lunes, 4 de abril de 2011

La Cruz y el Icono de María.

El pasado sábado día 2 de abril, coincidiendo, como ya sabemos, con el VI Aniversario de la Muerte de Juan Pablo II, se clausuraba en Algeciras, la visita de la Cruz y el Icono de María en la diócesis de Cádiz.

La Eucaristía de la clausura fue presidida por el Sr. Obispo, D. Antonio Ceballos, en la parroquia de Santa María del Saladillo.

Durante más de un mes, esta comunidad parroquial, estuvo preparando el gran acontecimiento. Tanto el párroco, como todos los grupos parroquiales, trabajaron duramente y con gran ilusión, para recibir con enorme alegría a la Cruz y al Icono de María, y traer un trocito de lo que será la Jornada Mundial de la Juventud y contagiar, no sólo a su barrio, sino a todos los presentes que asistieron al acto.

Concluida la Eucaristía, la Cruz y el Icono, fueron llevados al puerto, donde embarcaba para seguir su peregrinación, en este caso a Ceuta.

Enhorabuena a todos por esa comunidad de Santa María del Saladillo, porque ese trabajo "ha dado sus frutos incluso si la Cruz no hubiera venido al final" como dijo su párroco, el P. Yelman Francisco Bustamante.


En esta foto, vemos un grupo de jóvenes, que esperaban la llegada de la Cruz y el Icono a la parroquia. Otros muchos venían acompañándolos, y otros esperaban dentro del templo.










Un templo a rebosar -no sólo de fieles, también de alegría, amor, buen ambiente y unidad-, celebraba la Eucaristía presidida por D. Antonio Ceballos, Obispo de Cádiz y Ceuta.
La Cruz estaba repleta de "posits" de colores, fruto de las oraciones que hicieron los jóvenes, en la vigilia que tuvieron la noche anterior.






La Cruz y el Icono, son portados por los jóvenes, en su mayoría pertenecientes al grupo Scout´s de la parroquia, hasta el puerto.



viernes, 25 de marzo de 2011

Ave, Gratia Plena

Celebramos la solemnidad de la Anunciación a la Santísima Virgen María.

En la Anunciación, el Arcángel Gabriel, es enviado por Dios a la Santísima Virgen para pedirle que sea la Madre del Verbo por obra y gracia del Espíritu Santo.

Esta escena la recordamos todos los días del año, menos en Pascua, en la oración del Ángelus.
Desde el momento en que María dice SÍ, en su pobreza, en su humildad, en su pequeñez... inmediatamente se produce la Encarnación del Hijo de Dios.

Jesús, en el acto de humildad más grande, siendo Dios, se hace hombre para redimirnos del pecado y abrirnos las puertas del Cielo. Esta Encarnación es para salvar a todos los hombres sin excepción, pero en su libertad, muchos hombres la desechan, no la quieren.

María, aún sabiendo o intuyendo lo que podía ser convertirse en la Madre de Dios, en un ejemplo de humildad, asume toda la responsabilidad que conllevaba, y acepta la propuesta de Gabriel. No era nada fácil. Ella era pobre, humilde, sencilla, y no se veía digna de tan gran misión. Pero además es obediente, llena de gracia, inmaculada, y esclava del Señor. Asume ser la Madre por excelencia, tiene a su Hijo, lo cría, lo educa, le da todo lo que necesita y está con Él hasta el final.

María es ejemplo de docilidad, bondad, paciencia, sinceridad, acompañamiento, amor, confianza en Dios y sobretodo de Madre.

Por eso mismo, mi oración de hoy va dirigida a todas esas mujeres que no quieren tener a sus hijos. Para que María las proteja con su amor y les haga ver el ERROR tan gigante que van a cometer. Seguro que María tuvo muchos miedos, y sin embrago, como decía antes, siguió al lado de su Hijo desde el momento de la Encarnación hasta la Muerte en la Cruz. Ella "no se quitó el problema" como dicen muchos cuando se refieren al aborto. Dios quiso que su Hijo fuese concebido y naciera, y eso es lo que hizo la Virgen. Por eso, es nuestro ejemplo de Maternidad, en la que las chicas y mujeres de hoy deben fijarse, porque tienen la grandeza de poder dar a luz a una criatura, a un regalo que Dios les envía y que ellas no quieren.

Al igual que María, todos tenemos una misión en la Tierra. Pero muchas mujeres no aceptan la misión de ser madres y, no contentas con eso, matan a sus hijos de forma que ellos tampoco pueden desempeñar la misión con la que vienen al mundo.
Jesús pudo nacer, y murió para salvarnos a todos. A ti, a mí, a los niños que no nacen, a las madres que matan a sus hijos antes de que nazcan... a todos.

Oremos para que dejen de practicarse abortos en el mundo y especialmente, unámonos todos hoy, en este día tan señalado, para que, al igual que María, todas las mujeres den a luz a sus hijos.
Que María Santísima se lo haga ver, sobretodo, a las que están a punto de abortar, incluso a las que, simplemente se lo están pensando.

Señor, envía tu Santo Espíritu sobre estas hijas tuyas que están a punto de abortar. Ábrele los ojos y enséñales el camino que deben seguir. Que todos estos niños concebidos puedan nacer. Detén esta actual matanza de santos inocentes, para que, si es Tu Voluntad, vivan y lo que hagan sea para Tu Gloria y bien de sus almas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Perdón

¡Qué grande es el AMOR de Dios por nosotros! y ¡qué poco lo valoramos!.
Jesús, después de haber sido azotado, escupido, coronado de espinas, golpeado, insultado; después de cargar con un madero que sólo Él sabe cuánto pesaba. Cuando ha sido crucificado en ese madero, cuando está desangrado y a punto de perder su vida. Ya sin fuerzas, perdona al ladrón arrepentido. Y no sólo eso, pide al Padre perdón por los que lo crucifican porque, según dice Él "no saben lo que hacen". Nosotros no sabemos lo que hacemos cuando le ofendemos una y otra vez, y otra vez, y otra vez... Lo crucificamos, y sin embargo su Misericordia infinita hace que nos perdone. Por eso digo de nuevo: ¡qué AMOR tan grande! Difícil de que entre en nuestro cerebro finito, pero posible de entender (algún día) para nuestro corazón de hijo suyo.

Sí, esa es nuestra meta; llegar a cumplir con el mandamiento que resume toda su doctrina: "Amaos unos a otros, como yo os he amado".

Nuestra naturaleza humana nos impide llegar a eso, porque las tentaciones nos pueden y, por tanto pecamos. Pecamos de falta de AMOR. Por eso queremos ser los primeros en todo pese a quien pese, caiga quien caiga. Por eso, no sólo no nos alegramos de lo bueno de los demás sino que le deseamos el mal. Por eso vamos faltando a la verdad, con el único propósito de quedar bien. Por eso hablamos mal de los demás. Por eso levantamos rumores del prójimo y lo vamos pasando de boca a oreja, para que se extienda hasta que la madeja sea gigante y difícil de deshacer. Por eso matamos al que nos estorba (violencia de género, abortos, eutanasias, terrorismo...) Por eso codiciamos lo que tiene el otro aunque a nosotros no nos haga falta. Por eso las drogas y el sexo nos envuelven sin llevarnos a ningún buen puerto... Por eso y por muchísimas más causas somos incapaces de pedir perdón, aunque sea por pisar a alguien.

Nos cuesta pedir perdón. Y nos cuesta perdonar.

El Perdón no es sólo pedir perdón; esto es, decir la palabra "perdón". El perdón conlleva le pérdida de ese resentimiento. Es cierto que no podemos olvidar, pero ese "no olvidar" no puede ser de venganza, sino que debe servirnos de experiencia para no volver a equivocarnos en la misma cuestión.

Hay una frase de la Madre Adela Galindo, fundadora de SCTJM (Siervos de los Corazones Traspasados de Jesús y María) que me gusta mucho y resume un poco lo que quiero explicar. Dice así: "El amor debe ser visible, debe ser percibido para que el amor sea creíble". Pienso que esto es una maravillosa verdad. Nuestro perdón debe ser visible, perceptible. No basta con una palabra, tenemos que demostrarlo. Ya decía Jesús, "... por sus obras los conoceréis...". Y es cierto, podemos decir palabras hermosísimas, pero sino las sentimos de verdad en nuestro corazón, no lo podremos demostrar.

Pero no podemos caer derrotados ante nuestra incapacidad. Dios es perfectamente consciente de nuestras limitaciones. ¡Cómo no serlo si es nuestro Padre y Creador! Por eso, haciendo todo lo que está en nuestras manos, a veces no podemos avanzar más. Y es que somos humanos, y Él es el que hace la obra en nosotros. Pidámosle pues, que nos ayude a perdonar como Él lo hace con nosotros. Pidámosle que nos dé ese AMOR para que sepamos y podamos regalarlo a los demás. Y hagámoslo de verdad. Oremos.

Que sepamos decirte, Señor, desde lo más hondo de nuestro ser, la frase que revelaste a Santa Faustina Kowalska: "Jesús, confío en Ti". "Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero". Derrama tu infinito Perdón sobre nosotros. Abrázanos en tus brazos de Padre con esa ternura que sólo Tú puedes darnos. Somos pecadores y necesitamos de Ti. Ojalá algún día podamos cumplir lo que tantas veces repetimos en la oración que Tú nos enseñaste "...como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..." Ayúdanos a perdonar y a tener la humildad de pedir perdón.

En este tiempo de Cuaresma Señor, ayúdanos, conviértenos, perdónanos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Miércoles de Ceniza

Hoy es Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma. Por eso he querido traer este cuadro de Pieter Brueghel el Viejo. Bueno, en realidad, como ya sabéis, he preferido coger un detalle; detalle que, precisamente, da título a esta obra: "El combate entre don Carnal y doña Cuaresma". Y es que no es casualidad que el carnaval lo celebremos justo antes de este tiempo litúrgico. Antiguamente, y por supuesto en la Edad Moderna, momento en el que Brueghel pinta esta tabla (1559), no había métodos para guardar la comida, que no se iba a utilizar, sin que se estropeara. El tiempo de Cuaresma era un tiempo de oración, ayuno y limosna. Como hoy. Ante ese ayuno y, ante la incapacidad de conservar los alimentos, había que gastarlos para no desperdiciarlos. Por eso se celebraba el carnaval, fiesta en la que, más que disfraces, se despilfarraba la comida y la bebida. El consumo de alimentos, por la razón ya mencionada, tenía que ser absoluto.

El cuadro tiene más escenas que merecen la pena en este aspecto, pero lo que nos trae aquí es especialmente este detalle pictórico.

Vemos a don Carnaval, o don Carnal, bien grueso, subido en un barril de cerveza, lleva por sombrero una tarta o pastel, y en lugar de una lanza para en enfrentamiento, carga en su mano derecha con una brocheta gigante de, lo que puede ser carne asada. Por su parte, doña Cuaresma, una señora escuálida, se enfrenta, sentada sobre un reclinatorio y llevada por una monja y un monje, con una pala con dos arenques (símbolo de la abstinencia). Por sombrero posee una colmena (miel de cuaresma).
No hace falta decir que siempre gana dona Cuaresma.

Y es que, como decía antes, hemos entrado en este tiempo de oración, limosna y ayuno. Un tiempo que nos lleva a una fiesta mucho mejor que la que dejamos atrás. Es la Fiesta por excelencia. La Pascua. La Resurrección del Señor. Pero para llegar en condiciones a esta gran Fiesta, debemos prepararnos en estos cuarenta días que nos separan de la Semana Santa, en la que celebraremos la Pasión y Muerte de Jesús.

Nuestro propósito debe ser convertirnos, como se nos decía hoy en la imposición de la ceniza. Mejor dicho, hacer lo posible para que el Señor nos convierta, que es el único que puede hacerlo, ya que nosotros, por nuestros propios medios no podemos.

Por eso, pidamos al Señor que nos convierta y, arrepentidos de nuestros pecados, y con la alegría de sabernos hijos suyos, podamos llevar su Palabra allá donde vayamos.
Que este tiempo fuerte que hemos iniciado hoy, sepamos vivirlo intensamente y nos sea fructífero a cada uno de nosotros.

El Señor os bendiga.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La batalla

Una vez más quisiera que todos nos uniéramos para luchar en esta batalla contra el mal. ¿Por qué? Porque todos estamos en la misma lucha constante. En alguna ocasión les toca más a unos que otros, pero por eso mismo, no debemos bajar la guardia nunca, y cuando nos toca "descansar", nuestro deber es ayudar al que más lo necesita, al que está siendo más atacado, al que está más débil. Es cierto que Dios permite estos ataques para que crezcamos, para que nos hagamos más fuertes, para que nuestras virtudes engorden o consigamos alguna nueva. Pero esto no quiere decir que no trabajemos; todo lo contrario. Si todos somos iguales, todos necesitamos de todos. De ahí mi llamamiento a unificar oración, unificar las armas que Dios pone a nuestro alcance; ya que a unos nos da unas y a otros les da otras.

Hoy quiero denunciar varias actuaciones. Pero no es una crítica destructiva. Es una denuncia para que estemos alerta. Puede que no haga falta el aviso, pero en estos casos más vele pecar por exceso que por defecto.

Últimamente estoy siendo muy pesado con las mentiras. Pero esos falsos testimonios, posiblemente fruto de la envidia, hacen mucho daño. Este daño puede ser psíquico, físico a nivel corporal, físico a nivel material... Es por eso que, a veces decimos coletillas del estilo "no levanto cabeza". Esta lucha, como decía antes, es buena porque nos fortalecemos, pero en la batalla nos vamos debilitando y necesitamos que nos echen una mano.

¿A qué vienen esas mentiras? Antes mencionaba que la razón puede ser la envidia. O simplemente provocarnos ese malestar, inducido, por supuesto, por el demonio. Nuestra oración de liberación debe ser sincera, constante, fuerte... Hemos de tener en cuenta que es uno de los escudos que poseemos. A parte de otras armas de combate como la oración personal, comunitaria, oraciones hechas, entre las que destacamos principalmente el Santo Rosario. Pero también es bueno acudir a los santos y demás ángeles de Dios. San Miguel, es por excelencia el príncipe de la milicia celestial, y a él debemos acudir con frecuencia. (Efesios 6,10-17).

En las oraciones comunitarias debemos tener cautela, pues a veces la soberbia que produce el protagonismo, impide que fluya la oración. Y es que a veces confundimos "la velocidad con el tocino". Pensamos que por ir a misa diaria o ser miembro de un grupo de oración, ya somos buenísimos, poseedores de la verdad absoluta, sentamos cátedra cuando abrimos la boca y, por supuesto, tenemos ese "derecho" de hablar de otros diciendo mentiras sobre ellos o, simplemente levantando un rumor, que al final termina por ser un escándalo. Y no me refiero al escándalo de ruido, sino escandalizar con nuestras palabras a esos otros.
De la misma manera hay quien confunde el asistir a algún retiro, ya sea de sanación, de intercesión, liberación, alabanza... con tener esos dones. Me explico, el que yo asista a un retiro de sanación, no conlleva necesariamente que, por esa razón, Dios me dé ese don de sanación. Y puede que no tenga ese don, pero por asistir me lo crea, y voy imponiendo manos bajo la escusa de que yo voy a esos retiros. ¡Cuán equivocados estamos!. Por eso, esa acción de imponer las manos, más que beneficiaria, puede ser perjudicial.

¡Nuestra misión es ayudarnos, no dañarnos! Vale que puede que nuestra intención sea buena; pero eso no basta. El enemigo está esperando a ver la rendija para colarse, y nuestras acciones pueden ser, no digo ya la rendija, sino el martillo que va abriendo camino.

Es por eso que hoy quiero pedir especialmente por nuestra liberación. Para que el Señor nos ayude en esta dura batalla que libramos diariamente. También se lo quiero pedir por mediación de María, Su Madre, nuestra Madre. Por mediación de San José, pues el mes de marzo, en el que estamos, la Iglesia se lo dedica a él. Por mediación del arcángel San Miguel, y la de todos los santos y ángeles. Para que Jesús nos cubra con su preciosa y bendita Sangre y nos libre de todo mal.
Y nosotros, no decaigamos. Sigamos luchando con la confianza de que, si estamos al lado de Dios, nada nos puede pasar, porque la ¡la VICTORIA es de nuestros DIOS!

El Señor os bendiga.

jueves, 24 de febrero de 2011

La mentira

El pecado original fue la soberbia del hombre, el querer ser como Dios, conocedor del bien y del mal (Gn. 3,4). Pero este pecado fue inducido por una mentira (Gn. 3,13).
Hay muchas clases de mentiras, pero lo que no podemos negar es que la mentira, sea cual sea, nos ata. Como pecado que es, nos quita la libertad.
La persona que miente, queda intranquila, por temor a que se descubra que lo que dice no es verdad. Por otro lado, la persona a la que se ha mentido, por regla general, tiende a desconfiar de la persona que le mintió. Es decir, que por una mentira podemos quedar bien, pero tarde o temprano nos descubren, entonces es cuando nos acusan de haber obrado mal, perdemos la confianza depositada en nosotros.
Varias frases hemos oído alguna vez ante el descubrimiento de la mentira: "Las mentiras tienen las patas muy cortas", "se coge antes a un mentiroso que a un cojo"...

Todos sabemos que el padre de la mentira es el diablo; por eso, como procede de él, crean angustias, desconfianza, rompen la relación de amistad, familiar, comunidad... y el Señor denuncia la mentira como acto diabólico (Jn. 8,44), precisamente por lo que decía antes, por provenir de donde proviene.
El mentiroso se vuelve esclavo dela mentira. Vive una vida llena de pretextos, escusas, temores; se vuelve más soberbio, no quiere aprender, no es servicial, el sentimiento de culpa le corroe, no está en paz y quita la paz, etc.

Pero no sólo se miente diciendo mentiras. Callando y ocultando las cosas, es también una forma de mentir, pues no dice la verdad. Esto es, el mentiroso no es claro, y sin querer se delata en el día a día porque no es capaz de mirar a los ojos por temor a ser descubierto. Vive en esa agonía de intentar tapar lo que quiere ocultar. A veces, cuando veo que hay tanta mentira y que ya es difícil mantenerla toda, suelo equiparar esa suma de mentiras con una mesa muy larga, como para doce comensales; y se quiere tapar con una simple servilleta. Como es normal, no se puede, es materialmente imposible. Por tanto, al final se termina por descubrir la verdad. Esto lo podemos ver en el libro de los Proverbios: "La justicia del inocente le allana el camino, el malvado cae en su propia maldad" (Prov. 11,5) El mentiroso termina delatándose él mismo.

Pero lo peor de todo es el daño que se hace con la mentira a los demás. En ocasiones, pienso que no somos conscientes de esto. En el mismo libro de los Proverbios, capítulo 11, versículo 9, nos dice: "El malvado arruina a su prójimo con la boca, pero los justos se salvan por su saber". En este apartado de la mentira, entran los chismes, rumores, las propias mentiras (en el sentido literal de la palabra)...

Si para colmo, el VIII Mandamiento de la Ley de Dios, nos dice "No dirás falsos testimonios ni mentirás"; ¿por qué se miente?. La respuesta es clara, hemos sido tentados en algunas ocasiones, pero en nuestra libertad hemos optado por consentir la tentación y llevarla a la práctica. Pero, ¿qué ganamos con mentir?

Muchas veces decimos que "con la verdad se va a todas partes". Y, valga la redundancia, es una maravillosa verdad. Estamos tranquilos, no tememos a nada ni nadie, nuestra conciencia está limpia, no dañamos a nadie, y pueden confiar en nosotros.

El que miente rechaza la verdad. Si la Verdad es Cristo, lo rechaza a Él. Por tanto, seamos sinceros y sigámosle, que es el que nos da la Paz.

El Señor os bendiga.

domingo, 6 de febrero de 2011

La vocación

Por iniciativa de un gran Amigo, y aunque no corresponde con el Evangelio del día, hoy traigo una pequeña reflexión sobre una cita de Mateo. Se trata de Mt. 4, 18-22. Para que no exista lugar a distintas interpretaciones bíblicas, está sacada de la Biblia de la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

"Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo "Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron".

Siempre que escuchaba o leo esta cita, me imaginaba que los apóstoles quedaban como hipnotizados por la presencia de Jesús y lo seguían. De esa forma dejaban sus redes, su barca y, en el caso de Santiago y Juan, incluso a su padre. ¡Qué cara se le quedaría a Zebedeo! Pero Jesús sabía lo que hacía. Él que se humilló, siendo Dios, se hizo hombre. Y no es casualidad que eligiera personas humildes, pescadores que no sabían más que de su trabajo. Conocían el mar, sus oleajes, su belleza, su traición, la pesca según la climatología, las redes, tejerlas... pero nada más. Sin embargo quiso que estos hombres pobres, fueran los que llevaran la Buena Nueva al mundo entero.

Meditando un poco sobre la cita, sobre la llamada, sobre la vocación de estos apóstoles, pensé que "inmediatamente" no era en el sentido literal. Al igual que nosotros, cuando somos llamados por Dios a ser sacerdotes, religiosos, laicos... no lo hacemos inmediatamente, porque requiere oración, dudas, consultas, noches de insomnio... Pero lo que he visto claro, y es una opinión personal, es que dejar inmediatamente las redes, la barca, su padre; es dejar aquello que nos pueda atar a llevar a cabo la misión que Dios nos encomienda. El trabajo de los apóstoles era ser pescadores. A veces nuestro trabajo (redes, barca), nuestra familia (su padre), la sociedad, el mundo, la rutina, el día a día, nos envuelve de tal manera que nos impide, no sólo hacer lo que Dios quiere que hagamos, sino, incluso, acercarnos a Dios. No quiere decir que dejemos nuestros trabajos, pero, sea cual sea nuestra llamada, nuestra vocación, es conveniente no dejarnos llevar por lo que nos rodea. Hay excepciones, como por ejemplo los/las monjes/monjas o sacerdotes, que su trabajo, su misión es ser auténticos apóstoles. Por eso no pueden tener otro trabajo que les entorpezca su labor. Viven únicamente para evangelizar, para anunciar el Evangelio. Pero no es sólo labor suya, los laicos también debemos hacerlo, incluso en nuestro trabajo, en nuestras familias, con nuestras amistades, con nuestro ejemplo sincero y verdadero.
Cada uno estamos llamados de una forma distinta, y nuestra forma de evangelizar es distinta. Pero el fin debe ser el mismo. Cada uno debe saber a qué está llamado, y lo que debe dejar en el camino para acudir a su llamada.

Aprovecho para pedir al Señor por las vocaciones sacerdotales y religiosas que tanta falta nos hace. Son un cayado importante en el que nos apoyamos de vez en cuando.
Hoy nos dice su Palabra, que debemos ser sal y luz del mundo. Pues que Él, que es la verdadera Luz del mundo, nos ilumine el camino para que podamos ver lo que quiere de nosotros, que sepamos ver cuál es nuestra llamada y que, siendo dócil a su voz, sepamos desempeñar nuestra misión como Él quiere, siendo esa sal y esa luz del mundo.

El Señor os bendiga.

lunes, 31 de enero de 2011

Elecciones

En algún momento del año en nuestras parroquias, suele haber elecciones de distintos grupos parroquiales. Elecciones de hermandades y cofradías, de grupos de oración… y es normal. Cada cierto tiempo es bueno cambiar para así, dejar lugar a nuevas ideas, proyectos, ilusiones, aprendizajes…

No tengo nada en contra de las elecciones, ni tengo inconveniente en votar cuando hay que hacerlo. Sí discrepo en algunas cosas, pero que son casi inevitables, y eso es lo que traigo hoy aquí.

Las elecciones, sean del grupo que sea, van regidas por unos estatutos. Estos deben cumplirse nos gusten más o nos gusten menos. Son las normas que se nos ponen para el, en principio, buen funcionamiento., o para unir criterios. No vale hacerlo todo “en familia” si no vamos a cumplirlos, porque luego tendremos problemas.

Eso por un lado. Y por otro, aunque sean elecciones, en mi opinión no son para gobernar un ayuntamiento, región o estado. Los que se presentan, están para poder dar un servicio gratuito a la comunidad. Están para trabajar por Dios y por el resto de los hermanos. Y debe tener una serie de requisitos. Y me explico. Al igual que no todo el mundo sirve para ser cirujano cardiovascular, o mecánico de Fernando Alonso, o ser una gran estrella del baloncesto como Pau Gasol; de la misma manera no todos servimos para ser, monitores, servidores , responsables de grupos, hermanos mayores… En los casos que tratamos, jugamos con las almas de los demás. Sí, suena fuerte, pero podemos confundir a los demás llevándolos por el mal camino, o por el camino equivocado. Debemos presentarnos, si cumplimos esos mínimos requisitos, y ya está. Esto es, dejar el resultado en manos de Dios. Si no salimos elegidos, es porque Dios no ha querido, o porque no es nuestro momento. Pero lo que me revienta de verdad, es ver cómo se hacen campañas para ser elegidos. Gente que no te saluda, de pronto te saluda con una sonrisa y se paran a preguntarte cómo estás. En otros casos se convierten en “generosos” e invitan en su casa a comer, cenar, merendar… a otros hermanos con el fin de ganarse esos votos. En pre-elecciones, los “candidatos” se vuelven más simpáticos, generosos, amables, sonrientes, caritativos, salen a leer las lecturas en misa… hasta que consiguen su objetivo. Una vez que tienen el “poder”, vuelven a ser como antes.

¿A caso no es una contradicción? ¿Para quién trabajamos, para los demás o por nosotros mismos? ¿No parece un alimentar nuestro “yo” sin parar? A veces, después de unas elecciones, vemos el aparente triunfo del hombre. Y digo aparente, porque luego vemos los resultados. Quieren hacerlo todo ellos sin contar con Dios. De boca para fuera bendicen y dicen palabras bonitas, pero no son más que eso; palabras que se lleva el viento, como los fariseos. Que se note que estamos aquí. El protagonismo, el egoísmo, la envidia… son frutos podridos que dan este tipo de comportamientos. “Por sus obras los conoceréis” nos dice Jesús.

Si dejamos esto en manos de Dios, y que sea Él el que nos lleve, todo irá bien. Pese a que no seamos elegidos. Y, ¿por qué hacer campaña electoral si vamos a confiar en Dios, que es lo que vamos pregonando por ahí? Supongo que nos falta la humildad que predicamos de boca, pero que, con nuestro ejemplo, dejamos muchísimo que desear.

Pidamos al Señor esa humildad que necesitamos todos, y dejemos que se encargue Él de guiarnos. No nos empeñemos en hacerlo nosotros, porque nos iremos y, lo peor de todo, es que llevaremos a un montón de personas con nosotros, a la miseria espiritual.

Que el Señor nos bendiga y su Madre María Santísima nos acompañe siempre.

lunes, 24 de enero de 2011

Tenía que pasar

Hoy por la mañana necesitaba usar el coche porque tenía que hacer unas gestiones. Cuál fue mi sorpresa cuando no podía hacer contacto. La batería estaba bien, así que la avería debía ser otra.

Llamé al taller y al seguro para que viniese una grúa a recogerlo. Mientras tanto iba pensando que estaba fastidiado por no poder hacer lo que tenía que hacer; sin embargo mi preocupación no llegó a más. Simplemente pensé: "Señor, este impedimento me lo has puesto por alguna razón que desconozco. Tú mejor que nadie sabrás por qué". Se solucionó todo, se llevaron el coche y ahí quedó la cosa. Ahora debo esperar que me llamen del taller.

En estos pequeños detalles es donde comprobamos nuestro crecimiento. Si este imprevisto me hubiera pasado antes, en otro momento de mi vida, quizás me hubiera puesto nervioso, agobiado... pero no ha sido así. Sé perfectamente que el Señor no quería que hiciera estas gestiones hoy. Y aunque me sabe mal lo del coche, sé que las cosas pasan cuando Dios quiera; en su tiempo, no en el nuestro.

Quiero dar las gracias a Dios porque hoy, un día más, me fío de Él y acepto su voluntad cualquiera que sea; aunque solo fuese ese detallito del coche que tanto me aguó (aparentemente) el día.

El Señor os bendiga.

viernes, 14 de enero de 2011

Benedicto XVI beatificará a Juan Pablo II el 1 de mayo.

CIUDAD DEL VATICANO, 14 ENE 2011 (VIS).-Benedicto XVI presidirá el próximo 1 de mayo, en el Vaticano, II Domingo de Pascua, de la Divina Misericordia, el rito de beatificación de Juan Pablo II

En una nota informativa de la Congregación para las Causas de los Santos se afirma que "hoy, 14 de enero, durante la audiencia concedida al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa ha autorizado a este dicasterio a promulgar el Decreto sobre el milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II (Karol Wojtyla). Este acto pone fin al proceso que precede al rito de beatificación.

"Como se sabe, la Causa, por dispensa pontificia, comenzó antes de que transcurrieran los cinco años desde la muerte del Siervo de Dios, exigidos por la normativa vigente. Esta medida fue solicitada por la imponente fama de santidad de la que gozó Juan Pablo II en su vida, en la muerte y después de la muerte. Por lo demás, se observaron en su totalidad las disposiciones canónicas comunes acerca de las causas de beatificación y canonización.

"De junio de 2005 a abril de 2007 tuvieron lugar la investigación diocesana principal romana y las rogatoriales en diferentes diócesis, sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad y de milagros. La validez jurídica de los procesos canónicos fue reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos con el Decreto del 4 de mayo de 2007. En junio de 2009, examinada la "Positio", nueve consultores teólogos de la Congregación dieron su parecer positivo sobre la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios. En noviembre, siguiendo el procedimiento habitual, la misma "Positio" fue sometida al juicio de los cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos, que se expresaron con sentencia afirmativa.

"El 19 de diciembre de 2009, el Sumo Pontífice Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

"En vista de la beatificación del Venerable Siervo de Dios, la postulación de la causa presentó al examen de la Congregación para las Causas de los Santos la curación de la "enfermedad de Parkinson" de la hermana Marie Simon Pierre Normand, religiosa del Institut des Petites Soeurs des Maternités Catholiques.

"Como es habitual, las numerosas actas de la investigación canónica, regularmente instruida, junto con los detallados exámenes médico-legales, se sometieron al examen científico de la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos, el 21 de octubre de 2010. Sus expertos, tras haber estudiado con la habitual minuciosidad los testimonios procesales y toda la documentación, se expresaron a favor de que la curación era científicamente inexplicable. Los consultores teólogos, tras haber revisado las conclusiones médicas, el 14 de diciembre de 2010 procedieron a la valoración teológica del caso y reconocieron por unanimidad la unicidad, la antecedencia y la invocación coral dirigida al Siervo de Dios Juan Pablo II, cuya intercesión había sido eficaz para la curación milagrosa.

Por último, el 11 de enero de 2011, se celebró la Sesión Ordinaria de cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos, que emitió un fallo unánime y afirmativo, considerando milagrosa la curación de la hermana Marie Simon Pierre, en cuanto realizada por Dios de modo científicamente inexplicable, después de interceder al Papa Juan Pablo II, invocado con confianza tanto por la misma persona curada como por muchos otros fieles".


Información: Oficina de Prensa de la Santa Sede.

http://press.catholica.va