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domingo, 25 de enero de 2026

Sembrando durante 138 años

Sabíamos que tarde o temprano llegaría este momento, aunque duela. ¿O tal vez no estábamos preparados para aceptarlo? El caso es que las religiosas de la Inmaculada Concepción se marchan de Tarifa después de haber estado, prestando servicio y conviviendo con el pueblo, durante 138 años.

“Quedan pocas y ya son mayores”. Una frase que hemos oído e incluso dicho, durante mucho tiempo. Quizá como rutina, sin prestar atención al verdadero contenido de estas palabras. Hasta que llegó el día en que ya, no pueden sostener lo que han estado llevando tanto tiempo sobre sus hombros.

No es simplemente la despedida de unas mujeres concretas, sino es el cierre de un ciclo de vida social y espiritual del pueblo. Un cierre silencioso, como la labor que han desempeñado hasta el último instante.

Pero este “adiós” no habla sólo del pasado. Dice mucho del presente que habitamos.

Vivimos un tiempo donde las vocaciones escasean. Podemos decir que son excepcionales, rayas en el agua. La sociedad ha cambiado radicalmente en los últimos años. Si ser católico es difícil y se ha convertido en algo que no es moda, ni políticamente correcto. Para muchos, decir que eres católico se ha vuelto incómodo, incluso mal visto en ciertos ambientes. A veces incluso parece motivo de incomprensión. Si ya cuesta declararse creyente, imaginemos lo que supone para alguien reconocer una vocación religiosa. Hay que superar muchos muros y hay que estar fuerte ante la adversidad, como el verdadero camino del católico de a pie.

El entorno tampoco ayuda. El mundo hoy (y hablo a nivel general) no es que no avance, va demasiado rápido, es cada día más egoísta. Sumémosle el constante postureo, la cantidad ingente de información de la que disponemos, la falta de transparencia y la abundancia de superficialidad.

El amor se ha convertido en algo de antiguos, cuando en realidad; fue, es y será, el motor que mueve el mundo.

Si las personas no nos queremos de verdad entre nosotros, si nos cerramos pensando erróneamente que nos protegemos, si nos utilizamos según nos convenga y luego nos olvidamos, ¿cómo vamos a amar a Dios y dejarnos amar por Él?

Fidelidad, lealtad, respeto, empatía, fe… son algunos valores que por segundos vamos perdiendo.

Falsedad, frialdad, soberbia, juicios… es lo que vamos practicando para suplir esa carencia de valores.

Ser religioso en la actualidad, por tanto, es ir contracorriente. Las prioridades de la sociedad han cambiado. La oración, el silencio, el trabajo sin ánimo de buscar reconocimiento… ¿eso?, que lo haga otro.

La partida de las religiosas de Tarifa, no es más que un reflejo de la sociedad, incluso de nosotros mismos como pueblo y como parroquia.

Puedo entender el estancamiento que vivimos. El aburrimiento, la apatía y el cansancio existente. Sin embargo, la fe hay que alimentarla, y no lo estamos haciendo. Se nos está yendo, como se van las religiosas. Como se seguirán deshaciendo otros grupos parroquiales. Como se desvanecerán tantas iniciativas, espacios… hasta desaparecer si no reaccionamos.

No hay estímulos, no hay constancia, pero tampoco hay respuesta cuando hay propuestas.

Sin ir más lejos, y en el contexto que estamos hablando, el pasado mes de diciembre, celebrando en su capilla el triduo en honor a la Inmaculada Concepción, se apreció una disminución en la afluencia de fieles.

En la Vigilia, literalmente se podían contar con los dedos de una mano los asistentes que acompañaron a aquellas tres religiosas. Hoy puedo decir que fue una imagen simbólica y premonitoria: “Las pocas que quedamos, aunque seamos mayores, nos daremos hasta el final”. Y así ha sido.

Lo comunitario se ha debilitado, se ha enfriado hasta el punto más gélido, y eso ha repercutido en las monjas de Tarifa.

Pienso que estamos viviendo un tiempo de transición. Un tiempo en el que ya no se sostiene lo que fue, pero tampoco sabemos hacia dónde vamos. No hay metas claras, todo es incertidumbre, vamos dejándonos llevar por una sociedad que nos arrolla.

Las religiosas dejarán un vacío. Pero es hora de dejar la nostalgia a un lado. La llamada de atención nos ha llegado con su marcha. 

Es momento de preguntarnos: ¿Cómo vamos a rellenar ese hueco que nos dejan? Ellas han sembrado su semilla durante 138 años. ¿Seremos capaces de que germine algo en las nuevas generaciones? ¿Florecerá algo en las generaciones que convivieron con ellas?

En cualquier circunstancia, el dolor, duele, sí. Pero ese dolor debemos saber transformarlo en fortaleza. Dios cierra puertas, pero abre ventanas.

¡Despertemos!

Estamos perdiendo lo esencial entre las prisas, las pantallas, distracciones absurdas y una IA que no siempre usamos de la mejor manera.

Nuestra fe debería ser fuerte, enraizada, cimentada… y, sin embargo, está endeble, lánguida, como translúcida, enclenque.

Pienso, que la sociedad está muy hambrienta y sedienta de Dios, aunque cuesta reconocerlo. Hay miedos al qué dirán, miedos a enfrentarnos a lo que Dios nos pida, miedos a aceptar, miedos a comprometernos… Y es que la Iglesia, (porque todos somos Iglesia), es un reflejo de la sociedad, como decía anteriormente.

Estas queridas religiosas quedarán en la memoria de quienes fueron acompañados; quedarán en la fe de quienes encontraron consuelo en ellas; quedarán en la mirada de quienes aprendieron a servir sin esperar aplausos (tan ignorada esta postura hoy). Quedarán en el conocimiento de que Tarifa también necesita espacios de silencio, de cuidado, de trascendencia. Pero su marcha llega tarde para reaccionar: quizá no hemos sabido acompañarlas como merecían, quizá no hemos sido conscientes del valor de su presencia hasta que se marcha.

No les hemos devuelto tanto que nos han dado.

Ahora es nuestro turno. Porque esa labor callada debemos desempeñarla nosotros. Esa labor no es otra que trabajar de verdad por el Reino de Dios, no por nuestras glorias personales.

Nos dejan su ejemplo. Nos dejan historias, vivencias, experiencias, una cultura propia. Nos dejan enseñanzas.

Nos dejan una invitación a continuar con el legado, quizá a nuestra forma, pero sin perder la esencia de la humildad, el silencio, el trabajo, la atención a los demás y la oración.

Que su marcha no sea un punto final, sino el comienzo de nuestra responsabilidad.

Que su silencio nos enseñe a escuchar lo que aún podemos llegar a ser.

Sólo nos queda decir en mayúsculas y en negrita:

¡GRACIAS POR TODO!

viernes, 31 de octubre de 2025

Hoy, sin filtros

 

En mi más absoluta soledad, a veces me da por pensar que crees que no me acuerdo de ti, o sólo lo hago en días como éste. Luego recapacito y me digo a mí mismo que es imposible, si no, no te hablaría tanto. 

Cuántos días he querido enviarte un mensaje o llamarte, simplemente porque no te veo físicamente. Pero te cuento igualmente lo que sea: las buenas noticias, las alegrías, los problemas (buscando, quizás que me ayudes a solucionarlos), mis emociones, sentimientos, dolores del alma, la incapacidad ante diversas situaciones, lo que veo y otras personas no pueden ver, mis proyectos o mi vacío interior... un sinfín de conversaciones, o tal vez monólogos porque, hay días que no sé escuchar.

Millones de preguntas y reflexiones que quedan sin respuesta aparente y que, con el paso del tiempo, me doy cuenta que ahí estabas, como siempre has estado. 

Desde hace veinte años, no te echo de menos porque sé que estás, pero sí echo en falta tu presencia física: tus palabras, tus abrazos, tu voz, tus ocurrencias, tus enseñanzas... 

No sé cuántas cosas me han pasado en este tiempo. Tú las has visto y vivido, de otra forma, en otro estado, pero soy consciente de que lo has hecho. 

He crecido, he madurado en muchos aspectos. En otros, creo que aún sigo siendo un niño, tu niño. 

Conoces mi interior porque sé que Dios te lo permite. Sabes como soy en cada momento. Y puede que ahora me entiendas mejor. 

Mientras escribo todo esto, he visto aparecer delante de mí una pluma blanca. Muchos dirán que es una tontería, pero tú sabes que yo soy muy de leer simbología, y te he sentido al lado. 

Hay ocasiones en las que me gustaría irme de aquí y estar ahí, contigo, porque mis ganas de luchar desaparecen a ratos. Pero sé que aún tengo que continuar, aprendiendo, evolucionando, transformando el dolor en fortaleza, dando mi testimonio y, sobre todo, queriéndome a mí mismo. No lo digo como un acto egoísta, sino como un intento de valorarme para también, ofrecerlo a los demás. 

La vida tiene muchas cosas buenas, pero nos está faltando lo imprescindible: amar de verdad. Es difícil cuando alrededor veo lo que veo. Puede que sea como Van Gogh, un incomprendido. Quizás por eso para mí sea más que un pintor, más que un artista y me guste tanto. 

¿Lo mejor? Lo que callo, pero que tú y yo sabemos. Nuestros secretos.

Hoy no voy a poder estar como quisiera. Mi estúpida forma de ser ha hecho que tenga compromisos, tú los sabes. Pero no por eso dejaré de estar, como espero y te pido: Nunca dejes de estar. Porque habrán pasado años. ¡ Y Dios sabe el tiempo que nos quedará! Pero te sigo necesitando cerca. Porque te quiero. 


31 de octubre de 2025

domingo, 28 de septiembre de 2025

No quiero que te vayas


Llegaste con la alegría del reencuentro: Tu gente, tu familia...tus hijos. 

Pero hoy regresabas, y mi corazón lacrimoso sólo te repetía: "No quiero que te vayas". 

Ya. Lo sé. Quizás sea egoísta, pero cuando se quiere de verdad, la despedida siempre cuesta. Aunque sea un "hasta mañana". Es necesaria, es ley de vida, hay que seguir, pero cuesta. 

No sé la razón, o tal vez sí, pero hoy ha sido distinto. Hoy todo se ha rodeado para que sucediera así. 

"No quiero que te vayas", pero el cielo tarifeño tampoco lo deseaba. Y lo vimos en las lagrimas que brotaban de sus nubes.

Hoy ha sido más difícil que otras veces. Hoy, de nuevo, te has llevado un trocito nuestro contigo, y eso duele. Duele porque sientes el tirón interno de esa parte adherida y pegajosa que se resiste a salir, y que nos arrancas porque es conveniente. Pero sí. Duele. 

Hay días con despedidas cargadas de emociones. Se me vinieron a la mente imágenes de funerales como el de Rocío Jurado, Juan Carlos Aragón, Diana de Gales, Papa Juan Pablo II... Donde hay tristeza, pero también agradecimiento y cariño expresado en forma de aplauso. 

¿Sabes? Esa forma de irte hoy me hizo sentir algo similar. 

El cielo quiso que entraras en un camión para proteger tu preciosa imagen, mientras tus hijos aplaudían el emotivo momento. 

¡Ay, Luz bendita! ¡Qué solos nos dejas! Sigues ahí, pero algo se apaga o deja de brillar. Faltas Tú. Así de simple. 

Y es que...

En la soledad de mi alma, eres la calma. 

En la tristeza mas fría, eres mi alegría. 

En mi ansiedad, eres piedad. 

En mis miedos... en mis miedos eres el amor que me abraza, acoge, arrulla y enternece el corazón endurecido por las situaciones diarias. 

"No quiero que te vayas", te repetía mirándote a los ojos. Tú me respondías que tenías que irte, que fuese fuerte y sin embargo, que desgarradora despedida. Que pena tan honda.

Dicen que lo que no se habla, se llora. 

No hubo palabras, ni lágrimas que aliviaran tu partida. Porque sentía, literalmente, que la Madre de Tarifa se estaba yendo...

Lo sé. De la misma forma que, cuando se marcha de este mundo un ser querido, y creemos y sabemos por fe, que está en la Gloria, así iremos a verte. Porque tu santuario, es la Gloria para un tarifeño. Es ese trocito de Cielo en la tierra, donde nos esperas siempre. 

¡Luz, Señora, más Luz! 

Más Luz para este mundo falto de amor y de sentido. 

En la Gloria nos esperas

Desde la Gloria nos alumbras

Luz y Esperanza nuestra: No nos sueltes nunca, que nos perdemos en la oscuridad. 

Y tras unos días de peticiones en tu presencia, permíteme terminar con un agradecimiento. 

GRACIAS, Madre. 

GRACIAS por las cosas buenas, por las no tan buenas, por las que duelen, pero fortalecen. 

GRACIAS por tu protección constante. 

GRACIAS por lo que no entiendo: algo bueno habrá detrás. 

GRACIAS por presentarnos cada día a Jesús y ante Jesús. 

GRACIAS por tu AMOR. 

GRACIAS por ser nuestra Esperanza. 

GRACIAS, por ser nuestra Luz. 


Siempre nos deja su Luz