viernes, 8 de octubre de 2010

¿Vivimos o convivimos?

La acción de la convivencia es convivir.

A mi manera de entenderlo, es vivir-con, es decir, vivir por un período de tiempo, largo o pequeño, con alguna o algunas personas.

Aquí encontramos muchas maneras de convivencia: habitar en una casa con una persona (conyugue, compañero de piso, amigo…), habitar con varias personas (familia, amigos, hermanos en una comunidad, residentes en un colegio mayor o residencia, cuartel…), estar todos los días con compañeros de trabajo. Por otro lado tenemos lo que podemos denominar, convivencia extraordinaria; como es pasar unos días con unos amigos en vacaciones, o con familiares con los que no lo haces todo el año, estar un día con amigos compartiendo…

El caso es que convivir no significa sólo estar un tiempo con una serie de personas. No. La convivencia va más allá porque requiere una serie de “requisitos”, importantísimos a mi modo de entender. Requisitos mínimos como compartir, ser sinceros, respetar y dialogar con quien se convive. Es conveniente que exista, al menos, un mínimo de unidad, “común-unidad”. No podemos estar, por ejemplo, bajo el mismo techo sin hablar con la otra persona, o sin compartir experiencias, sentimientos, alimentos…, o sin respetar su forma de ser. No estaríamos conviviendo, únicamente estaríamos viviendo en el mismo lugar pero comportándonos como si estuviésemos solos.

Esto se consigue sólo con un poquito de amor con los que tenemos que convivir. Si no tenemos ese poco de amor, mucho nos va a costar aunque sólo sea decir “buenos días”.

El problema es que a veces tenemos que convivir con otras personas por necesidad, y cuando la necesidad aprieta, al menos tendremos un mínimo diálogo, como por ejemplo “pásame el pan”. Pero no nos estaremos preocupando por los demás, sólo buscaremos nuestro bien. En estos casos, nos iremos volviendo cada vez más egoístas y terminaremos por convivir lo mínimo, pasando a vivir con algunas personas en un mismo lugar durante un cierto período de tiempo, sin más.

En una convivencia hay que hablar con los demás, interesarse por ellos, ayudarlos siempre que podamos, compartir lo que tenemos con ellos, debemos expresar nuestros sentimientos y que ellos lo hagan con nosotros, respetar sus posturas, sus formas de ser, corregir y ser corregidos con amor, y para todo ello y más, lo que es primordial y no debe faltar nunca es el diálogo.

Voy a contar una experiencia personal, que quizás nos aclare un poco más lo que no debemos hacer.

Yo pertenezco a un grupo de oración, el cual tiene varios “subgrupitos”, también llamados ministerios. Uno dedicado a la música, otro para orar por los demás, otro que lleva la economía, otro la formación… Yo pertenecía a uno de estos subgrupitos. Éramos cinco personas. Cada cual con su historia personal, su vida, su trabajo…lo normal. Nos reuníamos una vez a la semana para poder llevar a cabo nuestra misión, en este caso la de cantar. Pero ¿saben qué? No podemos tener dobles vidas, esto es, ser de una manera fuera y de otra manera dentro del grupo. Me explico, si fuera, en el día a día y con los demás soy “A”, dentro del grupo no puedo aparentar ser “B”, porque nuestro comportamiento es de mentira.

Lo que tengo yo debo compartirlo, pero lo que tiene “Fulanito” debe compartirlo también.

No podemos hacer a los demás como nosotros queremos que sean, porque nadie nos obliga a nosotros a ser de una forma determinada. Debemos y tenemos que respetarnos cada uno como somos. Al no hacerlo, no dejamos que la otra persona sea como es de verdad. Respetarse es conocerse.

Y debemos decir las cosas que vemos que no funcionan para ponerle remedio, dentro de nuestras posibilidades.

En resumen, para convivir debemos dialogar, respetar, ser sinceros y compartir. Esto no sucedió así, de manera que decidí apartarme porque la convivencia, la unidad entre nosotros era escasa y la que había era de mentira o de conveniencia.

Simplemente por faltar ese mínimo de sinceridad, unidad, compartir, respetar, de dialogar se rompió lo poco que existía. ¡Qué pena!. Si esto pasa en los grupos de oración, que debemos estar unidos y dar ejemplo a los demás, ¿cómo quejarnos de las guerras y las injusticias? Deberíamos quitarnos la viga del ojo, antes de ver la paja del ojo ajeno.

Yo hago de nuevo hincapié en el diálogo, porque me parece imprescindible en la convivencia. He escuchado cosas en discusiones como “yo no hablo porque lo paso mal, a mí no me gusta sufrir. Cuando esté todo arreglado, entonces es cuando prefiero hablar y dar mi opinión” ¿Y quién lo pasa bien? ¿Y no sufrió Jesús más en la Cruz para salvarte a ti? Porque Él no necesitaba ser salvado porque ¡Él mismo es la Salvación!. Y cuando está todo arreglado ¿para qué vas a hablar?, ¿para no hablar?. Yo a eso no lo llamo humildad, sino cobardía. Y es que, y permítanme la fea expresión, es cierto que la porquería cuanto más se mueve más huele; pero a veces hay que removerla para desatascar la tubería y dejarla limpia. Este es el diálogo que no podemos dejar de tener, porque ese diálogo puede desatascar nuestra convivencia, sino lo tenemos se nos atascará de tal manera que estallará de mala forma , cuando menos lo esperemos, rompiéndose y destrozándose toda ella. Cuando ésta se rompe la convivencia y de la forma que acabo de decir, las relaciones quedan frías, violentas, casi miedosas y eso no es nada bueno para nosotros, para nuestro día a día, nuestros quehaceres, nuestra solicitud de ayuda a los demás, nuestra ayuda prestada a los demás, y encima de todo, damos mal ejemplo al resto de nuestros hermanos.

“Si no tengo amor, no soy nada” Ni siquiera puedo convivir, ni pueden convivir conmigo. Pongamos todos ese granito de arena que hace falta para que, la convivencia con nuestro prójimo, sea quien sea, pueda llevarse a cabo con respeto, diálogo, sinceridad, llegando a la “común-unidad” de la que hablaba al inicio.

Que el Señor os bendiga.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Santos Arcángeles

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Éstos son los tres arcángeles citados en los textos canónicos. Como ya sabemos, cuatro más se citan en los apócrifos: Barachiel, Uriel, Jehudiel y Saeltiel, llegando a un total de siete. Y no es casualidad que sean precisamente siete; pero hoy vamos a centrarnos en los canónicos, que es la fiesta que conmemoramos.

Y sintentizando bastante, resaltaremos algun aspecto de cada uno.

Miguel: Es el jefe de la escuadra celestial y derrotó al dragón (siendo éste un símbolo del demonio) En la Biblia aparece en el Libro de Daniel, como el primero de los príncipes y custodios del pueblo de Israel. En la carta de Judas se define como arcángel, y en el Apocalipsis es donde aparace el episodio de la derrota del dragón que mencionaba antes.
Se le representa alado, con armadura, espada o lanza con la que espanta al demonio. En ocasiones en la otra mano lleva una balanza, con la que pesa las almas.
Su nombre significa "¿Quién como Dios?".

Gabriel: Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan y a María el de Jesús. En el Antiguo Testamento es enviado por Dios para ayudar a Daniel a interpretar el significado de una visión y pedecirle la llegada del Mesías.
Se reprepresenta como una joven figura andrógina y alada. A partir del siglo XV se le representa con diadema. Su atributo es la azucena que le lleva a la Virgen Santísima en la Anunciación, y lleva el dedo índice levantado con actitud de hablar.
Su nombre significa "Fuerza de Dios".

Rafael: Acompañó a Tobías en su viaje y sanó la ceguera de su padre Tobit.
Se representa como un ángel de grandes alas que acompaña a un joven (Tobías) el cual, lleva un pez en su mano. Pez con el que pudo curar la ceguera de Tobit, como cuenta la Biblia en Tobias 6.
De ahí que su nombre signifique: "Medicina de Dios" o "Dios ha curado".

Muchas felicidades a todos los que, como yo, celebran hoy su onomástica.

El Seños os bendiga.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El desapego III

(Continuación)

Jesús nos dio ejemplo con su vida. Pasó por los bienes de esta tierra con perfecto señorío y con la más plena libertad. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre.

¿Recordáis la historia del rico Epulón y el pobre Lázaro? El pecado del rico no está en tener posesiones, ni tener abundante comida, ni vivir de forma desahogada. Su pecado está en el egoísmo. En ignorar al pobre que estaba en su puerta. Él hizo mal uso de sus bienes. Y es que el egoísmo impide ver las necesidades ajenas. Es entonces, cuando tratamos a las personas, no como tales, sino como cosas. Las utilizamos, le sacamos el máximo partido y cuando ya no nos proporcionan lo que queremos, las dejamos de lado. Como los pañuelos de papel. Una vez que nos han solucionado el problema, lo tiramos a la basura y vamos en busca de otro. Todos tenemos mucho que dar: Afecto, aliento, una sonrisa, un buen consejo, un abrazo, un oído que escuche al otro, etc. Todos tenemos valores y ninguno somos cosa, por eso no debemos tratarnos como tal.

Hay que desprenderse de ese egoísmo, esa soberbia que nos come tanto en ocasiones, y que nos impide ver en el que tenemos al lado, el rostro de Dios. Desgraciadamente vemos al enemigo a batir, al que me puede hacer sombra, y eso hermanos, si que podemos decir con toda certeza, que no es lo que Dios quiere de nosotros.

El desapego nos ata, porque nos quita la libertad.

Hay un ejemplo que posiblemente algunos de vosotros ya sepáis, no sé si será del todo cierto, pero me gusta mucho y os lo voy a poner.

Es el de las abejas.
Éstas, después de construir las colmenas las abandonan.
Y no la dejan muerta, en ruinas, sino viva y repleta de alimento.
Dejan toda la miel que fabricaron de más, sin preocuparse con el destino que tendrá.
Levantan vuelo hacia su próxima morada sin mirar para atrás.
En la vida de las abejas encontramos una gran lección.
En general el hombre construye para sí, piensa en el valor de la propiedad, ambiciona conseguir más bienes, sufre y por no perder aquello por lo que tanto “luchó” por conseguir.
La lección de las abejas está en su espíritu de donación.
En un acto poco común de desapego, abandonan lo que les llevó una vida construir.
Simplemente lo sueltan sin preocuparse por el destino que tendrá.
Dejan lo mejor que tienen, sea para quien fuere,
Si queremos ser libres, si queremos dejar de sufrir por lo que tenemoso por lo que no tenemos, debemos abrigar un único deseo:Transformarnos.

El ejercicio consiste en tener siempre presente que nada ni nadie nos pertenece, que no vinimos al mundo para poseer cosas o personas, y que debemos soltarlas.
De modo que, cuando algo o alguien tiene que irse de nuestra vida, no alimentemos la ilusión de pérdida.
Adquirimos una visión más amplia.
El sufrimiento llega cuando nos aferramos a algo o a alguien.
El apego empaña lo que debería estar claro: por detrás de una supuestapérdida se esconde la enseñanza de que está por llegar algo nuevo y mejor para nuestro crecimiento.
Recordemos que donde esté nuestro corazón, allí estarán nuestros tesoros…
Dejo una pregunta para meditar, y es esta:

Si no renunciamos a lo viejo, ¿Cómo puede haber espacio para lo nuevo?


El Señor os bendiga.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El desapego II

(Continuación)


El desapego no es quedar ligado a las cosas materiales de la vida, ya sean trabajo, casa, una relación, una ciudad, una determinada situación… Aquí también os diría hermanos, que esto es difícil de entender, que infinidad de veces estamos apegados a lo material.

En otras palabras, debemos tener claro que no podemos acaparar riquezas materiales en la tierra; porque ellas no se vendrán con nosotros cuando dejemos este mundo. Las únicas riquezas que debemos acaparar, y cuantas más mejor, son las espirituales. Esas son las que nos llevaremos con nosotros. Es más, esos son los talentos que debemos devolver al Señor con tantos productos como podamos. Si nos ha dado uno, debemos invertirlo para, al menos darle dos. Si nos ha dado diez, a ver si podemos darle quince. Porque para eso nos los da, para que demos fruto. Esos son los dones y carismas que Dios nos presta en esta vida para que vayamos construyendo su Reino.

Sin embargo, en este terreno de lo espiritual, también debemos desprendernos de muchas cosas. No son riquezas, pero vienen envueltas en un papel muy atrayente. Son lo que hoy llamamos nuestra humanidad, quizás para que, dicho de esta forma, nos parezca menos grave. Pero en el fondo no deja de ser nuestra soberbia, envidia, egoísmo, mentiras, faltas de amor… en definitiva, nuestros pecados. Tenemos que tener desapego por tanto, de esas faltas. Y es que a veces nos gusta demasiado llamar la atención como sea, para ser el centro bajo el disfraz de la falsa modestia, o con la excusa de que el Señor nos lo muestra y es lo que quiere ¿a caso no es lo que queremos nosotros? Esto no son nuestros bienes espirituales, en este caso, son nuestros males espirituales, de los que nos debemos desprender, porque, como decía antes, lo espiritual es lo que nos llevaremos al otro mundo. A Dios no le importan que tengamos dos casas, tres coches, varias parcelas de tierra o varios millones en el banco. Precisamente eso no le interesa para nada. Lo que le interesa es nuestra alma, que es la que no morirá nunca.

El desapego se puede entender de muchas maneras, pero una de las más claras y frecuentes, es la muerte de un ser querido. A veces es desgarrante sentir que ese ser se nos va, y hay que aprender que el desapego no es abandonar, ni ser abandonados; este aprendizaje, hermanos, es muy difícil, pero a la vez grande porque te llena de Dios y descubrimos su verdadero Amor.

Entonces… ¿por qué cuesta tanto el desapego o desprendimiento de lo material? Lo material nos hace esclavos, egoístas y hace que el demonio, que es un gran seductor, se apodere de nuestras almas y nos separa más de Dios. El desprendimiento del corazón es lo que nos lleva a tener el corazón sólo en el Amor, en Dios y en las cosas de Dios. Ahí, y sólo ahí es donde podemos encontrar el alivio y la paz del alma, que es lo que únicamente nos pueden hacer felices.
Hermanos, cosas materiales podemos tener, pero sin agarrarnos a ellas, o despilfarrar sabiendo las necesidades de tantos otros hermanos en el mundo, o incluso en nuestra comunidad, o incluso en nuestras familias.

Si no estamos desprendidos y desapegados de nosotros mismos, de nuestras cosas, es difícil dejarle sitio a Dios en nuestro corazón. Hermanos, Dios quiere entrar en nuestro corazón, en cada uno de nosotros; pero no hay sitio para Él, porque lo tenemos ocupado con estas banalidades, ya sean las riquezas materiales o las malezas espirituales. Si tenemos una lata de conservas llena hasta arriba de cemento, por mucho que queramos rellenarla de comida, será imposible por dos cosas: primero, porque obviamente está llena; y segundo, porque está llena de cemento, duro, difícil de romper con un dedo o cuchara. Debemos romper ese cemento, con cincel y martillo, vaciar la lata, y una vez limpia, llenarla de alimento. El cemento no hacía más que estorbar, era improductivo dentro de la lata. Eso es lo que nos pasa en nuestro corazón.

Ese es el desapego, librarnos de todo aquello que nos daña y nos impide el dar fruto, el aprovechar lo que llevamos dentro para darlo, nos impide en definitiva, crecer como personas.


(Continuará)

El desapego

“La vida es como un puente. Pasa por él, pero no construyas tu morada en él”
Inscripción en la Gran Mezquita de Sikri, India.

El que tiene apego a la vida, la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna. (Jn. 12, 25)

Pero esto, hermanos, es tan difícil de cumplir… con lo bonita que es la vida cuando no nos agobian los problemas. Y todo parece irnos bien, somos casi autosuficientes, nos divertimos pensando en el mañana, hacemos planes, incluso contamos poco con Dios. Pero surge un contratiempo y… entonces le preguntamos: ¿Dios, dónde estás? Aquí es cuando vemos que no somos nada, y que sin Dios no vamos a ninguna parte. Entonces nos abandonamos en sus manos y descubrimos que los apegos a la vida no nos llevan a nada.

El desapego no es desamor. El desapego es sostener nuestra libertad, que es un don que Dios nos regala, y a la vez tenemos que dejar ser libres a quien amamos. Hay cientos lazos que nos atan privando de libertad y, por tanto, impiden a la otra persona, su evolución como almas.

Cuando oímos esta palabra -“DESAPEGO”- se nos vienen a la cabeza sinónimos como desprendimiento, o la idea de dar lo que tenemos. Quizás porque recordamos a Jesús diciendo “vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego, sígueme”.

Lo primero que debemos tener claro, es que no podemos llevar a la práctica esto al pie de la letra. Es decir, no podemos poner a vender todo lo que tenemos porque eso no es el desapego.
Hay que tener en cuenta que Dios ha querido y permitido que tengamos una serie de bienes. Unos más y otros menos. Pero esos bienes son para nuestro disfrute y el de los demás. Es decir, Si Dios nos ha dado una casa, no es para que la vendamos y nos quedemos tirados en la calle. Precisamente nos la dio para cubrirnos esa necesidad, para que la disfrutemos, la usemos; pero siempre y cuando hagamos buen uso de ella. Somos administradores temporales de los bienes que nos ha dejado en esta vida. Otra cosa es cuando además de lo que tenemos queremos más, y más y más…convirtiendo nuestra vida en un acaparamiento de bienes que, ni abarcamos, ni disfrutamos, ni ayudamos a nadie con ellos. Es cuando los bienes se convierten en males. Y en lugar de adorar a Dios, adoramos a esos “dioses” de hoy día. Los dioses del mundo que nos apartan poco a poco del Señor. Dioses como el dinero, el lujo, la suntuosidad, el egocentrismo, el aparentar lo que incluso no somos… Son dioses que nos van seduciendo con sus golosas y apetitosas propuestas y que, como Eva, corremos el riesgo de perderlo todo, si mordemos, aunque sólo sea un trocito de esa manzana prohibida.

Sin embargo, hay personas que se dedican en su vida a acaparar pertenencias, riquezas, e incluso toman posesión de bienes y personas (esposos, hijos, amistades, etc.) Esta posesividad es lo que llamamos apegos a las cosas materiales de este mundo y, en la mayoría de las veces, estos apegos nos apartan de Dios. El amor y la confianza acercan a Dios. Cuando Jesús le dice al hombre rico que venda sus cosas y deje a su familia para seguirlo, lo que le propone es que se cuestione su actitud ante la vida, le hace tomar conciencia de cuáles son sus soportes.

El desapego nos propone muchas veces grandes cambios en nuestras vidas. A veces hay que decir “¡basta!”, hacer un parón, un alto en nuestro caminar y darnos cuenta de lo que Dios nos pide, que seguro que si verdaderamente lo oímos, la recompensa es grande.

El desapego no es fácil. Es una manera de darnos cuenta que somos meros cuerpos físicos, o sea, nada.
Continuará...

viernes, 20 de agosto de 2010

De nuevo la misericordia de Dios

Hace unos días estuve en el tanatorio. Y es que falleció el padre de un amigo mío. El caso es que este hombre llevaba meses enfermo, estuvo entre el hospital y su casa todo el tiempo. Tenía varios hijos y uno de ellos estaba fuera del país por motivos de trabajo. Uno de los hijo quería que recibiera la unción de enfermos, pero él no quería recibirla.
Así iban pasando los días en el hospital y en la casa con muchos cuidados.
Pero en un momento de esos en los que Dios habla por muchos sitios a la vez, hace que unos amigos muy cercanos, y el propio hijo de este señor (mi amigo), se planteen de nuevo el tema de la unción. Así que se ponen de acuerdo con el capellán del hospital para que fuese a impartir dicho sacramento. El padre de mi amigo ya estaba casi listo para marcharse, pero quedaba algo. Venía su hijo, el que andaba fuera del país y, pese a las complicaciones de su viaje, porque perdió alguna conexión de vuelo, llegó al final en la madrugada ese mismo día. Pudieron despedirse de él todos sus familiares incluido este hijo que acababa de llegar.
Así que, después de recibir la unción de enfermos, despedirse de sus familiares, el Señor le permitió también sentir la presencia (porque ya estaba con los ojos cerrados) de su hijo que estaba en el extranjero. Falleció al comenzar la mañana del día siguiente, a las pocas horas de que llegara su hijo.
Puedo decir con toda seguridad que la misericordia de Dios estuvo presente al final de su vida y ahora goza ya de su presencia.
D.E.P.

El Señor os bendiga.

domingo, 15 de agosto de 2010

Asunción de María

Hoy celebramos la festividad de la Asunción de María Santísima a los cielos. En este dogma de fe, -declarado el 1 de noviembre de 1950 por el Papa Pio XII- creemos que la Virgen fue elevada al cielo en cuerpo y alma.

La Asunción de María, como explica el catecismo de la Iglesia católica, se presenta como una contribución particular a la Resurrección de Cristo y se anticipa a lo que será la resurrección de los hombres.
Este dogma debe ser un motivo de esperanza y gozo para nosotros, porque infinidad de veces oramos a Dios y pedimos a María que interceda ante Él por nosotros. Con el motivo de la festividad de hoy, sabemos que Ella fue asunta para abogar por nosotros ante el Trono y la Majestad de Dios.

Cerremos los ojos e imaginemos, por un momento, la fiesta tan grande que debió haber aquel glorioso día en el Cielo. La Madre de Jesús llegaba y todos los ángeles la recibirían con cánticos y dando gloria a Dios por Ella. Llegaba la Reina por excelencia.

Dejo una pequeña poesía-oración que escribió Fray Luis de León.

Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!

De ángeles sois llevada,
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:
¡Tal Reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna!

Volved los blandos ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
a este valle de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.

Que, si con clara vista
miráis las tristes almas deste suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de un vuelo,
como piedra de imán al cielo, al cielo

Que tengáis un buen día y el Señor os bendiga.

viernes, 13 de agosto de 2010

Reconocimiento de Valores

Nuestra amiga Gran Visigoda ha querido compartir con La Sinagoga de Cafarnaúm este premio "Reconocimiento de Valores". Dicho premio exalta los valores de algunos blogs que en todo momento y a través de sus entradas EXALTAN la constancia, el trabajo, la unión, la amistad, el crecimiento, el aprendizaje, entre otros valores fundamentales.

Estoy muy agradecido a Gran Visigoda por haberse acordado de este pequeño lugar dentro del inmenso mundo de los blogs.

Quiero compartir este premio con todos mis seguidores que, día tras día, aportan su granito de arena con sus visitas y comentarios.

Felicidades a todos los premiados y que el Señor os bendiga.

martes, 10 de agosto de 2010

La Voluntad...

Cuando nos entregamos a Dios, esperamos en Él y confiamos en Él. Esta confianza nos hace sentirnos seguros, es... ese colchón que tenemos. Es bueno confiar en el Señor, es más; siempre nos lo está recordando. Pensemos en lo que le dijo a Santa Faustina"...Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti..." Si confiamos en un amigo nuestro, ¿cuánto más debemos confiar en Jesús?, ¡el AMIGO por excelencia!
Por otra parte; Dios nos dio unos dones para que los pongamos en práctica. Normalmente, las cosas nos salen bien porque el Señor ha obrado en nosotros, eso debemos tenerlo claro, y no es mérito nuestro.
Si unimos la práctica de estos dones, nuestro trabajo y esfuerzo a la confianza en Dios, ya podemos olvidarnos del resultado porque será lo que Dios quiera. Es decir, hemos cumplido con nuestra misión, y debemos eperar a que se cumpla lo que Dios quiere, no lo que pensamos nosotros que debe pasar. En eso está nuestra confianza en Él. En que, una vez realizado el trabajo, esperamos en Él. Pero, ¿qué ocurre cuando "confiamos" sin trabajar? Pues se pueden dar dos situaciones: a) La Misericordia infinita de Dios, hace que el resultado sea favorable para nosotros. Es decir, nos da una muestra de lo que es capaz de hacer y que no somos nosotros los que hacemos, sino Él el que hace en nosotros. A su vez, nos da una nueva oportunidad para que nos demos cuenta que debemos trabajar para conseguir los frutos. Es una inyección de incentivo que nos mete. b) Los objetivos no se cumplen y por tanto, ese resultado desfavorable, está para que nos esforcemos y nos demos cuenta que hay que trabajar para el Reino, que al fin y al cabo, es para nuestro bien.
En esas veces en las que no trabajamos, o no damos de nosotros lo que debiéramos dar, he oído expresiones del tipo "nosotros ponemos la voluntad, que no es poco, y ya el Señor se encargará de hacer su obra, porque si nos ha puesto aquí es por algo". Esto, mis queridos amigos, me van a permitir la expresión, pero me repatea cuando lo oigo. Podemos entender la expresión en el caso que andemos perdidos y confiamos en que el Señor nos lleve o nos ponga a alguien que nos guíe. O por alguna razón de importancia como una enfermedad, por poner un ejemplo, no pudiéramos realizar nuestra misión en un momento determinado. Pero cuando sabemos lo que tenemos que hacer, no tenemos otros impedimentos, y solo por no haber hecho las cosas, cuando llega el momento de dar cuentas decimos lo que arriba comentaba... eso me parece de lo más vago e irresponsable. En estos casos siempre pongo el mismo ejemplo, y como él, hay miles, pero éste me parece bastante claro:
Tenemos a un alumno que no estudió, pero no por causas que se lo impidieran. Simplemente, no estudió. Tiene su mesa de estudio muy preparada, no le falta detalle, pero no estudia. Llega el día del examen, y sobre la mesa coloca sus estampitas. Empieza a pedirle a Dios que apruebe el examen. A la vez, y con nervios que se reflejan en el movimiento incansable y rápido de sus piernas, pide y solicita la intercesión de varios santos, para que le echen una manita. ¿Quizá espera aprobar por obra del Espíritu Santo? o mejor aun, ¿aguarda que venga el santo al que solicitó ayuda y le vaya dictando poco a poco las respuestas del examen?. Ante esto sólo se me ocurre una contestación, y pienso que es obvia: Tenias que haber estudiado antes, haber puesto todo de tu parte y luego esperar al resultado. Quizá, incluso sin pedirlo, habría recibido una ayuda en caso de necesitarla. Pero hay que trabajar. Igual que el atleta no puede ganar sino entrena, igual que las casas no se hacen solas por mucho que tengamos los ladrillos delante,etc.
Pues nosotros igual. Si nuestra misión es orar por los demás, si nuestra misión es evangelizar, si nuestra misión es dar un consejo, si nuestra misión es alabar a Dios, si nuestra misión es acompañar a los enfermos, si nuestra misión es cantar, si nuestra misión es ayudar a los necesitados, si nuestra misión es llevar adelante la comunidad que se nos ha encargado... preparémosnos para ello, y cumplamos con nuestro deber lo mejor posible. Pongamos todo de nuestra parte, porque además, de todo esto, el Señor nos pedirá cuenta algún día. Son los talentos que debemos presentar cuando llegue el momento.
Una vez oí decir "tu voluntad está, donde está tú interés". Creo que esta frase resume todo lo que he querido reflejar en este post. Porque con la voluntad, a veces, no es suficiente.
Que, además de la voluntad, el Señor nos haga ver que debemos esforzarnos y poner un poco más de nosotros.

El Señor os bendiga.

miércoles, 4 de agosto de 2010

San Juan María Vianney

Hoy, festividad de san Juan María Vianney, más conocido por el Santo Cura de Ars, se celebra el día de los sacerdotes. Estos hombres que un día, escucharon la voz del Señor que les llamaba a servir desde este sacramento del Orden Sacerdotal.

Hoy día salen a la luz muchas polémicas en las que están inmersos algunos sacerdotes. Pero "por un garbanzo no se estropea un puchero" y las cosas buenas (que son tantas al cabo del día) desgraciadamente no interesan que se sepan. Pues yo desde aquí, y ¡qué mejor día que hoy! quiero dar gracias a Dios por los sacerdotes y, quiero pedirle también, que ellos sean los pastores que necesitamos en nuestras vidas de ovejas descarriadas.

Asimismo, quiero felicitar a todos los sacerdotes y, me van a perdonar ustedes, mis queridos lectores, que haga una felicitación especial a mis amigos el P. Yelman y el P. Mario. Sacerdotes y, sobretodo, excelentes personas. Que el Señor los bendiga y les ayude en la tarea que les ha encomendado.