
En aquel tiempo, dijo Jesús: - "
Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno." (Jn. 10, 27-30)
La primera pregunta que debemos hacernos es, si de verdad escuchamos la voz del pastor como ovejas que somos de su rebaño.
Hemos de tener en cuenta que, entre la gran manada, siempre hay algún "lobo con piel de cordero" preparado para atacar en cualquier instante, en el mínimo despiste.
Pero, ¿cómo escuchar la voz del verdadero pastor ante tanto ruido de voces en el mundo? Constantemente, sino es una es otra, nos llama la voz lujosa del dinero, la suave y camaleónica de la familia de la mentira (mentira, tapujos, secretos, verdades a medias, falsedad...), la lujuriosa voz del sexo, la voz de la impotencia ante la injusticia, la voz sátira de los falsos amigos, la voz ronca de las drogas y el alcohol, etc. Estamos rodeados de voces que nos llevan al engaño, por el mal camino. Sin embargo, hay una que solo nos lleva por el el buen camino, que no nos engaña y que da la vida por nosotros. Es la voz del Señor que es Camino, Verdad y Vida. Somos parte de su rebaño de ovejas. ¿Qué quiere decir esto? Que, como borregos que somos, si alguna oveja se desvía del camino, corremos el riesgo de seguirla. O bien por descuido, o bien porque elegimos libremente ir por otro lado. Sea como sea, nuestro Pastor es tan bueno, que siempre irá en nuestra búsqueda.
Muchas veces habremos oído la expresión: "te conozco como si te hubiera parido", haciendo alusión a las madres, como las que mejor conocen a sus hijos. En realidad, puede que ni las madres sean las personas que mejor conocen a sus hijos, sino que son los propios hijos los que se concoen mejor que nadie. Es decir, nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Pues NO. Jesús, el buen Pastor nos conoce, incluso mejor, que nosotros mismo. Por eso sabe de nuestras debilidades, de nuestros errores, de nuestras confusiones, del pasto que mejor nos viene, etc. Su voz es la voz del Amor. Tan fácil y tan difícil de reconocer. Sólo debemos poner un poco de atención y, sobretodo, querer escucharlo.
Aprovecho la ocasión para que pidamos todos por los sacerdotes y por las vocaciones. Que sean autenticos y verdaderos pastores de los rebaños que tienen a su cargo. Que vayan detrás de la oveja perdida y la traiga de nuevo a casa. Recordemos "habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión." (Lc. 15, 7) o "Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las 99 no descarriadas". (Mt. 18, 13).
Que sepamos actuar nosotros también, como pequeños pastores. Que nuestra evangelización y/o apostolado sea a través de las obras realizadas y no se quede en palabras más o menos bonitas.
Que el Señor resucitado os bendiga.