lunes, 17 de agosto de 2009

¿Hermanos Costaleros?

El hombre es soberbio por naturaleza. De hecho, lo que llamamos “pecado original” no es otra cosa que soberbia. Y es que desde el principio de los tiempos, todos queremos ser grandes.
La vida es como una rueda, y como tal, las situaciones que vivimos no son nuevas, ya se han vivido en otro momento y en otro lugar quizás. Es un ciclo. Como un reloj.

Cuando en una guerra un grupo se debilita tras una batalla, no quiere decir que desaparezca, sino que, simplemente eso; está debilitado. ¿Pero qué sucede?, que el enemigo aprovecha para meter sus topos en el grupo debilitado, y los que no eran nada, aprovechan para tener un cargo de sargento o capitán. Todos meten el codo para subir de cargo y poder saber más y gobernar sobre los demás… ¡ay, el famoso poder!

Muchos de los que hemos estado dentro del mundo cofrade, sabemos que esto pasa también en nuestras hermandades ¿verdad? Después del anterior gobierno por parte de una junta; la nueva, recién elegida, algo desorientados, en su primera aparición pública en los cultos externos, sólo quiere lucir varas, insignias, mantillas, cara de los domingos… pero, ¿quién lleva el paso? Si no existieran costaleros, poca imagen sacarían a la calle. Si ellos mismos cargasen, no se les vería, y por tanto, no serían de la junta de gobierno… y es que aparentar lo que no somos, es nuestro punto flaco. Nos ponen un traje y una vara y ya pensamos que somos poco menos que héroes.
Pues en nuestros grupos de oración pasa lo mismo. Después de un ciclo, los nuevos miembros que lo gobiernan, desorientados, no saben muy bien por dónde ir, pero tampoco te dejan enseñar o aconsejar. Otros miembros aprovechan para buscarse un cargo y poder lucir “vara e insignia”. Todos quieren ser “encargados de…” pero nadie quiere cargar de verdad el paso. Así es imposible avanzar.

Pero sabemos que son ciclos, como decíamos antes. Y pasarán estos momentos. Se superarán las dificultades, se solucionará lo que aparentemente hoy es imposible, y cual ave Fénix todo resurge de sus propias cenizas. Por eso la confianza en Dios no nos debe faltar. Debemos vivir con humildad, esperanza, confianza y paciencia porque, como siempre decimos, los planes del Señor no son los nuestros y no los conocemos. Sólo Él sabe lo que es mejor para nosotros en cada momento. Pero eso no quiere decir que lo que vivimos es lo mejor, sino lo que Dios permite para nuestras enmiendas, nuestros aprendizajes. De nosotros depende aprovecharlo y saberlo ver.
Pronto nos daremos cuenta que todos no podemos ser hermano mayor, ni mayordomos, ni secretarios de una hermandad, sino que somos –y es necesario que así sea- costaleros o cargadores. Debemos ser conducidos por el capataz y contraguías, pero nuestro trabajo es llevar a Cristo y a María Santísima por donde vayamos, sin necesidad de que se nos vea ni que se nos reconozca nada. Humildes, cargando en las trabajaderas y ocultos bajo los faldones del paso.

Dios os bendiga.

sábado, 25 de julio de 2009

Festividad de Santiago Apóstol

Celebramos la festividad de Santiago Apóstol. En el Evangelio de este día (Mt. 20, 20-28) encontramos algo que, como siempre, podemos llevar a nuestros días: “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”.
¡Menuda cosa les dijo! ¡Bonitos somos nosotros si nos dicen algo así!. Y es que el hombre, en su condición humana, esto es, pecadora, tiende a querer sobresalir entre los demás. Tiende a que se le reconozcan los valores que tiene (aunque carezca de ellos), lo que hace o deja de hacer,… quiere ser grande entre los demás pero creyéndose grande. Vamos, que a nosotros lo que nos gusta ser es jefe, mandar y que se nos reconozca nuestro poder ante los demás. Le pasó incluso a Pilato frente al propio Jesús, y tuvo que ser Él mismo, ya casi sin fuerzas para hablar, quien le dijo: “No tendrías ningún poder sobre mí, si no te hubiese sido dado de lo alto” (Jn. 19,11) Es decir, que no somos ningún humano superior a otro. Y si queremos seguir a Jesús, tenemos que seguir su enseñanza. Y no es una enseñanza de palabra. No. Es que, Él nos dio ejemplo con su hacer. Que no nació para ser servido sino para servir y dar su vida por todos nosotros. Y así lo hizo. Recordemos también, “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido" (Lc. 14, 11). Constantemente nos está repitiendo las cosas en distintas ocasiones, de formas similares pero con distintas palabras, porque sabe que somos “duros de mollera” para que las oigamos y escuchemos. Siempre nos dice que sirvamos en silencio y sin esperar nada a cambio (amor), que vivamos con humildad; y ¿nosotros qué hacemos? Nos gusta ser servidos, o mejor aún, servir o aparentar que servimos esperando la medalla o la famosa palmadita en la espalda. Y eso de humillarnos, ni hablar. ¿Qué se ha creído “Fulanito” para ser más que yo? La soberbia nos envuelve. Pero parémonos y fijémonos en Jesús, nuestro maestro. Siendo Dios, se humilló hasta el punto de hacerse hombre, y no contentos con esto, lo matamos porque dice que es Rey.
No sé a qué estamos jugando. O sí lo sé. En realidad nos estamos jugando la vida eterna. Vivir para siempre con Él y con su Madre Santísima en una felicidad plena. Y la estamos perdiendo por la tontería de querer ser.
Recordemos lo que dice hoy Jesús en el Evangelio de modo contundente. Nos manda (siempre dándonos la libertad de elegir lo que queramos) “no será así entre vosotros…”, que al fin y al cabo, quiere decir que nos amemos. Porque si hay amor verdadero entre nosotros, no cabe la posibilidad de querer ser más que nadie.


Dios os bendiga.

sábado, 4 de julio de 2009

Pequeña reflexión

Reflexionando hace unos días sobre el bien y el mal se me vino a la cabeza una cosa que, sé que no es nada nuevo, pero voy a compartirlo con vosotros.
Pensaba que el mal se cuela por cualquier sitio; como agua entre las manos. Sólo hace falta que entre una gotita para que entre el resto. Es rápido, ruidoso, y aparentemente exitoso. En contraposición tenemos el bien. Actúa lento, es muy silencioso y aparentemente es el perdedor del juego. Los que queremos estar al lado del bien, tenemos que aprender a vivir con mucha humildad, paciencia, confianza en Dios y ser constantes. En ocasiones, cuesta porque parece que todo nos sale mal, pero… ¿nos sale mal de verdad? El Señor hizo al hombre de barro, pero seguro que usó agua para modelarlo. Ese agua que se cuela, como decíamos antes, por toda grieta o simplemente entre nuestras manos. En esta reflexión estamos usando agua como sinónimo de mal, pero ¿no estamos entonces en una contradicción? No creo. Aunque parezca lo contrario, con el mal podemos obtener virtudes que sin él, quizás nunca podríamos tener. En la lucha contra el mal, en la lucha con las tentaciones es donde nos hacemos fuertes, virtuosos y nos acercamos más a Dios. Por eso el mal no está ahí por casualidad y por eso mismo, aun sabiendo que el mal no nos beneficia (aparentemente), Dios lo permite para que crezcamos. Sólo tenemos que tener los sentidos muy abiertos para no aceptarlo, sino rechazarlo y usarlo para nuestro bien.
Dios os bendiga.

martes, 23 de junio de 2009

Vacaciones

Llegó el verano y con él las vacaciones. Vacaciones para los niños, para los trabajadores y hasta el parado tiene vacaciones. ¿Pero los hijos dejamos de ser hijos en vacaciones?, ¿los padres dejan de ser padres en vacaciones? Casi podemos decir justo lo contrario; porque la familia suele “veranear” junta, y los que no lo hacen juntos, al menos, se telefonean para saber unos de otros. Entonces… ¿Por qué damos vacaciones al Señor? Hay gente que incluso dejan de ir a misa el domingo porque están de vacaciones.

Los padres que tienen hijos pequeños están más pendientes de ellos ahora que en otra época del año. Cuando están en la playa o en la piscina, los vigilan constantemente para que no les pase nada ante el peligro del agua, peligro que los niños en su inocencia no ven. Pues nosotros igual, porque somos hijos de Dios, y Él, como nuestro Padre, no cesa ni un segundo de vigilar ni de cuidar de todos nosotros. Y, al igual que los hombres, mucho más ahora en este tiempo vacacional, donde el ocio nos envuelve de forma superlativa.

Siempre hemos oído decir que es mejor estar muy ocupados para no estar ociosos; porque el ocio es una inmensa grieta por la que se cuela el enemigo para poder hacer de las suyas.

Pues que en este tiempo de vacaciones, lo pasemos bien, descansemos y cojamos fuerzas para el resto del año, pero no dejemos de lado al Señor porque es nuestro Padre y Creador y a Él le debemos todo lo que tenemos. Sí, todo lo que tenemos, hasta las playas que usamos para pasar ese tiempo de relax que tanto pensamos que nos merecemos.

Que así sea.

Dios os bendiga.

viernes, 19 de junio de 2009

El perdón

Mis queridos hermanos. Hace tiempo que no escribo nada. Siempre he tenido algo que hacer y me ha impedido hacerlo. Cierto es que, podría haber sacado tiempo, pero también confesaré que tengo tantas cosas que me gustaría escribir, que se me acumulan en mi cabeza y no me dejan centrarme en ninguna en concreto. Aunque no tengo obligación de escribir nada, quiero pedir perdón porque es algo que me había propuesto y no estoy siendo capaz de cumplirlo.
He estado, como muchos de vosotros sabéis (ya que también habéis estado) asistiendo a una serie de charlas o enseñanzas por parte de un par de hermanos en el Señor. Muchas veces he asistido a oraciones de sanación interior, he leído acerca de ellas, he oído y leído testimonios de esta poderosa oración. Y, aunque van íntimamente relacionadas, son pocas las veces que he escuchado una charla sobre el perdón. Y quizás hoy, al asistir a una enseñaza y una oración de perdón, me ha hecho pensar y escribir sobre esto.
Hemos oído decir “yo perdono pero no olvido”. Siempre me he preguntado que cómo es posible tal cosa. Si no olvidamos nos queda ese resentimiento, esas ansias de venganza que hace que nuestro perdón no sea tal cosa.
Es cierto que si no perdonamos nos queda eso en nuestro interior. Cuando vemos a la persona que no hemos perdonado, se nos remueve algo dentro que no es bueno; y no es bueno porque además, las sensaciones son desagradables, de malos deseos, de odios, rencores… es el pecado que tenemos y nos va consumiendo sin que nos demos cuenta.
A mí siempre me surgía una duda con esto del perdón, y lo digo por si alguien también la tuvo o la tiene y le pueda servir. ¿Cómo podemos perdonar y amar a nuestros enemigos? Y entiendo por enemigo en este contexto, aquella persona que nos ha hecho daño en más de una ocasión (cuanto más si el daño ha sido reiterativo). Para empezar, nosotros tampoco somos perfectos y supongo que nos gustaría a todos que, si nos equivocamos con alguien ese alguien nos perdonase. La Biblia nos dice que Pedro preguntó a Jesús: ¿Cuántas veces tenemos que perdonar? Y Él le contestó que 70 veces 7. Esto no quiere decir que debemos perdonar 490 veces, sino que debemos hacerlo las veces que haga falta. Parece sencillo dicho, pero cuando llega la hora de la verdad, nos cuesta perdonar hasta la primera vez. No dejamos pasar una. A veces el daño es tan grande que a nuestra naturaleza humana parece que le es imposible perdonar. El hijo que ha sido abandonado por su padre le cuesta perdonarlo; al asesino de un ser querido, cuesta perdonarlo; al marido o a la esposa que ha sido infiel, cuesta perdonarlo, etc. Y entonces, cuando nosotros no nos vemos capaces de perdonar, aunque tenemos esa necesidad de hacerlo, es bueno que acudamos al Señor, ponerle el problema que tenemos a sus pies, entregárselo y que sea Él el que nos ayude y el que perdone por nosotros. Veremos que poco a poco vamos perdonando con su ayuda, porque el Señor no niega a sus hijos el amor y, ¿qué es el perdón sino una expresión de amor?
Pero llega otra duda que me surgía y que no era capaz de entender. Cuando perdonaba a las personas de las que recibía algún daño, éstas querían o se sentían en la obligación de que las relaciones fueran iguales. Decían que si no era igual, vaya perdón el mío. Pero mi lógica decía que si habían fallado en una cosa una, dos, tres… las veces que fuera, podrían hacerlo otra vez y de nuevo me harían daño. Con el tiempo aprendí y hoy lo he confirmado en esta enseñanza que escuché con atención, que para eso tenemos nuestra experiencia. Esta experiencia nos hace estar alertas en ese campo en que nuestro hermano es débil, para no volver a caer en el mismo error. Eso no quiere decir que no perdonamos, sino que debemos ser astutos y aprender de nuestras equivocaciones.
Una vez que perdonamos de verdad, el daño desaparece. Puede que poco a poco, pero termina desapareciendo. Hasta que llegue el momento que recordemos aquella situación que nos dañó y no sintamos ese dolor. Entonces el Señor habrá sanado completamente eso que teníamos dentro y que nos impedía ser nosotros mismos. El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. No es que demos la razón como los tontos a la otra persona; no es que estemos de acuerdo con lo que sucedió. Se trata de llegar a aceptar aquello que nos dolió.
A veces me ayuda una expresión que repito mucho y es que “todo es para bien”. Si ha sucedido algo, no es que Dios lo ha querido así (Él nos da la libertad de elegir siempre), sino que ha permitido que sea así. Si Él no lo permite es porque no es bueno. Entonces, aunque sea dolorosa una situación, por la razón que sea, es porque es lo mejor que podía pasarnos en ese instante. ¿Contradicción? Aparentemente sí, pero también debemos recordar que nuestras ideas o nuestros planes, no son los planes del Señor. Y él no quiere nada malo para ninguno de sus hijos.
A veces, cuando rezamos la oración del Padrenuestro, recito para mi interior “así como nosotros deberíamos perdonar a los que nos ofenden”, ya que no siempre perdonamos a los que nos ofenden.
Y es que nuestro ego, nuestro orgullo, nuestra soberbia; en definitiva, nuestro pecado, nos impide perdonar, nos impide amar.
Tenemos la seguridad de que el Señor está siempre para ayudarnos, así que, esa confianza nos debe alentar para seguir luchando y perdonando.

Que el Señor os bendiga.

viernes, 22 de mayo de 2009

Estamos en crisis

“Estamos en crisis”. No sé cuántas veces hemos oído esto en los últimos años, y sobretodo, en este último año. Es cierto, estamos en crisis. Pero hermanos, la crisis no sólo es económica o financiera. No. Estamos en crisis con nosotros mismos, estamos en crisis con los demás hermanos, y estamos en crisis -y muy a nuestro pesar- con Dios. Dicen algunos que es muy difícil hablar de Dios cuando no hay dinero para pagar la luz, el agua, los demás impuestos… no hay para comer, no hay trabajo… Y en cierta manera llevan toda la razón. Pero por otra parte, esto parece que se nos va de las manos. ¿Qué no hay dinero para que coma una familia entera? Que la niña vaya a la farmacia a comprar unas pastillitas de esas, o sino, que aborte. O dicho de otra forma; matemos al niño que viene de camino, que no tenemos para darle de comer. ¿Qué el abuelo está vegetal y ya no conoce a nadie? Pues… ¡eutanasia! O dicho de otra forma; matémosle que está estorbando y no hay dinero para mantenerlo. Y rapidito que tenemos que cobrar la herencia que nos viene de lujo en este tiempo de “vacas flacas”. No hay dinero para lo básico, pero sí hay para juegos de la Play, o para tabaco, o para salir de marcha, o para celebrar comuniones (como comenté en un post anterior) o para las “macrocelebraciónes” de las bodas. ¡Qué incongruencia!

Por otro lado tenemos el poder. “No tendrías autoridad sobre mí, sino te la hubieran dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene un pecado mayor” (Jn. 19. 11). El poder de los políticos y los poderes en nuestra querida Iglesia (siempre habrá excepciones que confirmen la regla). Los políticos con su “poder” hacen y deshacen lo que les da la gana y hacen y deshacen lo que quieren con nosotros, llevándonos (ya sean de izquierdas, de derechas, de centro, de arriba, de abajo…) al fondo del pozo (salvo excepciones). Pero es que, desgraciadamente, está pasando lo mismo en la Iglesia (repito, salvo excepciones). Algunos creen que tienen poder sobre los demás. Pero sólo es eso, que se lo creen. Y, cual políticos, tienen al resto del pueblo atado de manos. No se ayuda de verdad, porque el poder y el creerse superior los ha cegado, y no pueden ver más allá de lo que tienen delante. Y lo peor es que cortamos las alas al Espíritu Santo y no puede hacer su bendita obra en nosotros. Nuestra soberbia es tal, que desemboca en un egoísmo y en una envidia tan sublime, que ignoramos hasta qué punto hacemos daño, con ella, a nuestros hermanos.
¿Cuál es el problema? Que la cimentación se resquebraja y, como consecuencia, todo se tambalea, y eso lo estamos empezando a ver.
De la crisis financiera nos podremos recuperar más tarde o más temprano, pero de la crisis del alma, nos vamos a arrepentir de no habernos recuperado antes, porque ésta, sí está en nuestras manos.

Ayer cuando abrí los ojos al despertarme, tenía en mi cabeza una frase que me bombardeaba. “Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn. 4. 8)
Pongámonos a trabajar todos unidos de verdad. Restauremos y renovemos nuestra Iglesia. Porque el enemigo ataca, se adentra poco a poco y nuestra tarea, es echarlo y reforzar las murallas para que, cada vez, le sea más difícil entrar.

Sigamos el mensaje que nuestra Madre dijo en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”. Porque sólo haciendo su voluntad, estaremos en el Camino.

Que el Señor os bendiga.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Ntra. Sra. de Fátima

Hoy es 13 de mayo. Celebramos que hace 92 años que nuestra Señora se apareció a Jacinta, Francisco y Lucía en Fátima -puesto que fue el 13 de mayo de 1917 cuanto tuvo lugar la primera aparición-.
Damos gracias a Dios por permitir que su Madre Santísima pudiera aparecerse y pudiera dar esos mensajes que tanto necesitábamos y que debemos recordar constantemente. De esto último, más que agradecer, tenemos que pedir perdón, puesto que somos imperfectos y en ocasiones nos olvidamos de lo que la Señora nos dijo a través de aquellos tres niños.
Sigamos el modelo de María, que fue y es humilde, obediente, buena, intercesora nuestra, madre ejemplar, amiga, acompañante en nuestro camino, fiel, purísima, orante y piadosa, sincera, luchadora, protectora y defensora, dulce, discípula, constante, clara, sencilla… y un sin fin de calificativos que, con solo mirarla, debiéramos sentirnos humildes y mansos de corazón.
Nos encomendamos a su inmaculado corazón, nos acogemos a su amparo y protección y nos ponemos a sus pies. Porque para llegar a Jesús, tenemos que dejarnos conducir por Ella, que es la que nos lleva a su Hijo.
¿Qué podemos sacar de los secretos de Fátima? Considero que hay una palabra que puede englobar nuestra tarea. Penitencia. Y es que somos esos soldados del Señor que, combatiendo contra el mal, tenemos que llegar y llevar a todos a la Salvación que Dios nos ofrece. ¿Desanimarnos en la lucha? ¡Nunca!. Recordemos que María está con nosotros y está deseando que le pidamos ayuda para echarnos esa mano de la que tanto estamos necesitados. Su presencia es más poderosa que todas las fuerzas del mal. Y no olvidemos, que tenemos esa arma poderosa y a la vez tesoro de la Iglesia: El Santo Rosario.

Madre amantísima; ruega por nosotros.

lunes, 11 de mayo de 2009

Primeras Comuniones

Mes de mayo. Mes dedicado a la Santísima Virgen María -de la que hablaré con detenimiento en otro momento- y es también, el mes de las “Comuniones” por excelencia. Ese momento debería ser muy especial para cada niño que recibe por primera vez a Jesús Sacramentado. Y digo debería porque, salvo excepciones, hoy día lo de menos es el sacramento que reciben. ¡Qué pena! Quizás sean demasiado pequeños para darse cuenta, y para eso deberíamos estar ahí los más mayores, para ayudarles a que sepan de verdad lo que van a hacer; pero el problema es que muchos “mayores” siguen sin darse cuenta de lo que es comulgar a Cristo. Y la felicitación y celebración por recibir por primera vez la Comunión -que no es malo, puesto que es motivo de gozo y alegría-, se convierte en evento social en lo que, lo menos importante es lo que se celebra, sino la celebración en sí; careciendo de sentido, por esta razón, la mencionada celebración.
A muchos de ustedes, recordando su primera comunión, se le vendrá a la mente recuerdos y anécdotas como aquella petición que tuvo que leer, o la ofrenda de un cáliz lleno de vino que llevó al altar, y por supuesto, cómo recibió por primera vez a Jesús. Pero también recordarán la celebración. Algunos no tuvieron, otros fue rodeado de sus primos y unos bocatas, otros con una comida… y los regalos. Regalos que también han cambiado con el paso del tiempo. Hoy iba oyendo en la radio mientras conducía, que los regalos de antes eran cosas como el primer reloj de pulsera que tenían. A mi me regalaron varios bolígrafos, y mi primer balón de baloncesto (he de confesar que éste, fue el regalo que más me gustó). Hoy la electrónica absorbe todo nuestro alrededor, y si no hay una consola, unos videojuegos, un mp3, un mp4, y cosas por el estilo, no hay regalos que valgan.
Y el desembolso económico entre banquete, ropa de contralmirante (para niños) y princesita (para niñas), ropa de ellos mismos (padres), regalos, etc., que hacen los padres de las criaturitas, no es normal. Se endeudan para celebrar algo que, como decía antes, muchos no saben ni lo que es. Celebran porque “mi hijo no va a ser menos que su amigo del colegio”. ¿Y quién ha dicho que sea menos o más, porque su celebración sea distinta? ¿No será que usted piensa que es menos que el padre del amigo de su hijo? Y aun así, tampoco es menos que nadie. A ver si el que necesita una catequesis es usted y no su hijo (aunque hay catequistas… y catequistas). El problema es esta sociedad capitalista en la que, si no hacemos alarde económico, no somos nadie. Se mira más el aparentar que el ser como uno es.
Pero el momento celebración eucarística es lo más digno de mencionar. La mayoría de los invitados a la celebración (padres incluidos) no pisaban la iglesia desde que bautizaban al niño que hace la comunión, y eso… se nota. Entran en el templo como si fuera un ágora romano; y verdaderamente entran ganas de decirle… ¡Señores, si con su comportamiento no van a respetar ni el lugar en el que están ni lo que se está celebrando, váyanse al Bar de Anselmo que está enfrente –siempre está enfrente de la iglesia el Bar de Anselmo- hasta que termine todo, y luego, si quiere que los anfitriones de su almuerzo copioso vean que asistió, reúnase en la puerta de la iglesia con los demás, pero no moleste!
Ojala algún día, estos niños (ya mayores) miren para atrás y recordando lleguen a comprender, que en el día de su primera comunión, lo más importante fue eso, su Comunión, el sacramento, y no la ropa, el banquete o los regalos que recibió.

domingo, 19 de abril de 2009

Misericordia Divina

Hoy, 19 de abril de 2009, celebramos el día de la Misericordia Divina. Es el Domingo de la Misericordia. Hoy, domingo siguiente al domingo de Resurrección; tal y como nuestro Señor Jesucristo le dijo a Santa Faustina. Pero, ¿qué es la misericordia? No es otra cosa que indulgencia, piedad, compasión… PERDÓN. Perdón que sólo es posible con Amor. ¿Y quién tiene más amor sino Aquél que es todo AMOR? Jesús, que dio su vida por todos los hombres. Que tiene infinita paciencia con nosotros porque nos perdona una y otra vez, y otra, y otra… y las veces que haga falta. ¿Cuándo hacemos esto nosotros por los demás y con la misma caridad con que la hace Él?
Por eso no es casualidad, que hoy leamos en el Evangelio la institución de la Penitencia (Jn. 20, 19-31). El sacramento del Perdón.

Pero, ¿cómo surgió la devoción a la Misericordia Divina?
El 22 de febrero de 1931, Santa Faustina Kowalska recibió la primera revelación de la Misericordia de Dios, ella lo anota así en su diario: En la noche cuando estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir y, con la otra mano, se tocaba el vestido, que aparecía un poco abierto en el pecho, brillaban dos rayos largos: uno era rojo y, el otro blanco. Yo me quedé en silencio contemplando al Señor. Mi alma estaba llena de miedo pero también rebosante de felicidad. Después de un rato, Jesús me dijo:


Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti!." Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria.

Cuando contó esto en confesión, el padre le dijo que seguramente Jesús deseaba pintar esta imagen en su corazón pero ella sentía que Jesús le decía:


"Mi Imagen ya está en tu corazón. Yo deseo que se establezca una fiesta de la Misericordia y que esta imagen sea venerada por todo el mundo. Esta fiesta será el primer domingo después de Pascua. Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia Mía a los pecadores."


Por orden de su confesor Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió:


"Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas mas profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fué abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí".


Que así sea.

domingo, 12 de abril de 2009

¡¡Él Vive!!

Este Jueves Santo, día del Amor Fraterno, celebrábamos la institución de la Eucaristía. En la llamada “última cena” de Jesús, Él nos deja un nuevo sacramento para bien de nuestras almas. Su última cena es nuestra primera Eucaristía. Es el día del amor fraterno porque “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Jn. 15,13). Y Él dio la vida por todos los hombres. Los de antes, los de ahora y los que vendrán.
El Viernes Santo, contemplando y adorando el Madero donde había una imagen de Jesús crucificado, pude ver y sentir el mayor perdón que pueda recibir nadie. Pude ver y sentir la grandeza de Dios que; se humilla al hacerse hombre y muere por nosotros para darnos la salvación que nosotros mismos habíamos perdido. En el momento en que Jesús muere, después de soportar el peor martirio que existía en aquella época, nos salva, nos perdona todo, vence al pecado y a todo mal. Con su muerte nos saca del pozo negro en que estábamos metidos; de las tinieblas. ¡Qué bueno es el Señor!
El Sábado Santo es un día de acompañar a María en su soledad, en su dolor. Hay una oración que considero propicia para un día como éste: Stabat Mater. Sé que hay muchas más, pero esta me gusta especialmente.
Pero el día más grande del año llega con el Domingo. Domingo de Resurrección. Domingo de Gloria… llamémoslo como queramos pero celebremos que Jesús, no sólo venció al pecado con su muerte, sino que Él vive porque el Padre lo resucitó. Así también venció a la muerte y por siempre vivirá.
Con la alegría de Jesús resucitado, y esperanzados en que, nosotros también algún día resucitaremos con Él, vivamos estos días de gozo pascual y empecemos a prepararnos para recibir su Espíritu, tal y como nos ha prometido.
¡Gloria a Dios!