y prepotentes si debemos amar a los demás como a nosotros? Sí, es complicado, lo sé. A todos nos han hecho daño en algún momento. Pero, ¿no le hicieron daño a Jesús? ¿a caso no seguimos nosotros haciéndoselo?.

La característica principal del Corazón de Jesús, es su Divina Misericordia. ¿Practicamos la misericordia y la caridad con los demás?.

Analizadas estas pequeñas preguntas volvamos a pensar fríamente. ¿Somos auténticos devotos del Sagrado Corazón de Jesús?. ¿O es una mera fachada para aparentar que “somos buenos y un ejemplo para los demás”?

Este mes, es un buen momento para pararnos a meditar en nuestro día a día. ¿Qué haría Jesús en esta situación? ¿Qué respondería Jesús ante esta pregunta? ¿Cómo actuaría Jesús ante las mentiras y calumnias que estoy escuchando?... Intentemos entrar en su Corazón, que Él está deseoso de que lo amemos, de ayudarnos, de acogernos... Pensemos que lo negamos, lo olvidamos, lo ofendemos, lo herimos, lo maltratamos... y sin embargo, Él siempre está ahí para acogernos cuando más lo necesitamos. ¿Hacemos eso con los demás?

Que la llama ardiente de su Amor nos abra nuestro corazón duro, y nos infunda su Espíritu Santo para que podamos amarle y amar a los demás. Al fin y al cabo, y ciertamente, es lo único importante que debemos hacer en nuestra vida. Tan sencillo y, complicado a la vez, como eso. Pero alegrémonos. Contamos con su ayuda, con la de María Santísima, con la de los santos y ángeles de Dios, que están dispuestos a luchar por nosotros, siempre y cuando, queramos de verdad su apoyo.


Ánimo a todos.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
El Señor os bendiga.



sábado, 8 de junio de 2013

Corazones


El Sagrado Corazón de Jesús. Tema para tratar largo y tendido. Pero mi intención es ser breve.
Me he parado a pensar, mientras intentaba preparar esta entrada, si cuando nos referimos al Corazón de Jesús, lo hacemos pensando en el órgano vital que bombea sangre al cuerpo, o al Corazón que es símbolo para nosotros de amor, de alma...
Terminé por unir las dos opciones, de manera que pude hacerme una mínima idea, la cual trataré plasmar.

Cuando decimos o escuchamos frases como: "abrid vuestros corazones a Cristo", no nos referimos, como es lógico, a abrir nuestro órgano; sino que debemos abrir nuestra alma, abrirnos (metafóricamente) para que entre su Amor en nosotros, para que nos dejemos hacer por Él.

No obstante, su corazón, como órgano, fue rajado y de él brotó sangre y agua (Jn. 19,34). Es decir, que Jesús perdió toda su Sangre hasta el punto de que su corazón dejó de latir por amor a nosotros. Le rajaron el corazón (literalmente) y nosotros seguimos haciéndolo cada vez que pecamos. Sin embargo, esa Sangre y ese Agua, fueron derramados para redimirnos. Esa Sangre y esa Agua es la Misericordia del Señor que nos perdona una y otra vez.

Visto estas dos opciones que me planteaba, pensé en unirlas y encontré que Jesús, abrió su Corazón de las dos formas, es decir; nos dio su Amor, y lo hizo con su vida, entregándose y desangrándose hasta que su corazón humano ya no aguantó más.

¿Hay Amor más grande? Y es que el Corazón de Jesús es una llama ardiente, que nos abrasa, nos abraza, nos llena de su ternura, de su caridad.

Jesús hoy te dice: "Ábreme tu corazón, para que yo pueda derramar sobre él, mi Sangre y Agua que te purifica, te limpia, te sacia, te tranquiliza, te sana y te llena de mi Amor y Misericordia".


De la misma manera, cuando celebramos y acudimos al Corazón Inmaculado de María, no acudimos al corazón de carne, sino que lo hacemos al alma. El Corazón Inmaculado, sin mancha, sin pecado, puro, limpio... es el alma de nuestra Madre, que permaneció impoluto de mancha alguna, porque así lo quiso Dios, desde el momento en que fue concebida en el vientre de su madre.

El Corazón de la Virgen también fue traspasado, y esta vez de forma simbólica, no literalmente como el de su Hijo Jesús. Cuando contemplamos sus Siete Dolores, comprobamos que el dolor pudiera ser tanto o más, que si fuese físico. Y sin embargo, María, nunca se enfadó. Al contrario, aceptó siempre la voluntad del Padre, regalándonos, como siempre, el ejemplo de los ejemplos con su hacer.

Acudamos, pues, a los Corazones de Jesús y María, pues están henchidos y deseosos de darnos eso de lo que todos estamos tan faltos, y cada día más en el mundo: AMOR. Este amor nos hará ganar, entre otras cosas, en humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.


Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Inmaculado Corazón de María, sé la salvación mía.

domingo, 3 de febrero de 2013

Luz del Mundo

Ayer celebrábamos la fiesta de la Candelaria, que no es otra cosa que la presentación de Jesús en el Templo. Solemos bendecir velas este día porque, como ya sabemos, celebramos que Jesús, Cristo, Luz del mundo, entra en el Templo de Jerusalén. Eso es lo quisiera resaltar hoy.
Este tema daría para hablar mucho, pero no me voy a extender.
Jesús entra en el Templo de Jersusalén como ordenaba la ley y como era tradición, cuarenta días después de su nacimiento. Y Jesús, Luz del Mundo, quiere entrar en nuestras vidas cada día y, sin embargo, en numerosas ocasiones no le dejamos, quedando de esta forma en tinieblas. Todos hemos experimentado ese estar en tinieblas, puesto que no es otra cosa que estar en pecado. Le damos la espalda a Dios. Él quiere alumbrarnos, ser nuestro faro, enseñarnos que el camino de la oscuridad no es el correcto, puesto que, como bien dice el vocablo, está oscuro y no sabemos por donde vamos, nos perdemos, nos desorientamos, elegimos mal el amino a seguir... Y en su infinita Misericordia, no se cansa de buscarnos y llevarnos a la Luz, darnos oportunidad y libertad de estar con Él.
Por la Encarnación del Verbo, su Pasión  Muerte y Resurrección, Jesús nos ha salvado del reino de la oscuridad y nos ha trasladado a Reino de la Luz.
Y es que, pensemos lo que pensemos, donde no está Dios, no puede haber nada bueno. Recapacitemos sobre esto.
Jesús quiere entrar en nuestras vidas. Vidas que están llenas de consumismo, de superficialidad, de apariencias, de sexo, de drogas, de violencia, de soberbias, de envidias,de problemas... que no nos llevan más que a alejarnos de Él.

Hoy el Señor, quiere darnos una nueva oportunidad. Él quiere ser la Luz de tu vida, porque sabe que sin Él nada podemos y con Él, todo lo podemos. Porque sabe que con Él alcanzamos la felicidad. Porque sabe que con Él iremos por el buen camino. Porque sabe que con Él estamos salvos.
Aprovechemos y pidamos a María Santísima, ejemplo nuestro de FE, que sepamos escuchar la voz de su Hijo, y aceptemos su voluntad, así como Ella lo hizo.

domingo, 15 de julio de 2012

¡No tengáis miedo!



El Señor nos envía a evangelizar. A veces, para hacer las cosas medianamente bien, hay que descubrir la verdad que está oculta. Cuando lo hacemos, nos puede entrar el miedo, o la preocupación por las consecuencias que pueda traer: problemas, habladurías, envidias, falsos testimonios hacia nuestra persona… Sin embargo, el Señor nos dice: “No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse”. Y es que nada sucede sin que el Padre lo permita.
            El Señor, por predicar la verdad, padeció la Pasión y Muerte. Luego, triunfó, venció a la muerte, al pecado y está sentado a la derecha del Padre. Él siempre está a nuestro lado para ayudarnos, y nos recuerda: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo”. ¿Nos parece poca ayuda? Nos está prometiendo la Salvación. Pero pensamos que con la mentira alcanzaremos “nuestra” gloria personal por la vía rápida.

            En el Evangelio de este domingo, el Señor nos envía predicar la Buena Noticia, alentándonos a ello: “Y si en un lugar no os reciben ni os escuchan, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa”.
            Pero para hacer todo esto, debemos tener puesta nuestra confianza en Él. ¡Qué difícil nos puede resultar en ocasiones! ¡Ay!, si tuviéramos fe, tan sólo, como un granito de mostaza…  El Señor nos lo pone muy fácil, pero esa vía rápida nos engaña y nos hace autosuficientes, ignorando que sin Dios no podemos nada, pero con Él lo podemos todo. Su fidelidad es grande y no nos fallará jamás.
            Contamos con la ayuda del Espíritu Santo, de María, de armas como el Santo Rosario, con un ejército de ángeles que Dios nos envía para socorrernos… no estamos solos.

            En este blog siempre encontrarás la cita de Josué 19: “Yo te he mandado que seas fuerte y valeroso. No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.
            Por tanto, es algo que nos repite constantemente: No temas, yo estoy contigo. Entonces, ¿a qué esperamos?. Los miedos son provocados por el enemigo, que nos inmoviliza, nos impide avanzar en la construcción del Reino, nos empequeñece en las adversidades, nos hace débiles… Acudamos a la Santísima Virgen María cuando seamos tentados con esos miedos. Con Ella a nuestro lado, el enemigo no tiene nada que hacer.

              Ave María, llena eres de gracia. Reina del Santo Rosario, por tus Dolores intercede ante el Padre, para que seamos capaces de llevar al mundo la Buena Nueva, y no tengamos miedo ni de ello, ni de lo que conlleva. Sé nuestro amparo, y protégenos bajo tu manto. Santa Madre de Dios; ruega por nosotros.


sábado, 16 de junio de 2012

Corazones

  

Dicen que las hormigas son los animales que más se parecen a los humanos (hablamos, por supuesto, en lo que a sociedad se refiere); muchos estudios, así lo demuestran y dan fe de ello.
Entre ellas se comunican, buscan alimento, protegen el hormiguero, cuidan de sus larvas, se defienden del enemigo… Digamos que todas colaboran entre ellas. Todas se ayudan. Todas comparten. Todas forman una “Común Unidad”.
Este sería el mundo perfecto para nosotros, ¿verdad?. No existiría globalización y, como consecuencia de ello, no habría países ricos y países pobres, sino que seríamos todos iguales. Entre todos nos ayudaríamos, nos alimentaríamos, nos defenderíamos del enemigo… Sin embargo, nuestro hacer es bien distinto.
El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás (Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, 24).
Cuando nos preguntan si somos plenamente felices, la gran mayoría (siempre hay alguna excepción), contestamos que no; algunos, incluso añade una coletilla similar a esta “seremos plenamente felices cuando estemos en la vida eterna. En esta vida, no podemos ser plenamente felices, pero son los pequeños momentos de alegría, los que nos dan la felicidad”.
La cuestión es que Dios nos ha creado para que seamos felices. No es lógico pensar que nos creara para ver cómo nos peleamos, y tenemos problemas. De hecho, puso a Adán y Eva en el Paraíso para que disfrutaran de él. Y aquí comienza todo: en la soberbia del ser humano. En el mejor sitio donde podíamos estar, se nos ocurre ser más de lo que somos, más que los demás, ser superiores a otros... queremos ser como dioses, y como consecuencia, que nos adoren.
Volvamos a lo que decíamos antes: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.” Ahí está nuestra solución. Entregarse sinceramente a los demás.
Fijaos, que las hormigas nos ganan en esto. Nosotros, seres “racionales”, teniendo la solución a nuestro alcance, la dejamos pasar porque otras cosas nos atraen más y parecen que nos darán la felicidad que buscamos. Sin embargo, esa felicidad que buscamos es superficial, la que no nos da esa plenitud. El pecado nos corrompe, nos aleja de Dios, nos hace individualistas, egoístas, prepotentes… 



Ayer celebrábamos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. El mismo Corazón del que brotó Sangre y Agua, ser rajado por una lanza. La Sangre que nos salva, que nos libera, que nos protege del mal. Y el Agua que nos limpia, nos purifica, nos convierte. Jesús entrega su vida por tu salvación, por la mía, por la de esa persona que nos hace la existencia amarga y nos pone zancadillas siempre que puede… En Jesús podemos ver el mejor ejemplo de entrega sincera a los demás. ¡Sigámoslo!

            Pero si ayer celebrábamos la festividad del Corazón de Jesús, hoy, sábado, día de la Virgen, celebramos la festividad del Inmaculado Corazón de María. En esta jornada nos narra el Evangelio, un episodio archiconocido. “El Niño perdido y hallado en el templo”. Pero nos quedamos, precisamente hoy, con un par de cositas de manera muy especial:
Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”.
“Su madre conservaba todo esto en su corazón”
En el primer punto a destacar, leemos las palabras que María dijo a su Hijo Jesús, cuando lo encontró en el templo hablando a los doctores. Jesús estaba haciendo lo que tenía que hacer, la voluntad del Padre. Nosotros, no siempre hacemos la voluntad del Padre. Desobedecemos, nos apartamos de Dios y, por tanto, andamos perdidos de verdad. Escucha entonces atento la voz de María que te dice. Que me dice. Que nos dice a cada uno de nosotros: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu Padre y yo te buscábamos angustiados”. Recapacitemos sobre esto, así veremos cuál escasa es nuestra fidelidad.
Pasemos al segundo punto. Cuando María ve nuestra desobediencia, y qué mal nos portamos. Cuando ve que Dios nos abre su Corazón, nos tiende continuamente su Misericordia y no acudimos a ella. Cuando ve que Ella intercede por nosotros y no ve “mejoría” en nuestro comportamiento. Cuando ve que tenemos la salvación a nuestro alcance con sólo desearla, y no la tomamos…. Seguro que guarda ese dolor intenso de madre en su corazón.

            ¿Qué estamos haciendo? Que en estas dos jornadas, en las que hemos celebrado la festividad de los dos Corazones, nos haga pararnos a pensar, a meditar, a recapacitar, a orar sobre nuestra conducta, y seamos lo suficientemente humildes para reconocer nuestras faltas, pongamos remedio, y nos acerquemos cada día más, a los Corazones amorosos de Jesús y María.

jueves, 7 de junio de 2012

Esto es mi Cuerpo


“Jesús se hace presente en la Eucaristía”.

¿Cuántas veces hemos oído, leído y dicho estas palabras?. Pero la cuestión es; ¿creemos de verdad que ahí, en la Sagrada Forma, está Jesús? Cada uno que conteste interiormente a esta pregunta. Es innegable, que creer que tenemos siempre que queremos a Jesús Eucarístico en un Sagrario, es un acto de fe. De hecho, muchas veces vemos a personas que, nada más terminar la Eucaristía, cuando el sacerdote, aún no ha abandonado el presbiterio siquiera, se apuran en dar la vuelta para abandonar el banco y hablar con el primero que se encuentre en el camino. Pero, ¿acaso no somos auténticos Sagrarios los que acabamos de comulgar?.

Hoy jueves, en algunos lugares se ha celebrado la festividad del Corpus Christi. La mayoría lo haremos el próximo domingo. El Señor saldrá a la calle. Es la procesión por excelencia, y sin embargo, cuántos desperdician la ocasión porque el día está bueno para ir a la playa, o porque “pasan de procesiones”, o simplemente, porque ignoran Quién está ahí.
Jesús Eucarístico, sale a reunirse con su pueblo, con sus hermanos. El Rey de Reyes estará con nosotros dando un paseo. ¡Qué privilegio! Nuestra Salud física y espiritual, nuestro Amigo. Él nos dice constantemente “Venid a mí los cansados y agobiados que yo os aliviaré”. Y somos tan necios que no acudimos.

Aprovechemos este domingo, cuando haga ese paseo a nuestro lado, para hablar con Él, contarle nuestras alegrías, nuestras penas, nuestros problemas, nuestras inquietudes… démosle gracias por todo lo que nos da; y pidámosle que nos dé lo que más convenga a nuestras vidas, que nos alivie ese cansancio, nos quite los miedos, nos lleve por el camino recto, nos sane y nos colme de bendiciones.
Si tuviéramos fe como un grano de mostaza, le diríamos a la higuera: arráncate de raíz y plántate en la orilla de mar. Y la higuera nos obedecería. ¡Cómo un grano de mostaza! nos dice el Señor. No perdamos la oportunidad de pedirle que nos aumente la fe, esa fe que nos falta y que tanto necesitamos, aunque a veces, ni siquiera, caigamos en la cuenta de ello.

Tenemos tanto que contar al Señor… y desaprovechamos el tiempo, pudiéndonos llenar de su gracia en cualquier Sagrario del mundo.

Hoy quiero pedirte Señor, precisamente eso; que nos aumentes la fe. Que acudamos a Ti las veces que lo necesitemos. Ábrenos los ojos y ayúdanos a ver la Verdad, el Amor, el verdadero Camino. Enséñanos a orar una vez más, Jesús. Queremos ser como Tú. Que esos dones que nos has regalado, a través de Tu Santo Espíritu en Pentecostés, sepamos descubrirlo y ponerlo al servicio de los demás. Y, sobretodo, líbranos del maligno.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Yo he venido al mundo como luz

"Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas".

Esto nos dice hoy el Señor por medio de Su Palabra. Él viene a traernos la luz, porque Él es la Luz por excelencia. Viene a sacar de la oscuridad a todo el que quiera. No obliga a nadie a ir con Él. De la misma forma, tal y como nos dice el Evangelio de hoy, no ha venido al mundo a juzgar nuestras acciones, sino a salvarnos, a perdonarnos. 
Con tantas facilidades que nos da, seríamos tontos si no las aprovecháramos, ¿verdad?. Sin embargo la rutina, el día a día, el aburrimiento, "nuestras cosas", nos envuelven y apartan del Señor. Seguro que nos llama una y otra vez, e incluso lo escuchamos; pero preferimos seguir en "lo nuestro". Ahí está nuestra libertad, con la que nos ha dotado. Haciendo uso de ella, podemos seguirlo y no quedar en tinieblas. O podemos no seguirlo y quedar en tinieblas. De nosotros depende.
Todos queremos estar en la luz, donde se ve la verdad con claridad. Las tinieblas, por contra, nos hace vivir en el error, porque no podemos ver con claridad lo que tenemos delante.
Él vino a cumplir la voluntad del Padre. Él nos dice lo que le ordenó el Padre. Y nos recalca que el mandato del Padre es vida eterna.

María, en este segundo día del mes de mayo, acudimos de nuevo a ti. Tú, que diste a luz a la Luz del mundo, intercede por nosotros ante el Padre, para que, siguiendo a Jesús, faro de nuestras vidas, seamos salvos y liberados de nuestras tinieblas. Ayúdanos a permanecer en la Luz de Cristo. Sé Tú la Estrella que ilumine nuestro oscuro caminar.

Santa María; Reina de la Luz y Estrella sublime: Ruega por nosotros 

lunes, 16 de abril de 2012

Misericordia Divina. Felicidades.


Ayer celebramos la jornada de la Misericordia Divina. Es por eso que no quiero dejar pasar la ocasión de dar las gracias a Dios por todo lo que hace por nosotros. En primer lugar, por haber pasado la Pasión y Muerte, que hemos celebrado la semana pasada. Y por supuesto, por haber Resucitado. Con su Muerte, el Señor ha vencido al pecado. Con su Resurrección, el Señor nos ha devuelto a la VIDA. Y digo VIDA (con mayúsculas), porque sin Él, estábamos encerrados en las tinieblas, en la oscuridad. Ahora, el Señor nos abre las puertas de la Gloria y nos invita a su Banquete eterno.
            El domingo pasado celebrábamos el día más grande del año para un cristiano. Ayer, se aparece resucitado a sus discípulos, y nos regala el sacramento de la penitencia. Nos da el precioso don de su Perdón. Perdón, sin el cual, no podemos entrar en el Paraíso. Es tan grande su Bondad, que se apiada de nuestra miseria, y pone a nuestro alcance, todos los medio necesarios para llegar a la Salvación. En nuestra torpe libertad, a veces no escogemos el buen camino, y es por eso que, cuando acudimos a Él, nos perdona y nos da una nueva oportunidad.
Hoy quiero pedirle perdón por mi soberbia, mis enfados, mis preocupaciones, por no haberle dado a Él, en ocasiones, la prioridad en mi vida, por haberme dejado seducir por el enemigo… por mis tantas faltas de Amor.
El Señor nos hace una invitación: “Ven a Mí. Yo perdono todas tus faltas, y te acojo en mis brazos amorosos y misericordiosos. Estoy aquí, a tu lado. Acude a Mí siempre. Yo sólo quiero lo mejor para ti. Recuerda que no hay mayor Amor que el que entrega su Vida por sus amigos. Yo, ya no te llamo siervo. Eres mi amigo, y yo quiero ser tu Amigo. El amigo que nunca falla. Descarga en Mí tus problemas, preocupaciones, desengaños, dolores, angustias… descánsate en Mí, confía en Mí.”

Aprovecho la ocasión para felicitar a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, por su cumpleaños. El próximo jueves, día 19 de abril, como todos sabemos, será también aniversario de su Pontificado. Por eso, en nuestra oración, estará de manera muy especial esta semana, nuestro querido Benedicto XVI. Que el Señor le dé la capacidad que necesita para “capitanear” (si se me permite la expresión)  a la Iglesia en estos tiempos difíciles. Difíciles por el laicismo, por la rebeldía, por nuestra tibieza (sus miembros)… No rezaremos ni oraremos únicamente por las intenciones del Santo Padre (que también), sino por el Santo Padre; para que el Señor le dé lo que necesita, lo que es lo mejor para él. Para que, inspirado y ungido por el Espíritu del Señor, al que esperamos en Pentecostés, le ayude a cumplir Su Santa Voluntad, porque así, llevará a este rebaño “revoltoso” por la buena senda.

¡FELICIDADES!

Desde aquí, también quiero expresar mi apoyo al Santo Padre. ¡Yo estoy con Pedro! ¡Yo estoy con Benedicto XVI! Que el Señor lo colme de bendiciones y María Santísima lo proteja, con su manto, de todo mal.
Un abrazo en Jesús Misericordioso.

domingo, 26 de junio de 2011

Corpus Christi

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Jesucristo.

Cuando termina la Consagración, y se ha producido la transubstanciación, es decir, el pan y el vino, se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo, el sacerdote nos dice con voz firme: ¡Éste es, el Sacramento de nuestra fe". Y verdaderamente es así.

Todos los días, se produce este milagro glorioso, en el que Jesús quiso quedarse con nosotros de forma sacramental. Pero hoy; celebramos solemnemente, que Cristo, en su infinita misericordia, en su infinito Amor, se queda con nosotros "hasta el fin del mundo".

Jesús Sacramentado, es el alimento que nos da la vida. Puede parecer frase hecha, pero tenemos ejemplos en los santos, como Santa Catalina de Siena, que Jesús Sacramentado era el único alimento que ingería durante la Cuaresma.

Es cierto, que es el Sacramento de nuestra fe, o el Misterio de nuestra fe. Pero también creemos que Jesús se hace presente en la Eucaristía, por la fe que Él nos regala.

Ya el jueves, en ciudades como Sevilla, Granada o Toledo, el Señor salía a la calle. Hoy, lo hace en el resto de lugares españoles. Y es que, si creemos en la Eucaristía, creemos que es el mismo Jesús el que sale a la calle, se reúne con su pueblo y va derramando bendiciones y misericordia en todos sus hijos. Unos las tomarán. Otros, en su libertad, no.

Hoy, después de la celebración de la Eucaristía, Jesús salía a la calle. Sonaba el himno nacional cuando el Rey de Reyes, estaba bajo el umbral de la puerta principal del templo. Poco a poco iba adentrándose, como queriendo reencontrarse con nosotros. ¡Lástima que algunos no quieran verlo! ¡Lástima que algunos, no sepan quién es!. Siempre digo, que cuando lo veo en su templete este día, paseando entre nosotros, se me viene a la cabeza lo que dijo Bartimeo: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí".

Hoy, sentí tristeza, porque la soberbia y prepotencia del hombre, quiso restar protagonismo al mismo Dios en la procesión que he vivido. Pero esto no va a impedir, que quiera darle gracias una vez más, porque Él se ha quedado con nosotros. Por su Misericordia. Es un día para alabar a Dios, para adorarlo, para darle Gloria.

¡Bendito y alabado sea Jesús!.
¡El único merecedor de la Gloria, la Honra y el Honor!.
¡Gracias Señor, por quedarte con nosotros!

Que Jesús Sacramentado, os colme de bendiciones.

sábado, 4 de junio de 2011

Ascensión del Señor

A los cuarenta días de la Resurrección, Jesús asciende al Cielo. Esto es lo que antes celebrábamos uno de los tres jueves del año que brillaban más que el sol, y que, salvo en algunas ciudades que siguen celebrando estas fiestas en jueves, la Iglesia pasó esta festividad al domingo.

Independientemente de qué día se celebre, lo importante es que Jesús ha terminado su misión, nos ha enseñado todo lo que tenía que enseñarnos, nos ha amado como no podemos entender. Y ahora, después de darnos los últimos consejos, nos invita a que sigamos sus pasos, nos invita a llevar la Buena Noticia a todo el mundo, nos invita a que prediquemos la conversión para que todos se salven, nos invita a que nos amemos como Él nos ha amado, pues es su mayor mandato, el mandamiento del Amor.

Pero... ¿Cómo vamos a hacer por el mundo entero lo que no somos capaces de hacer en nuestro alrededor? Cómo vamos a anunciar el Evangelio, si en nuestra propia parroquia, en nuestros propios grupos, en nuestros propios trabajos, en nuestros propios ambientes de amistad... somos incapaces de ser, siquiera humildes? Estamos en una sociedad en la que, al parecer, lo que prima es sobresalir sobre los demás, cueste lo que cueste, caiga quien caiga, pisemos a quien pisemos. Y eso mismo nos envuelve de tal forma que, como decía antes, es capaz de romper familias, amistades, grupos de oración... y así poco a poco, la Iglesia. ¿Qué podemos hacer? Esperar al Espíritu Santo. El Paráclito que nos ha prometido Jesús. Su Espíritu. El Defensor, el que nos va a enseñar el camino a seguir. El que nos dará la fuerza para amar, el que nos quitará los miedos...

Hoy Jesús asciende al cielo, después de pasar por este mundo haciendo el bien, cumpliendo su tarea a la perfección, dando su vida para salvarnos a TODOS nosotros, sin excepción. Hoy Jesús vuelve a la Gloria. Vuelve al Padre. En este detalle del cuadro de Anton Raphael Mengs, vemos cómo el Espíritu Santo y el Padre, esperan a Jesús, en compañía de toda la Gloria celestial, con los brazos abiertos, con todo el Amor infinito que sólo Dios tiene y nos da. Sin embargo, nos ha prometido que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y no sólo eso, sino que, como decíamos antes, nos enviará su Espíritu.

Por eso mismo, desde YA, debemos empezar a invocar al Espíritu de Dios, para que el próximo domingo venga con fuerza sobre nosotros, con poder, llenando nuestros corazones de Amor, y regalándonos sus dones, que no son otra cosa más que armas y escudos para la batalla, y que, debemos saber usarlos para la Gloria de Dios y bien de nuestras almas.

También es nuestro deber ser dóciles a la voz de Dios. Saber escuchar (que no es lo mismo que oír) lo que nos pide para poder llevar a cabo lo que nos encomiende, dejando de hacer nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Sí, todos decimos lo mismo, pero lo difícil es llevarlo a la práctica, pues el enemigo nos tienta y terminamos haciendo el mal y daño a los demás, destruyendo poniendo de tapadera al Señor (diciendo que hacemos lo que el Señor quiere) en lugar de construir el Reino de Dios.

Por eso quiero decirte Señor que, aunque vuelves al Padre, gracias por quedarte con nosotros, gracias porque nos has prometido tu Santo Espíritu, gracias por la fuerza que nos das, gracias por tu Amor y Misericordia, y perdona por las veces que te hemos dañado y que, desgraciadamente, seguro seguiremos haciendo.

Sólo me queda decirte: Gracias por ser mi AMIGO. ¡Bendito seas Señor!
Bendice a todo el hermano que esté leyendo esto.