domingo, 28 de mayo de 2017

EvangelizArte: La Ascensión del Señor.

La Ascensión del Señor (1305).  Giotto di Bondone. Capilla de los Scrovegni. Padua, Italia.

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor; una de las más grandes del año para un cristiano.

Después de resucitar, Jesús se queda cuarenta días entre sus discípulos. Y digo bien, pues no se rodeará de multitudes como lo hacía antes de sufrir su Pasión y Muerte, sino que se aparecerá a sus más allegados consolándolos, dándoles instrucciones, arropándolos, paseando y comiendo con ellos...
Jesús también les advierte (y a nosotros a través de ellos) que debe subir al Padre para que venga el Paráclito. Y eso es lo que celebramos hoy: La subida al Padre, su Gloriosa Ascensión. Pero ¡atentos!, no podemos confundir la Ascensión con la Asunción. En la Ascensión, Cristo sube sólo al Cielo. Él es Dios. En la Asunción, la Virgen es elevada al Cielo.

Para interpretar esta obra, tenemos que fijarnos en las lecturas del día:

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles (He 1,1-11), leemos al final "lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista. Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo»". Ahora visualizamos el fresco y comprobamos que, efectivamente, el Señor asciende y desde la tierra, los discípulos ven una nube que oculta a Jesús. Por otro lado, en el centro existen dos ángeles vestidos de blanco, señalando hacia arriba con sus dedos índices. Esos son los dos hombres de blanco al que hace referencia el texto bíblico.

Pero vemos que a derecha e izquierda del Señor, existen santos que lo aclaman y alaban en su Ascensión. Esto podemos leerlo en el salmo 47, que dice así: 

"Pueblos todos, batid palmas, 
aclamad al Señor con gritos de alegría,
porque el Señor, el altísimo, es terrible, 
un gran rey sobre toda la tierra. 

Dios sube entre aclamaciones, 
el Señor, al son de trompetas. 

Cantad a Dios, cantad; 
cantad a nuestro rey, cantad; 
porque el rey de toda la tierra es Dios, 
cantadle un buen cántico. 

Dios reina sobre las naciones, 
Dios se sienta en su trono sacrosanto."

En el relato no aparece la Virgen, sin embargo Giotto debió suponer, y con razón, que María, su Madre, estaría allí en el momento de su despedida. Es lo más normal del mundo. ¿Qué buen hijo se va sin despedirse de su madre? 

Por último, del Evangelio (Mt 28, 16-20) podemos leer: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Quiero quedarme con la promesa y la tranquilidad que nos da saber, que Jesús está con nosotros para todo, en cualquier momento. Nos deja una tarea, la de evangelizar. Pero también nos dice que está a nuestro lado. ¿No es esto una garantía? ¿No nos ayuda a confiar más en Él? ¿Estamos cumpliendo con la misión evangelizadora que nos ha encomendado? 

Recapacitemos y aprovechemos para pedir al Espíritu Santo que venga y nos ilumine en lo que necesitamos. Cada uno tendrá sus preocupaciones, sus problemas, su rutina, sus enfermedades, sus ataduras, sus faltas... 

Desde ya, y esperando con ansias el domingo que viene, le decimos con fuerza, desde lo más profundo del alma: ¡¡VEN, ESPÍRITU SANTO, TE NECESITAMOS!!

sábado, 8 de abril de 2017

Semana Santa


La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaban: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mt. 21, 8-9).

Jesús no había entrado en Jerusalén durante su vida pública. ¿Cómo es que el pueblo lo identifica como Mesías? Hay que remontarse a lo que dijo el profeta Zacarías, esto es: ¡Salta de gozo hija de Sión; alégrate Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna” (Zac. 9, 9).

Muchos se habían negado a creer, pero para los que sí creían pudieron reconocer en esa entrada de Jesús, la señal de que Él era el Mesías que esperaban.

Estamos en vísperas del, tan esperado para muchos, Domingo de Ramos. Comenzamos la Semana Santa. En ella, como todos ya sabemos casi de memoria, rememoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Las lecturas de estos días, también nos las sabemos. Pero, ¿las entendemos? ¿las llevamos a la práctica? ¿las vivimos?

Hace días hablaba sobre un tema con una persona y sentí la necesidad de intentar plasmar por escrito lo interpreté. La rutina diaria y las “obligaciones” hicieron que dicho escrito lo apartara momentáneamente. Sin embargo, ayer tuve una conversación similar con otra persona y pude ver que Dios quería que escribiera. Quizás no sirva para nada, quizás no le llegue a nadie. Pero esa necesidad se  transformó en obligación, era como si me estuviese insistiendo y, aquí estoy.

No voy a juzgar a nadie -¡Dios me libre!- todos cometemos errores y, hasta los mismos errores en numerosas ocasiones. Por eso, como siempre, esto va dirigido a todos, incluyendo a un servidor.

El caso es que queremos ser los primeros en todo, mucho reconocimiento y palmaditas (absurdas) en la espalda, primeros puestos, grandes cargos… lo que viene siendo el famoso protagonismo, que todos negamos tener y que al final a todos nos gusta, pues el pecado de la soberbia siempre nos invade. Hablo en general, por supuesto que existen personas humildes y generosas, que detestan esta serie de actos egoístas.

Y mi pregunta es: ¿De qué nos sirve ese protagonismo? ¿Por qué nos empeñamos en tener una vida superficial y un interior podrido? ¿Sepulcros blanqueados?, seguramente sí.

Cuando llega el momento de la verdad, somos incapaces de actuar como predicamos. Todos conocemos personas que considerábamos amigos y, cuando más los necesitas te dan de lado y hasta dejan de saludarte. Otras veces, recibimos “feos” de personas que no pensábamos que nos podrían hacer eso.

Jesús nos dijo: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc. 18, 23-24).

Y es así. Todos tenemos que pasar por eso que sufrió Él. El martirio le dolió físicamente, es indudable, murió de semejante tortura. Pero, ¿y su corazón? ¿Qué hay de la traición de Judas, la negación de Pedro, el abandono que sintió por parte de tantos amigos? Al final murió solo, clavado en una cruz, herido de muerte, desnudo, humillado…

Salvando las distancias, todos hemos sentido ese dolor. Ese amigo que te traiciona, que te vuelve la cara, que de repente te hace la vida imposible, te entrega levantando falsos testimonios sobre ti, que no quiere saber nada de ti más que para buscar la forma de hacerte daño, solo porque piensa que puedas hacerle sombra. ¿Dónde está ese amor que predicamos cuando nuestro comportamiento deja tanto que desear?  ¿Cuántas veces hemos negado a algún amigo cuando lo necesita para no comprometernos nosotros con alguna situación?

Y podremos pensar: “sí, pero a Dios lo quiero mucho, lo amo sobre todas las cosas”.

Pues no. No es así. De nuevo hay que acudir a su Palabra: “Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt. 25, 40). Es decir, lo que hacemos a los demás,  se lo hacemos a Cristo, ya sea bueno o malo. Y esto es así. ¿No somos conscientes aun de tanto mal y daño?

¿Cómo actúa Jesús antes esto? Con humildad, ofreciendo su perdón al que se lo pide y, muriendo hasta por su peor enemigo para salvarlo de la condenación eterna.

Ya que conocemos tan bien las lecturas de estos días, podemos profundizar en ellas y preguntarnos, a la vez que las oímos, pero respondiéndonos de verdad, sin engañarnos a nosotros mismos: ¿Con qué personaje de la Pasión de Cristo me identifico? ¿Pedro, Judas, Caifás, Pilato, María Magdalena, Juan…?

Recapacitemos todos sobre esto. ¿Qué mejor momento? Aprovechemos esa catequesis en la calle que son las procesiones, no sólo para disfrutar de ellas (que también), sino para sacarle el máximo jugo a este regalo que nos hace Dios un año más.

El Señor os bendiga.


martes, 28 de febrero de 2017

Cuaresma 2017

Miércoles de Ceniza. Comienza una nueva Cuaresma. Una nueva oportunidad que nos brinda el Señor para nuestra conversión, para que nos alejemos del pecado, para que nos acerquemos a Él. Sin embargo, no podemos acercarnos a Él, si no nos acercamos verdaderamente a los demás. El Papa Francisco nos habla en su mensaje de Cuaresma para este año, de la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón. Dice, y cito textualmente hablando del rico Epulón, “la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo”. ¿Acaso no nos pasa esto a nosotros? Basta ya de decir “por mí no lo dirá”, “el malo es el otro”, “Con lo que yo voy a misa, no tengo más remedio que ser bueno”… También el Señor nos dice “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7, 21).
Y es que, podemos estar todo el día en el templo, en muchos grupos parroquiales, a todas horas en el despacho parroquial, rezando el Rosario, pero… ¿Hacemos la voluntad del Padre? Quizás prefiramos hablar mal de los demás, con tal de estar nosotros por encima de ellos. Creo que eso se llama soberbia.
Dejémonos todos de juzgar al prójimo, de criticarlo como si se nos fuera la vida en ello. Dejémonos de hermosas palabras, que están vacías y no llegan al corazón de los hermanos, si no van acompañadas de obras y ejemplos consecuentes.
Lázaro, dice el Santo Padre, “nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida”.
El otro es un don. El que nos hace mal es un don para nosotros. Quizás nosotros, seamos un don para los demás. ¿Cómo es eso? Para Dios no hay nada imposible, Él quiere que todos seamos salvos, y pone a nuestro alcance todo tipo de herramientas y ayuda para que nos agarremos a ellas. Hasta el mismísimo demonio, Dios lo usa para que nos podamos santificar.
Que todos en esta Cuaresma, dejemos de lado al pecado, que nos ciega, que nos aleja del Señor. Recordemos que tenemos que atesorar riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar. (Mt. 6,20). Los reconocimientos terrenales, los premios, las palmaditas en la espalda, son la meta del falso humilde. ¿Queremos ser falsos humildes? Dios dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes (Magnificat).
Oración, ayuno, reflexión, sacrificios… son el verdadero camino para llegar a la Pascua. Fijémonos en su Pasión. Fijémonos en Él, que es Camino, Verdad y Vida. Cojamos nuestra cruz, y sigámosle.
Santa María, Madre de Dios, Esperanza nuestra, asiento de la Sabiduría y Auxilio de los Cristianos; ruega por nosotros que acudimos a ti.

domingo, 29 de mayo de 2016

Corpus Christi

Celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, fiesta en la que reconocemos, de forma especial, que Jesucristo está realmente en la Eucaristía.
Jesús Sacramentado, un año más quiere salir al encuentro con nosotros. El único que es digno de la Gloria y el Honor. El Dios que se humilla. El Dios que se hace hombre para estar a nuestra "altura". El Dios que es la MISERICORDIA por excelencia. El Dios que quiere que seamos misericordiosos con los demás. El Dios que quiere que creamos en Él para salvarnos. El Dios que está deseando ayudarnos. El Dios del que habla la Biblia. Ese Dios que parece algo de los tiempos antiguos, no lo es, y hoy quiere, de nuevo,  recordarnos que está siempre a nuestro lado, día a día, segundo a segundo. Hoy quiere bendecirte, sanarte, ayudarte... ¿te vas a dejar hacer por Él?

Hoy es un día en el que quiero agradecer a Dios por el regalo que nos dio al dejarnos sacerdotes. Sin ellos no tendríamos el milagro de Cristo hecho Eucaristía. Esos sacerdotes que, lo primero son hombres, humanos, por tanto, imperfectos, como tú y como yo. Esos sacerdotes que tanto criticamos porque no hacen lo que nosotros consideramos correcto, o simplemente, lo que queremos. Esos sacerdotes que a los que les hacemos la vida imposible con nuestra lengua asesina. ¿Se nos ocurre alguna vez ayudarlos? ¿Rezamos por ellos? ¿Somos tan soberbios que somos incapaces de no perdonar cualquier fallo que tiene otra persona? ¿Donde está nuestro amor? ¿Es solo una "buena cara" ante los demás para que digan lo "buenos" que somos? Todos, absolutamente todos, somos culpables de esta falta de amor para con los demás. Quiero acordarme especialmente, y a nivel personal, de cuatro sacerdotes por los que siento un gran cariño. Rezo por ellos y, te invito, a ti que estás leyendo esto, sea el día que sea, que reces por algún sacerdote. No te vayas muy lejos, con que lo hagas por tu párroco bastará. Recuerda, él te trae a Cristo todos los días del año. Cristo lo eligió, entre otras cosas, para eso. ¿No crees que es razón más que suficiente para que le pidamos a Dios que lo ayude? Aunque solo sea por egoísmo, porque nos interesa que nos acerque a Dios realmente.

Muchas veces hacemos daño, sin querer y otras queriendo, a otras personas con solo una palabra o un comentario, un pensamiento, un gesto... Tenemos que saber reconocerlo, pedir perdón, y tener propósito de no volver hacerlo. Sin embargo, a veces nos podemos sentir como el hijo pródigo, es decir, indignos del perdón, sentimos que no nos merecemos ser hijos de Dios. Y es cuando viene, nos abraza, nos dice que no pasa nada, incluso nos hace regalos. Lo cuento como testimonio personal, como experiencia propia. Dios es MARAVILLOSO.

Un día como hoy, queremos sacar imágenes a la calle para acompañar al Santísimo. Queremos engrandecer esta fiesta. O mejor dicho, en lugar de afirmar, lo preguntaré: ¿queremos engrandecer esta fiesta? o ¿queremos engrandecernos nosotros? Incongruentes, eso es lo que somos. Si no nos aguantamos entre nosotros mismos. Si solo queremos lucirnos y que nuestro nombre quede para la posteridad. Si hablamos mal de los demás levantando falsos testimonios o escandalizando... ¿de qué nos sirve sacar tantas imágenes si ni siquiera somos conscientes de que Cristo está en la Custodia?

Aprovechemos todos este Año de la Misericordia. Dios nos da una nueva oportunidad. Él quiere que te reconcilies con los demás, que vuelvas a Él que te espera con los brazos abiertos. Él solo quiere lo mejor para ti y para mí. Perdona. Ama. Cree. Adóralo. Alábalo.


Os deseo lo mejor en este día. Que el Señor os bendiga.

domingo, 15 de mayo de 2016

Recibid el Espíritu Santo



Pentecostés. Cincuenta días después de la Pascua, el Espíritu Santo vino sobre el Colegio Apostólico y María Santísima.

Hoy, Jesús nos dice: "Recibid el Espíritu Santo". Pero, ¿quién es el Espíritu Santo?.

Según el Catecismo de la Iglesia, el Espíritu Santo es la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir, hay un sólo Dios, pero en Él existen tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Si tu corazón está gélido, Él te abrasará con su fuego de Amor.
Si te quemas, Él te refrescará.
Si estás triste, Él cambiará tu lamento en baile.
Si estás alegre, Él será tu sonrisa.
Si estás perdido, Él te orientará.
Si estás agobiado, Él te hará descansar en Dios.
Si no tienes fe, Él te la infundirá.
Si te sientes solo, Él te acompañará.
Si lo invocas, Él te defenderá.
Si lo necesitas... Él estará a tu lado.

Pero debes quererlo, debes desearlo de corazón, debes dejarte guiar por Él. De nada servirá si lo invocas, si te dejas llevar por tu ego, si sigues haciendo lo que quieres sin hacerle caso.

Hoy, Jesús nos dice: "Recibid el Espíritu Santo". 
Invócalo, recíbelo, Él viene cargado con sus Siete Dones y multitud de carismas. Estos regalos de Dios, son para que los pongas al servicio de los demás: Tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu comunidad parroquial, el desconocido que te necesite...
Recordamos que los dones son sólo siete, y son: Temor de Dios, Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Piedad, Fortaleza y Ciencia.

Pidámosle a Dios que nos aumente la fe y nos dé la humildad necesaria para recibir el perdón y perdonar a los demás. de manera que afrontemos como es debido esta nueva vida que se nos ofrece; la vida del Espíritu, la que nos hace comportarnos como cristianos las 24 horas del día con todo el mundo y con nosotros mismos. Sepamos vivir la Misericordia de Dios.
Y sobretodo, en este día de Pentecostés, acojamos el AMOR de Dios, y repartámoslo porque el mundo está muy falto de él.

¡Qué el Espíritu Santo se derrame abundantemente sobre todos!
¡VEN, ESPÍRITU SANTO!
El Señor os bendiga.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¡¡INOCENTE!!


Día de los santos Inocentes.

Normalmente, dedicamos este día a gastar bromas, dar noticias falsas... aprovechando expresiones que decimos del tipo: “¡pobre, que inocente es!. En este caso, inocente viene a ser sinónimo de “no tiene maldad”, o “se lo cree todo”, o “tonto”. Todo, claro está, en el sentido “cariñoso” de la palabra.

El caso es que, se va perdiendo el verdadero significado de las cosas, y hoy, no es la excepción.

Vayamos al Evangelio y leamos: “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, mpntó en cólera, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos” (Mt 2,16)

Hoy, más que un día de bromas pequeñas (o pesadas), deberíamos rezar, especialmente, por aquellas personas que murieron de esa forma, es decir, siendo inocentes.

Ejemplo de ellos lo tenemos en los que fallecen en la cárcel cumpliendo penas equivocadas, pues eran inocentes; los que fueron asesinados, víctimas, por tanto, del terrorismo; los que fallecen en accidente de tráfico por culpa de la imprudencia de otros; y no podemos olvidar en este día, a los niños que son abortados sin causa natural alguna, ellos son los más inocentes de todos.

Dicho esto, que nuestra oración hoy, vaya por ellos y por sus familiares.

Que el Señor os bendiga.

jueves, 17 de diciembre de 2015

ESPERANZA



AVE MARÍA. GRATIA PLENA
Con estas palabras saludó Gabriel a María. Hoy nos puede parecer ya normal, o incluso rutinario. Pero si te pasara a ti, ¿qué harías?, ¿qué pensarías?, ¿qué le dirías?

La FE es lo que hizo a María decir lo que dijo y, sobretodo, actuar como actuó.
María, una joven de pueblo, casi analfabeta, pobre... sería la Reina y Señora de todo lo creado. La Madre de Dios. Tan humilde, y sin embargo, Él se fijó en Ella entre todas sus criaturas. Por eso fue la elegida. Ya lo dijo Ella misma en el Magnificat: [...] porque ha mirado la humillación de su esclava. [...] enaltece a los humildes (Lc.1, 46-55)

En la Encarnación, María acepta ser la Madre de Dios. No iba a ser fácil, pero asume las consecuencias. Se le venían encima multitud de episodios en su vida: el primero es dar a Luz a Hijo en un establo. ¡Qué pena para una madre! ¡Cuánto más para que nazca el mismo Dios! Pero luego vendrán otros, como huir a Egipto, la pérdida de su Hijo en el templo, despedirse de Él cuando empezó su “vida pública”, encontrarse con su Hijo cuando cargaba con aquel madero, verlo morir colgado de ese madero que llevaba, tenerlo en sus brazos sin vida... y otro tanto que seguro vivió, pero que no sabemos. Por eso Ella guardaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (Lc. 2, 19)
Si por Adán vino el pecado, por su desobediencia; por Cristo vendrá la Salvación, por su obediencia. Cristo es el nuevo Adán. De igual manera, si Eva cree y obedece a la serpiente (demonio, ángel caído); María creerá y obedecerá a Gabriel (ángel de Dios). No es de extrañar (aunque sólo sea a modo de curiosidad) que el saludo del ángel sea lo contrario a Eva, es decir, Ave.

María, la criatura humana que ha tenido más fe. Según san Agustín, Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y luego en su vientre. Todo es fe y confianza en Dios. María es el ejemplo de ejemplos para nosotros. Dicho así, parece sencillo, pero ¡qué difícil nos resulta!. Nuestra fe es pobre, a veces inexistente.
María, como Madre que sería de Él, es la primera que lo espera. Espera con alegría la revelación del Hijo de Dios. Eso es el Adviento. ¿Lo vivimos nosotros así? ¿Sabemos lo que Dios quiere revelarnos?

Todos los años oímos cosas como: “Dios quiere venir a nuestros corazones”. “Que el Niño que va a nacer habite en nosotros”... Pero ¿somos conscientes de lo que decimos, leemos o escuchamos?
Acudamos a María, que es ESPERANZA. Ella espera en Él. Nosotros como Israel, debemos esperar en Él. Como decía antes, la Virgen es el ejemplo de ejemplos. Ella, como primer Adviento, puede enseñarnos mucho, puede enseñarnos todo. En este día tan especial para Ella, hagamos por acompañarla, pero aprovechemos también para preguntarle.

Madre, ¿cómo tenemos que esperar a tu Hijo? ¿cómo debe ser nuestra Esperanza? ¿cómo debe ser nuestro Adviento?


Santa María, Esperanza y Reina nuestra, ruega por nosotros.

sábado, 13 de junio de 2015

Inmaculado Corazón de María

El sábado después de la fiesta del Corpus Christi, celebramos la festividad del Inmaculado Corazón de María.

Para llegar a Dios, debemos ir de la mano de María. Ahí entra en acción su Corazón Inmaculado que, con amor intenso nos guía, nos acoge, nos lleva hasta Dios.

María nos invita a confiar en su Corazón de Madre, a que nos dejemos hacer por su Amor. Ella no nos va a fallar, siempre nos llevará por el camino correcto, pues Ella, preservada de todo pecado desde su concepción, sabe cuál es la Voluntad del Padre.

Antes decía que para llegar a Dios, debemos ir de la mano de María. Fijémonos que, Ella tuvo en su vientre bendito al Corazón de Jesús desde que se produjo la Encarnación. Ella sintió en su interior, cómo se iba formando y creciendo el Corazón de Dios, el Amor de los amores por excelencia. Por tanto, nadie como Ella para alcanzar nuestra meta.

Su Corazón, rodeado de rosas, simboliza su pureza. Pero el puñal que tiene clavado, simboliza el dolor que siente cuando herimos a su Hijo por medio del pecado.

María, al pie de la Cruz, recibió de Cristo, su Hijo, la misión de ser nuestra Madre. Y una madre, protege a sus hijos hasta con su sangre, si fuese necesario. “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre” (Jn. 19,26) Jesús, con estas palabras, nos confirma la maternidad espiritual de María.
¿Cómo no nos va a ayudar? ¿Cómo no nos va a guiar hacia Él?

Confiemos en María, en su Corazón Inmaculado. Entreguémonos a él. Seamos como esos niños que, humildes acuden a su madre para que les proteja de los peligros.



 Inmaculado Corazón de María, sé la salvación mía.



viernes, 12 de junio de 2015

Festividad del Corazón de Jesús


Estamos en junio, mes que, como todos sabemos, la Iglesia dedica al Sagrado Corazón de Jesús.
Desde los orígenes del cristianismo, ha existido esta devoción; pues meditar el costado abierto de Jesús, de donde brotó sangre y agua al ser atravesado por la lanza, cuando, ya muerto, estaba colgado en aquel madero que le llevó a salvarnos, dio lugar al nacimiento de la Iglesia.

Muchos decimos que somos devotos del Corazón de Jesús. Sin embargo, ese AMOR de Cristo por nosotros, ¿es correspondido?. Si somos seguidores de Jesús, si somos cristianos, lo primero que debemos hacer es amarlo sobre todas las cosas, y amar al prójimo como a nosotros mismos. ¿Lo hacemos?. De ser así, ¿por qué esos rencores? ¿por qué esos odios? ¿por qué levantamos falsos testimonios sobre los demás? ¿por qué damos lugar a lo que, el Papa Francisco califica muy acertadamente como “chismes”? ¿por qué envidiamos a los demás? ¿por qué somos tan soberbios y prepotentes si debemos amar a los demás como a nosotros? Sí, es complicado, lo sé. A todos nos han hecho daño en algún momento. Pero, ¿no le hicieron daño a Jesús? ¿a caso no seguimos nosotros haciéndoselo?.

La característica principal del Corazón de Jesús, es su Divina Misericordia. ¿Practicamos la misericordia y la caridad con los demás?.

Analizadas estas pequeñas preguntas volvamos a pensar fríamente. ¿Somos auténticos devotos del Sagrado Corazón de Jesús?. ¿O es una mera fachada para aparentar que “somos buenos y un ejemplo para los demás”?

Este mes, es un buen momento para pararnos a meditar en nuestro día a día. ¿Qué haría Jesús en esta situación? ¿Qué respondería Jesús ante esta pregunta? ¿Cómo actuaría Jesús ante las mentiras y calumnias que estoy escuchando?... Intentemos entrar en su Corazón, que Él está deseoso de que lo amemos, de ayudarnos, de acogernos... Pensemos que lo negamos, lo olvidamos, lo ofendemos, lo herimos, lo maltratamos... y sin embargo, Él siempre está ahí para acogernos cuando más lo necesitamos. ¿Hacemos eso con los demás?

Que la llama ardiente de su Amor nos abra nuestro corazón duro, y nos infunda su Espíritu Santo para que podamos amarle y amar a los demás. Al fin y al cabo, y ciertamente, es lo único importante que debemos hacer en nuestra vida. Tan sencillo y, complicado a la vez, como eso. Pero alegrémonos. Contamos con su ayuda, con la de María Santísima, con la de los santos y ángeles de Dios, que están dispuestos a luchar por nosotros, siempre y cuando, queramos de verdad su apoyo.


Ánimo a todos.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
El Señor os bendiga.



domingo, 7 de junio de 2015

Corpus Cristi 2015



Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. 

Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.” (Jn. 6,54).

La Eucaristía -que significa acción de gracias- es el Sacramento por el cual, Cristo, bajo las especies del pan y del vino, se hace presente. De esa forma, se queda con nosotros después de su Ascensión al cielo, hasta su segunda venida. Es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad Sacramentado.
¿Creemos que Cristo está real, verdadera y sustancialmente en la Eucaristía, juntamente con su Alma y Divinidad? Después de comulgar, ¿nos quedamos un rato a solas con Él para hablarle de nuestras cosas? ¿Somos conscientes del milagro que acontece en el altar en el momento de la Consagración? ¿Vemos en el Sagrario, en la Sagrada Forma, en la Custodia a Dios?

Pienso que es tan grande lo que nos dejó, que no somos capaces de entenderlo y, por consiguiente, asimilarlo. Por eso debemos pedirle a Dios que nos dé fe, sino la tenemos; y nos aumente la poca fe que podamos tener.

De nada servirá que hagamos genuflexiones bien marcadas si sólo lo hacemos por aparentar algo que no sentimos o creemos. Simplemente, no tiene sentido. Es preferible ser consecuentes con lo que predicamos, y amar a los demás. Porque, “en verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt. 25,40). Es decir, la fe se demuestra con obras, sino... no hay fe.

En este domingo, festividad del Corpus Christi, Dios va a pasear por las calles. Sí. Dios. No es una procesión más. Es la procesión de las procesiones. Normalmente espera en el Sagrario a que vayamos a verlo. Sin embargo, hoy, es el mismo Cristo, el que quiere acercarse a escuchar y atender tus problemas, tus preocupaciones, tu enfermedad, tus alegrías... tu vida. Hoy, triunfante pero humilde (esa es la grandeza de Dios), una vez más, pese a que lo hayamos despreciado, quiere estar un poco más cerca de ti para decirte: “Ánimo, sigue adelante, Yo estoy a tu lado, pídeme ayuda si la necesitas, comparte tus cosas Conmigo. Salgo a tu encuentro para ofrecerte mis brazos que te acogen, mis hombros que te consuelan, mis manos que te sanan, y mi Corazón que te Ama. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Yo, soy tu amigo, el que jamás te va a fallar. Confía en mi.”

Que sepamos ver en ese trozo de pan, al que es el Pan de Vida que alimenta nuestras almas. Él es el Señor.


Dios os bendiga.