miércoles, 27 de julio de 2011

Intentando hacer Su Voluntad

Aunque esté tanto tiempo sin escribir, no quiere decir que me olvidara del blog. Simplemente que, otros quehaceres, me han impedido dedicarle un poquito de tiempo. Llevo varios días queriendo escribir esto, pero por los motivos ya mencionados, no he podido.

Esta foto que traigo hoy, para mí es significativa. Y es que me propusieron pertenecer a un grupo de la parroquia. Me ha costado decidirme, porque lo primero que pensé, -y pienso que demasiadas veces lo hacemos- es en todos los inconvenientes que me traían. Debo dedicar más tiempo a mi nueva misión, a los demás. Me puede quitar también un poco de la rutina diaria. Eso está bien, pero pensé, desde mi comodidad, que podría ser otro inconveniente. Después de pensarlo, orarlo, consultarlo mucho, me decidí a decir “”.

Después de esto pensé: “¿Quién te ha llamado a meterte en este berenjenal?” Pero obtuve la respuesta rápida: Dios. Inmediatamente, se me vino a la cabeza, que la Virgen dijo SÍ al Señor; aún sabiendo las dificultades que se le venían encima, que se terminaba su vida rutinaria, su comodidad, que tendría una misión importantísima desde aquél momento y con muchísima responsabilidad. Entonces es cuando volvió la paz y mi confianza en Él y en Ella.

¿Cuántas veces he cantado “quiero decir que Sí, como Tú, María?. Pues, por lo que se ve, me ha escuchado y me lo ha concedido.

A veces comparo estas pequeñas “misiones” (si podemos llamarlas así), con un cuadro. Antes de empezar la pintura, el autor quizás tiene en su mente lo que quiere plasmar. Prepara el lienzo, coge los pinceles, los óleos y empieza su obra. Cuando la termina, puede que no sea lo que tenía en mente, pero al final, el resultado es una bella estampa. Pues en nuestras tareas, el lienzo es donde mostraremos nuestro trabajo. Somos los pinceles, y Dios nos usa para realizar la obra. Unas veces cogerá un pincel fino; otras, uno grueso; otras, incluso una espátula… y esos somos cada uno de nosotros. Con nuestras funciones asignadas, para que la obra de Dios, sea lo mejor posible. Pero eso sí; debemos ser dóciles y dejarnos usar por Él.

Ahora mismo el lienzo está en blanco. Pero estoy dispuesto a ser usado por Dios, y cuando vengan las dificultades, intentaré superarlas, sabiendo que Dios no me va a pedir más de lo que yo pueda dar. A parte, cuento con su ayuda y con la de nuestra Madre, la Santísima Virgen María.

Todos tenemos que trabajar en distintos campos, en distintas ocasiones, con distintas dificultades. ¿El resultado a conseguir? Aportar nuestro granito de arena en la construcción del Reino de Dios. ¿Cómo? Salvando almas con nuestra evangelización y buen ejemplo. ¿Tarea fácil?. No. Pero para Dios, nada hay imposible, porque es el que todo lo puede. Nuestro Señor. Nuestro Consolador. Nuestro Creador.

El Señor os bendiga.

domingo, 3 de julio de 2011

El Sufrimiento... ¡engrandece!


Vivimos tiempos difíciles. Supongo que, sea el tiempo que sea, siempre se ha dicho lo mismo. El caso es que hablamos del que nos ha tocado a nosotros.

Cuando hablamos de sufrimiento, solemos pensar en enfermedades; sin embargo, pienso que el sufrimiento va más allá.

Crisis económica, falta de trabajo, enfermedades, muertes, terrorismo, rupturas de amistades y familiares, descontento, depresiones, envidias, lucha absurda de poder, suspensos de exámenes, responsabilidades, tentaciones, noches oscuras… y mil cosas más. Todos experimentamos o hemos experimentado, al menos, algo de esto. Lo cual quiere decir, que cada uno tenemos nuestros sufrimientos.

Unos sufren más que otros. Unos sufrimientos son distintos a otros. ¿Por qué?.

Todos llegaremos a la misma meta, más tarde o más temprano.

Imaginemos que todos llevamos un cierto número de ladrillos. Esos ladrillos son nuestros sufrimientos. Unos necesitarán una carretilla y aún así les costará levantarla. Otros los llevan en la cabeza para tener las manos más libres. Otros las llevan ocupadas, porque cargan una torre de ladrillos entre sus brazos y su pecho. Otros son pequeños o no tienen fuerzas suficientes, y tan sólo pueden llevar uno o dos. Sin embargo, otros no pueden cargar con ninguno.

Nos dice Jesús “En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar” (Jn. 14, 2).

Acabamos de celebrar la fiesta del Corazón de Jesús. En el que, hemos visto, que todos cabemos. De la misma manera, hay sitio para todos en el Cielo. El Señor nos prepara un lugar a cada uno de nosotros.

Volviendo al ejemplo de los ladrillos; imagino que esos ladrillos los usa el Señor para hacernos los distintos lugares. Quiere hacernos partícipes de la construcción de su Reino. Unos pensarán que es una injusticia que llevando más ladrillos que otros, las moradas sean iguales. Ahí está la grandeza del Amor, en el que esas “injusticias” humanas desaparecen, convirtiéndonos en solidarios, en verdaderos hermanos. Amándonos como Dios nos dice.

Algunos tienen que empezar la casa desde el principio, desde la cimentación. Otros, ya vienen con la cimentación puesta, pues quizá la casa se haga sobre una roca. Éstos últimos, quizá necesiten menos ladrillos, pero porque han aprendido que en el sufrimiento está la salvación. Esa base, ya la tienen y hacen uso de ella.

Pero otros, con cimentación, llevan más ladrillos. Quizás estén cargando con el peso de otros para que también tengan su morada en el Paraíso.

Esto puede volvernos a parecer una injusticia, pero seguro que, si sabemos que alguien carga con nuestros ladrillos para que tengamos una oportunidad, ya no nos parece tan mala idea.

Pidámosles al Señor, que nos dé la fuerza y la inteligencia necesaria, para poder cargar con esos ladrillos, que no son otra cosa que los sufrimientos, y además, pese al esfuerzo, que nos sintamos alegres porque al final tendremos nuestro sitio junto a Él. Ahí estará nuestra recompensa. Nuestra salvación. Nuestro descanso en Él.

El Señor os bendiga.

sábado, 2 de julio de 2011

Corazones de Jesús y de María




El Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Dos fiestas que están unidas, como unidos están los Corazones de Jesús y María. Dicen que Jesús es el Camino, y María es el “atajo”.

Como ya sabemos, no celebramos estas fiestas de los Corazones, como corazones de carne en sí. Más bien, como corazón, sinónimo de Amor. Amor en el que todos entramos. Es decir, todos estamos dentro en el Corazón de Jesús; todos estamos inmersos en el Amor de Jesús. Todos cabemos en ese corazón; en ese Amor infinito. Dice el Evangelio: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt. 11,25) Y más adelante dice: “…aprended de mí, que soy manso y humilde corazón…” (Mt. 11,29). Esto quiere decir, que el Señor nos quiere sencillos y, sobretodo, humildes. Por eso, María es nuestro mejor ejemplo. Ya lo dice María en el canto del Magnificat: “…dispersó a los soberbios…” (Lc. 1,51). Jesús nos llama hoy al Amor, y la soberbia es el pecado que nos impide amar de verdad. Si no amamos a los demás, no podemos amar a Dios. No es Él quien nos aparta, somos nosotros los que nos apartamos, renunciando de esta forma, a entrar en su Corazón, en su Amor, en su Misericordia.

…Su madre conservaba todo esto en su corazón” (Lc. 2,51). ¿Quién mejor que Ella para que le confiemos nuestras cosas? Nuestra Madre, nuestra intercesora, nuestra compañía. María.

La Virgen nos invita a que profundicemos y conozcamos nuestro propio corazón. Nos invita a esforzarnos para que nos acerquemos cada día más a su Hijo. Ella, siempre está dispuesta a ayudarnos, como buena Madre. Su Corazón, sin pecado, sin mancha, es el que mejor podemos imitar. ¡Cuánto Amor tiene nuestra Madre, que no cometió pecado alguno!

Todo se basa en el Amor. La unidad de la que carecemos, no es que se base, es que se fundamenta en el Amor. Sin embargo, al parecer, nosotros preferimos dejar de amar, preferimos sobresalir por encima de todos, creyéndonos mejores, y queriendo obtener nuestra propia gloria, y alabanzas por parte de los demás. Quizá, esta soberbia, es la que aborrece Jesús, cuando se refiere a “sabios y entendidos”.

Por eso, queremos pedir a Jesús, por medio de María, que nos ayude a tener un corazón de carne, que rompa la coraza que tenemos en nuestro interior, y que el amor que, seguro, todos tenemos, podamos darlo a los demás, y podamos recibir el amor que otros quieran darnos. Que de verdad tengamos unidad, y cada día esas rupturas que tenemos, se vayan cosiendo y pegando. Todos necesitamos de todos. Nadie es más que nadie. Sólo Dios es todopoderoso, sólo Dios es imprescindible en nuestras vidas, sólo Dios es el único merecedor de la Gloria.

domingo, 26 de junio de 2011

Corpus Christi

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Jesucristo.

Cuando termina la Consagración, y se ha producido la transubstanciación, es decir, el pan y el vino, se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo, el sacerdote nos dice con voz firme: ¡Éste es, el Sacramento de nuestra fe". Y verdaderamente es así.

Todos los días, se produce este milagro glorioso, en el que Jesús quiso quedarse con nosotros de forma sacramental. Pero hoy; celebramos solemnemente, que Cristo, en su infinita misericordia, en su infinito Amor, se queda con nosotros "hasta el fin del mundo".

Jesús Sacramentado, es el alimento que nos da la vida. Puede parecer frase hecha, pero tenemos ejemplos en los santos, como Santa Catalina de Siena, que Jesús Sacramentado era el único alimento que ingería durante la Cuaresma.

Es cierto, que es el Sacramento de nuestra fe, o el Misterio de nuestra fe. Pero también creemos que Jesús se hace presente en la Eucaristía, por la fe que Él nos regala.

Ya el jueves, en ciudades como Sevilla, Granada o Toledo, el Señor salía a la calle. Hoy, lo hace en el resto de lugares españoles. Y es que, si creemos en la Eucaristía, creemos que es el mismo Jesús el que sale a la calle, se reúne con su pueblo y va derramando bendiciones y misericordia en todos sus hijos. Unos las tomarán. Otros, en su libertad, no.

Hoy, después de la celebración de la Eucaristía, Jesús salía a la calle. Sonaba el himno nacional cuando el Rey de Reyes, estaba bajo el umbral de la puerta principal del templo. Poco a poco iba adentrándose, como queriendo reencontrarse con nosotros. ¡Lástima que algunos no quieran verlo! ¡Lástima que algunos, no sepan quién es!. Siempre digo, que cuando lo veo en su templete este día, paseando entre nosotros, se me viene a la cabeza lo que dijo Bartimeo: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí".

Hoy, sentí tristeza, porque la soberbia y prepotencia del hombre, quiso restar protagonismo al mismo Dios en la procesión que he vivido. Pero esto no va a impedir, que quiera darle gracias una vez más, porque Él se ha quedado con nosotros. Por su Misericordia. Es un día para alabar a Dios, para adorarlo, para darle Gloria.

¡Bendito y alabado sea Jesús!.
¡El único merecedor de la Gloria, la Honra y el Honor!.
¡Gracias Señor, por quedarte con nosotros!

Que Jesús Sacramentado, os colme de bendiciones.

sábado, 18 de junio de 2011

Santísima Trinidad

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN.

Así iniciamos nuestra vida cristiana; pues somos bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad y con la señal de la Cruz. De la misma forma, iniciamos la Santa Misa, somos perdonados cuando nos confesamos, nos ponemos a orar... Y es que, el centro de nuestras vidas, el único que es imprescindible, y el único que nunca nos falla es DIOS.
El mismo Dios, en la persona del Padre. El mismo Dios, en la persona del Hijo. El mismo Dios en la persona del Espíritu Santo.
Este es el gran Misterio de nuestra fe.

El Padre; es el Creador, el padre bueno, Abba (papaíto).
El Hijo, es el Redentor, el que nos salva y da su vida por nosotros. Jesús, el que creemos conocer más.
El Espíritu Santo; al que se le atribuye la Santificación. Con sus dones, nos santifica porque nos acerca más al Hijo.

Pero las tres personas obran por AMOR. Por eso DIOS es AMOR.

El Padre nos crea, por Amor. El Hijo nos redime, por Amor. El Espíritu Santo nos santifica, por Amor. Sin esta causa, nada tiene sentido. Y sin embargo, no nos damos cuenta de esto.

¡Cuanta paciencia tiene Dios con nosotros! ¡Qué débiles somos! Pero Dios lo sabe, y nos ha dado la mejor arma: la Oración.

La oración nos hace intimar más con Dios, la oración nos fortalece para seguir en nuestro día a día, la oración nos ayuda a entender más los misterios de Dios, la oración hace que nos ayudemos unos a otros, la oración sana... Pero hay personas que no conocen a Dios, otras lo conocen pero no quieren saber nada de Él, y otros; aunque lo conocen, no "oramos" lo suficiente. Pero todos necesitamos de la oración. Por eso, hay personas que se han dedicado por entero a la oración. Es lo que llamamos vida contemplativa.
Hoy es el día PRO ORÁNTIBUS, es decir, el día dedicado a los contemplativos; a los monjes y monjas que dedican sus días a orar por nosotros, a orar por los demás.

Y damos gracias a Dios por ellos, por haber permitido que estos hermanos nuestros, hayan dejado todo por Amor a Dios, y por Amor a los demás, que se demuestra con su oración.

¡Gloria al Padre! ¡Gloria al Hijo! ¡Gloria al Espíritu Santo!

domingo, 12 de junio de 2011

Renuévanos con tu Espíritu Santo. Pentecostés 2011


Hoy es el gran día. Hoy se cumple la promesa de Jesús: "Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré" (Jn. 16,7)

El Espíritu Santo desciende para quedarse con nosotros. Nos regala sus dones, nos consuela, nos defiende, nos acompaña, nos orienta... Pero nosotros, que confiábamos en Jesús, lo esperábamos y, por tanto, llevábamos unos días invocándolo, llamándolo para que hoy llegara con su poder sobre todos. En estos tiempos difíciles que vivimos, necesitamos de sus dones y carismas para nuestro bien, y para el bien de los demás cuando los ponemos al servicio de ellos.

Necesitamos la acción sanadora del Espíritu Santo para que cure nuestras heridas, nuestras enfermedades, nuestras envidias, soberbias, faltas de perdón... en definitiva, nuestras faltas de amor.

Necesitamos de Él, porque ante la impotencia de nuestros desiertos, ante la incapacidad de nuestra imperfección humana, no podemos levantar este mundo, que nosotros mismos estamos hundiendo. Nosotros solos no podemos, no somos nada si no es con la ayuda de Dios, en este caso, en la Persona del Espíritu Santo.

Le pedimos en este día glorioso, que descienda sobre nuestras familias. Por ahí es donde debe empezar la labor unificadora. Este núcleo que cada día se deshace y se pudre más por la falta de amor y unión. Y esto, claro está, repercute en nuestra vida social y laboral, en nuestra vida de comunidad parroquial, en nuestra vida de grupos de oración... Pero sabemos que, aunque el enemigo parezca ganarnos terreno, Dios no permite que se apodere de sus Hijos y de su bendita Iglesia. Por eso, con nuestros defectos, nuestras carencias e imperfecciones, los que creemos en Dios, esperamos y confiamos en la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude en la batalla.

Nunca entenderemos cuánto nos ama Dios, pero con la presencia y ayuda de la Tercera Persona de la Trinidad Beatísima, nos acercamos un poco más a Él.

Que el Espíritu Santo nos regale sus dones; que nosotros sepamos reconocerlos como suyos, y no nuestros. Asimismo, sepamos ponerlos al servicio de los demás, con humildad y sencillez, creando poco a poco esa unidad que tanto necesitamos. Que su Amor se derrame en nosotros, y tengamos el corazón abierto para recibir todo lo que quiera regalarnos hoy.

Que el Espíritu Santo os colme en este día de Pentecostés.

jueves, 9 de junio de 2011

¡Ven, Espíritu de Dios!


Hoy seguimos invocando al Espíritu Santo, y pidiéndole que venga sobre nosotros con el poder y el fuego de su Amor, derramando sus dones, que son, como ya hemos visto, esas armas que necesitamos para la batalla.

Ante las contrariedades de la vida, a veces nos sentimos impotentes, sin saber por dónde tirar, débiles. Es por eso, es que necesitamos el don de Fortaleza. Este don nos ayuda en nuestra debilidad, impide que perdamos la esperanza, nos impulsa a seguir adelante. Yo diría que es una inyección de vitaminas, hierro y glóbulos rojos, que nos levantan el cuerpo cuando estamos cabizbajos ante una anemia. nos pone en forma, en órbita, en nuestro sitio. Se nos levanta el ánimo y, de nuevo, tenemos ganas de "comernos el mundo". Si miramos a Jesús, podemos ver cómo superó su debilidad humana, gracias a este don, en su pasión y muerte. Nos ayuda también, a vencer las tentaciones. Es nuestra armadura. Nos quita los miedos, la timidez, como hizo con discípulos en Pentecostés. pero una cosa debemos tener en cuenta, pues para perder esos miedos, tenemos que aceptar lo que nos venga: Problemas, dolores... Sólo aceptando esto, y pidiéndole al Espíritu Santo este don de Fortaleza, poco a poco lo iremos obteniendo, e iremos venciendo las dificultades. Como un guerrero sabe que va al frente de batalla, y sabe que va a la guerra, sabe a lo que va, y así lo acepta; así sabrá enfrentarse con el enemigo.

El don de Ciencia, a veces es llamado también de Conocimiento. Y es que, aunque el vocablo "ciencia" nos pueda remitir a experimentos o laboratorios, el don de Ciencia no tiene nada que ver con esto. Es el don que nos ayuda a entender el valor de las criaturas relacionadas con el creador. Es decir, que vemos la grandiosidad de Dios, su majestuosidad, ante la naturaleza y sus criaturas. Podemos ver cuán pequeño es el hombre ante Dios. Y cuando pecamos, nos vemos más pequeños, nos hacemos humildes ante Él. Vemos la infinita distancia que hay entre Él y su creación. Pero también nos ayuda a conocer las escrituras. La Palabra de Dios fue escrita en el pasado, y sin embargo era para nosotros también. En ellas están las verdades del Dios eterno, y las podemos entender gracias a este don. Dios, es el conocedor de todo, y a través de su Palabra, nos invita a que nos adentremos y profundicemos en Él. Nos invita a "conocerle". Gracias a este don, podemos entender con fe, las cosas del mundo según Dios, es decir, da a conocer las verdades del mundo, librándonos de la mentira del mundo. Para que se entienda mejor, considero que es el don que nos ayuda a diferenciar lo bueno de lo malo. Recordemos el árbol del Paraíso, llamado del conocimiento del bien y del mal. Y quizá, también, con este don, podamos ver en cada persona a Dios, más que a esa persona en sí; pues vemos en la persona la criatura de Dios.

Pasemos al don de Piedad. Explicado, a mi parecer, de forma sencilla, es el don del Amor. El amor a Dios, el amor a los demás, el don que no deja enfriar ni endurecer nuestros corazones. Con este don, nos sentimos de verdad hijos de Dios, y vemos a los demás como hermanos, reinando sobretodo el perdón. Pero el perdón de verdad, sentido, no el perdón de palabra que nos hace comportarnos como niños caprichosos y egoístas. El don de Piedad, borra de nuestro interior, de nuestro corazón, esos focos de amargura, impaciencia... llenándolo, por contra, de comprensión y perdón. Con este don, nuestra oración se hace más patente, profunda y constante. Nos hace tener una relación de diálogo con Dios, que nos escucha, orienta y perdona como Padre. Esto hace que veamos las cosas con esos ojos de amor que hablábamos antes.
Pidamos pues al Padre, el espíritu filial y fraternal que necesitamos, por el don de Piedad que esperamos recibir del Espíritu Santo.

Terminamos, con el don de Temor de Dios. Ya habíamos dicho que no es tenerle miedo a Dios. ¡Cómo vamos a temer al Padre bueno que nos Ama! Es el don que nos hace temer ofender a Dios. No queremos disgustar a nuestro Padre con nuestro pecado. Cuando conocemos a Dios, sólo queremos hacer su voluntad, y no seguir sus caminos nos hace sentir ese temor de desobediencia, porque sabemos que le estamos haciendo daño con nuestro mal actuar. Cuando hacemos algo mal, nos avergonzamos ante Él. Supongo que así se sentirían Adán y Eva cuando comieron el fruto prohibido, y se taparon sus cuerpos desnudos al ver a Dios. Este don nos lleva a venerar
a Dios y todo lo sagrado. Creo que esto resume bien lo que es este don: El temor de Dios, es el temor a la ausencia de Dios.

Pidamos al Espíritu Santo que derrame sobre nosotros el don de Fortaleza, de Ciencia, de Piedad, y de Temor de Dios. Todos nos son muy necesarios, y cada uno lo necesitará en una medida. Él, que es, como decíamos antes, el Dios conocedor de todo, sabe perfectamente de nuestras necesidades; y se lo pedimos con fe, pues así nos lo prometió Él: Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá. Nosotros le pedimos los dones que nos hacen falta. Le buscamos a Él. Y llamamos a las puertas del Reino para poder entrar en él algún día.

Ven Espíritu Santo. Ven y danos fe.

miércoles, 8 de junio de 2011

¡Ven, Espíritu de Dios!


A pocos días de celebrar Pentecostés, y ya desde el domingo pasado, en el que el Señor ascendió al Cielo y nos prometió su Espíritu Santo, es muy bueno que hayamos empezado a invocarlo, para que el próximo domingo venga el Paráclito con fuerza a derramar sus dones sobre nosotros.

He pensado que, para ello, además de invocar su presencia, vayamos pidiéndole sus dones, para que Él los reparta según nuestras necesidades.

Antes de empezar, quisiera decir algo que, a mi parecer no debemos confundir, y es la diferencia entre don y carisma. Aparentemente es lo mismo, y a veces, cuando hablamos solemos llamar don al carisma, y carisma al don. Es cierto que la diferencia puede ser mínima, y la frontera puede ser difícil de distinguir, sobretodo, en ciertos contextos. Los dones de Espíritu Santo, sólo son siete. Quizá porque el siete sea el número perfecto, pero el caso es que sólo son siete: Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios. Estos siete regalos que nos da el Espíritu Santo, son sobretodo para uso personal. Los carismas, por contra, aunque los podamos tener, son para la comunidad. Y me explico. Con el don de temor de Dios, que veremos más adelante, no es que tengamos miedo a Dios, sino que tememos hacerle daño. Pero esto lo podemos tener a nivel personal y con una intensidad personal. Cada uno tendrá ese don, según sus circunstancias, según lo acepte, según su conciencia... Pero siempre de forma personal. Sin embargo, ¿de qué me sirve un carisma de acogida si no salgo de casa? Es una tontería, que yo tenga el carisma que sea, y que no me sirva para nada. Porque a nivel personal, no nos va ayudar mucho, como decía, tener el carisma de acogida sino salimos de casa, y nadie nos visita. O un carisma de profetizar en lenguas, sino tengo a alguien al lado que tenga un carisma de interpretarlo. Sería inútil, si en vez de carisma, fuese don, porque no serviría para nada. Creo que el ejemplo es bastante explicativo. No obstante, iremos desarrollando el tema poco a poco.


A veces podemos ver la mano de Dios en lo que nos rodea: En la naturaleza, en nuestra vida en familia, en nuestros trabajos,... en todo. Esto hace que lo comuniquemos como lo más normal del mundo, incluso en la sociedad "anti-todo" en la que vivimos. El don de Sabiduría, nos hace comprender las maravillas de Dios. La palabra "sabiduría", procede de "sabor", por eso se dice, que con este don, se saborea la obra, los misterios, la grandeza de Dios. Este don nos lleva a la alabanza, a reconocer la Gloria de Dios. Un gran ejemplo lo podemos ver en el "Cántico de las criaturas" de San Francisco de Asís.

Con el don de Inteligencia, el Espíritu Santo nos hace comprender de forma más profunda la Palabra de Dios. Con este don podemos ver claramente, lo que Dios quiere de nosotros, que seguro será algo muy distinto, a lo que vivimos en la sociedad de hoy. Al adentrarnos más en la Palabra y en las verdades reveladas de nuestra fe, la Inteligencia o Entendimiento, hace que la podamos entender, y en nuestra oración, nos ayuda a interpretar la Palabra, nos la lleva al día de hoy. Este don, nos dejará una gran paz, porque con él sabemos lo que Dios nos está pidiendo, pues la relación con Él se nos hace más íntima, llegamos a comprenderlo un poco más; y por tanto, descansamos en Él, porque confiamos en Él.

El don de Consejo como su nombre indica, es el "consejo" que el Espíritu Santo nos da ante las opciones que se nos plantea en el día a día. Podemos decir, si se me permite la expresión, que estamos "contaminados" del mundo. Es decir, crisis, enfados, pasiones, odios, soberbias, envidias... y con todo esto encima, nos es muy difícil saber cuál es la opción, no más perfecta aparentemente, sino la que Dios quiere o nos recomienda o nos "aconseja". Es como una reforma de nuestras conciencias. En otras palabras; este don es tan importante, que sin el, lo que hagamos, estará lleno de defectos, porque nuestra conducta será puramente humana.

Pidamos al Espíritu Santo de estos dones, que hoy hemos tratado por encima, porque los necesitamos. Porque la Sabiduría, nos lleva a la alabanza, a glorificar a Dios, a saborear tantas cosas como nos regala a diario, empezando por la vida.
La Inteligencia nos lleva a comprender su Palabra, a intimar con Dios, a profundizar en sus verdades... Si tenemos este don, y entendemos de verdad lo que Dios dice, desde el corazón, desde lo más profundo de nosotros, podremos saber explicarlo a los demás. Porque es como mejor se explican las cosas, desde la experiencia personal. Eso, llega al hermano. Lo que es aprendido de memoria, o sin entender, o sin haberlo vivido, no llega porque no se sabe explicar, y eso es peligroso, porque aburre y ahuyenta a los demás.
El Consejo es ese don extraordinario, que debiera ser nuestros pies y manos. Pidamos ese don a Dios, para nosotros y para los demás, porque sin él, no sólo nos equivocamos, sino que vamos equivocando a los demás, y por tanto, dañando y contaminando, a los que tenemos alrededor. Y es que, muy a nuestro pesar, ahí sólo habrá nuestra parte humana, y no estará el Espíritu del Señor actuando. Considero que debe ser un don imprescindible en sacerdotes, jefes de grupos, servidores, catequistas... pues si ellos nos guían, desde su humanidad (no desde Dios) por mal camino, a mal destino iremos.

Por eso Señor, te pedimos que envíes tu Espíritu sobre nosotros, para que nos dé esos dones y carismas que cada uno necesitamos. Tú mejor que nadie, sabes de nuestras dificultades, de nuestras carencias. Y precisamente, necesitamos de armas para la batalla. Tú eres el único que nos proporcionas esas verdaderas armas, que nos ayudarán.

Ven, Espíritu Santo; abrásanos y llénanos de Ti.

sábado, 4 de junio de 2011

Ascensión del Señor

A los cuarenta días de la Resurrección, Jesús asciende al Cielo. Esto es lo que antes celebrábamos uno de los tres jueves del año que brillaban más que el sol, y que, salvo en algunas ciudades que siguen celebrando estas fiestas en jueves, la Iglesia pasó esta festividad al domingo.

Independientemente de qué día se celebre, lo importante es que Jesús ha terminado su misión, nos ha enseñado todo lo que tenía que enseñarnos, nos ha amado como no podemos entender. Y ahora, después de darnos los últimos consejos, nos invita a que sigamos sus pasos, nos invita a llevar la Buena Noticia a todo el mundo, nos invita a que prediquemos la conversión para que todos se salven, nos invita a que nos amemos como Él nos ha amado, pues es su mayor mandato, el mandamiento del Amor.

Pero... ¿Cómo vamos a hacer por el mundo entero lo que no somos capaces de hacer en nuestro alrededor? Cómo vamos a anunciar el Evangelio, si en nuestra propia parroquia, en nuestros propios grupos, en nuestros propios trabajos, en nuestros propios ambientes de amistad... somos incapaces de ser, siquiera humildes? Estamos en una sociedad en la que, al parecer, lo que prima es sobresalir sobre los demás, cueste lo que cueste, caiga quien caiga, pisemos a quien pisemos. Y eso mismo nos envuelve de tal forma que, como decía antes, es capaz de romper familias, amistades, grupos de oración... y así poco a poco, la Iglesia. ¿Qué podemos hacer? Esperar al Espíritu Santo. El Paráclito que nos ha prometido Jesús. Su Espíritu. El Defensor, el que nos va a enseñar el camino a seguir. El que nos dará la fuerza para amar, el que nos quitará los miedos...

Hoy Jesús asciende al cielo, después de pasar por este mundo haciendo el bien, cumpliendo su tarea a la perfección, dando su vida para salvarnos a TODOS nosotros, sin excepción. Hoy Jesús vuelve a la Gloria. Vuelve al Padre. En este detalle del cuadro de Anton Raphael Mengs, vemos cómo el Espíritu Santo y el Padre, esperan a Jesús, en compañía de toda la Gloria celestial, con los brazos abiertos, con todo el Amor infinito que sólo Dios tiene y nos da. Sin embargo, nos ha prometido que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y no sólo eso, sino que, como decíamos antes, nos enviará su Espíritu.

Por eso mismo, desde YA, debemos empezar a invocar al Espíritu de Dios, para que el próximo domingo venga con fuerza sobre nosotros, con poder, llenando nuestros corazones de Amor, y regalándonos sus dones, que no son otra cosa más que armas y escudos para la batalla, y que, debemos saber usarlos para la Gloria de Dios y bien de nuestras almas.

También es nuestro deber ser dóciles a la voz de Dios. Saber escuchar (que no es lo mismo que oír) lo que nos pide para poder llevar a cabo lo que nos encomiende, dejando de hacer nuestra voluntad para hacer la voluntad de Dios. Sí, todos decimos lo mismo, pero lo difícil es llevarlo a la práctica, pues el enemigo nos tienta y terminamos haciendo el mal y daño a los demás, destruyendo poniendo de tapadera al Señor (diciendo que hacemos lo que el Señor quiere) en lugar de construir el Reino de Dios.

Por eso quiero decirte Señor que, aunque vuelves al Padre, gracias por quedarte con nosotros, gracias porque nos has prometido tu Santo Espíritu, gracias por la fuerza que nos das, gracias por tu Amor y Misericordia, y perdona por las veces que te hemos dañado y que, desgraciadamente, seguro seguiremos haciendo.

Sólo me queda decirte: Gracias por ser mi AMIGO. ¡Bendito seas Señor!
Bendice a todo el hermano que esté leyendo esto.

martes, 31 de mayo de 2011

María, nuestra Madre.

María, la Madre de Jesús y Madre nuestra, estando encinta, visitó a su prima Isabel. "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!", fueron las primeras palabras de Santa Isabel, nada más oír la voz de la Virgen. Esas mismas palabras, hoy las repetimos en cada "Ave María" que rezamos. Y en verdad, es así. Ella es bendita entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de su vientre: Jesús.
Estando en los primeros meses de su embarazo, con todo lo que eso conlleva, María va a visitar a su prima, que también estaba esperando un hijo, al que hoy conocemos por San Juan Bautista; el que bautizó a nuestro Señor.
Dice San Lucas, que María se quedó con su prima unos tres meses, y luego volvió a su casa. Es decir, su embarazo avanzaba, y aún así, se quedó a ayudar su prima, que andaba más avanzada que Ella.

Pero lo más sorprendente, lo más maravilloso de este pasaje que hoy tenemos, es la oración, el cántico que salió de la boca y del corazón de la Virgen: El Magnificat.

En esta oración, lo primero que hace es una alabanza a Dios, admirando su grandeza, su poder, sus maravillas..., seguido de un gran acto de humildad por su parte. María no "se crece" al saberse la Madre de Dios, no. Todo lo contrario. Es más, tal y como le había dicho al ángel en la Anunciación, se hace esclava del Señor, y lo confirma en esta oración. A continuación, habla de la gran Misericordia de Dios, que no tienen fin. Sin embargo, aunque la Misericordia de Dios es infinita, también es infinitamente justo. Lo comprobamos en esta contraposición: Derriba a los poderosos, dispersa a los soberbios de corazón y enaltece a los humildes. A los hambrientos, los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Y finaliza, como no podía de ser de otra manera, con la esperanza en el Señor: Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Simplemente, maravilloso.

La Virgen es el ejemplo de humildad que debemos seguir. Ya en la alabanza primera, hace un gran acto de humildad; y es que reconoce la grandeza de Dios. Sólo Dios es Grande, sólo Dios es Todopoderoso, sólo Dios es Creador.

La Virgen es ejemplo de esclavitud. No sólo es la esclava del Señor, sino que se hace sierva de Isabel. Y cuando hablo de esclavitud, me refiero a servicial, a que brinda su ayuda. También a nosotros nos brinda esa ayuda constantemente, y no acudimos a Ella todas las veces que podemos. Hoy, nos lo vuelve a recordar.

La Virgen es ejemplo de obediencia de bien hacer. Nos advierte del Poder de Dios. Sabe lo que está bien y lo que está mal. Lo que agrada a Dios y lo que no quiere Dios de nosotros. Y nos lo muestra, nos lo enseña, para que no tengamos duda. Tanto es así, que hasta en las últimas apariciones, nos lo vuelve a decir: "Sed humildes". Y es que la soberbia, es el peor pecado, el primer pecado, y el que no somos capaces de quitarnos de encima ni porque Ella nos lo diga.

Por eso María, Madre nuestra, quiero agradecerte todo lo que haces por nosotros. En este último día del mes de mayo, he querido tener este detalle contigo. Un detalle que no quiere ser otra cosa que gratitud y pedirte perdón. Hoy acudimos a Ti, que nos brindas tu ayuda, para que nos alientes a seguir por el camino correcto. Tú, que tienes ese discernimiento que nosotros no tenemos, enséñanos hoy otra vez, lo que agrada a Dios para que seamos capaces de llevarlo a la práctica. Quizá lo que le agrade, sea que nos dejemos llenar de Él. Ayúdanos a eso, María. Pese a que nosotros a veces nos olvidemos de que estás ahí, Tú no te olvides de nosotros, porque somos unos necios que nos dejamos llevar por la soberbia, y nos alejamos de la humildad que debiéramos tener. No nos dejes, Madre, que sin Tí, andamos perdidos. Somos como esos niños traviesos que desobedecemos a nuestra Madre en nuestra ignorancia, pero que no por eso dejamos de quererla, y no dejamos de necesitarla a nuestro lado. Esos somos tus hijos, y Tú eres esa Madre paciente que nos ayudas las veces que hagan falta. Por eso también, queremos pedirte perdón. Por los momentos de desobediencia, de caprichos, de enfados absurdos, y de creernos imprescindibles y autosuficientes. Perdónanos, intercede ante tu Hijo por nosotros, y ten paciencia con nosotros.
Gracias de nuevo por ser nuestro ejemplo de humildad, de obediencia, de esclavitud... de Amor. Danos la gracia para que, también nosotros, podamos ir llevándolo a nuestras vidas, como hiciste Tú.

María, Madre nuestra; ruega por nosotros.

El Señor os bendiga.