domingo, 28 de febrero de 2021

¿Estrellas?


 

En esta semana he tenido una experiencia de las que podemos catalogar de “rutinarias”, pero desde el primer momento me hizo pensar y… aquí estoy, escribiendo sobre ella.

Un día muy desapacible, de fuerte viento y cielo encapotado. Salía del supermercado y en la puerta de repente veo a una persona muy próxima a mí, con un abrigo acolchado tipo plumífero muy fino, con el cuello levantado para cubrirse del frio y humedad, una mascarilla higiénica y un gorro de lana hasta las cejas que impedía, a primera vista, reconocerla. Busqué entre las capas de ropa su mirada para identificarla, y así fue. Era una persona muy conocida en la localidad, drogadicta, siempre hace algún comentario e incluso graciosos, con mucho arte. Aquel día no iba a ser distinto. Cuando cruzamos miradas, yo le sonreí,  aunque he de suponer que poco se me vería a través de la mascarilla. El caso es que me dijo: “El mundo es un pañuelo, caballero”. Sin más le contesté haciéndole un signo de aprobación a su comentario levantando el pulgar: “Así es”; y seguí mi camino. A escaso metros tenía el coche y al abrir la puerta, aquella persona desde su sitió siguió hablando, esta vez en voz alta, seguramente que con la intención de que la oyese. “Unos nacen con estrellas, y otros «estrellaitos»”.

En cuanto subí al coche, esa frase no hacía más que bombardearme. ¡Qué pena que las personas caigan en ese pozo enrevesado de la droga! Pero no sólo eso, ¡qué pena y qué desagradecimos somos las personas!

En efecto, a unas personas Dios les concede tener una familia, casa, necesidades cubiertas, trabajo, amigos, educación… bienestar. A otras les concede pobreza, enfermedades, guerras, violencia, soledad…

Pienso que los que tenemos el regalo de pertenecer al primer grupo, no damos a Dios las gracias suficientes. Al revés, nos quejamos de todo y nos creemos con más derechos que nadie. Muchos llegan a creerse superiores al resto pensando que con dinero se compra todo, olvidándose de amar, de ser un poco humildes, y de que todos somos iguales. Unos con más bienes que otros, pero iguales. Iguales nacimos, e iguales morimos.

Puede ser una buena ocasión para que todos meditemos sobre esto. Dar gracias a Dios por todo lo que nos da, y pedirle más por los demás y menos por nosotros mismos. Muchas veces, con tal de llamar la atención del resto, porque somos todos muy soberbios, nos quejamos y gritamos a los cuatro vientos que “nos duele mucho la cabeza”. Siempre hay quien está peor que nosotros, pero infinitamente peor. ¡Lástima que la venda egocéntrica que portamos nos impida ver más allá de nuestro ombligo!

Al inicio decía que había vivido algo que podíamos catalogar de “rutinario”. Hemos convertido las desgracias de los demás en rutina, ya nada nos conmueve. El hambre, la droga, la enfermedad, la violencia, la sociedad que se empobrece. Las muertes por guerras, pandemia, atentados… ya no nos escandaliza. Nos da igual 5 que 150. El enemigo está consiguiendo que las personas seamos simples números unos para otros.

Recordemos que Cristo vino al mundo, y nos preparamos en estos días de Cuaresma para vivirlo intensamente, con el único fin de salvarnos y redimirnos a todos. Cristo no viene a salvar a los que viven bien únicamente, o a los que van a misa únicamente, o a los que rezan mucho únicamente. Cristo va a entregar su VIDA por todos los que quieran salvarse. Pobres, ricos, sanos, enfermos… y aunque, como decía antes, sigue habiendo quien piensa que con dinero se compra todo, a Dios precisamente no se le compra, y menos con unas simples monedas. Quizá en nuestra idea humana de ver las cosas, pensamos que muchos nos salvaremos porque Dios es bueno y yo “ni mato, ni robo” (que está por ver porque hay muchas formas de matar y de robar). Pero no pensamos como Dios, ni sabemos los planes de Dios, y mucho menos podemos comprar a Dios; y esa persona a la que despreciamos porque consideramos “inferior” a nosotros, puede que ya tenga su sitio guardado en el Cielo, mientras que nosotros tendremos que luchar por un huequito en el purgatorio porque somos incapaces de AMAR, que es la única pregunta del examen final de nuestras vidas. ¿Has amado de verdad a los demás?

Ojalá y en el tiempo que resta de Cuaresma, sepamos valorar lo que tenemos, agradecerle a Dios por todo y, sobre todo, recapacitemos y examinemos nuestro compromiso de Amor con Dios y con los demás.

El Señor nos bendiga.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Sagrada Familia

Sagrada Familia.

Gérard Edelinck. 1704. Biblioteca Nacional de España.


Padre, Hijo y Espíritu Santo: Un solo Dios en Tres Personas.

Jesús, María y José, reflejo de la Trinidad Beatísima en la tierra: Una Familia en Tres Personas.

Los Mandamientos antes del primero dedicado a la Familia son Tres, porque el Tres es el número de la perfección. Hay que amar a Dios sobre todas las cosas, no mencionar el Nombre de Dios en vano, y santificar las fiestas, pero después de esto, lo más importante es honrar a tu padre y a tu madre. Después de Dios que debe ser lo primordial en nuestras vidas, está la Familia.

La Sagrada Familia, a quien hoy dedicamos el día, es ejemplo para nosotros de amor, humildad, obediencia, unidad… ejemplo de Familia.

La sociedad actual, con su verborrea barata, tiene totalmente devaluada a la Familia y, siendo ésta el centro neurálgico, desatendido y sin cimentación, hace que la propia sociedad se devalúe. Es la pescadilla que se muerde la cola. ¿Cuántas veces hemos dicho u oído que el mundo de hoy está muy mal? ¿No será que la Familia como tal es casi inexistente? Muchos piensan e incluso llegan a asemejar el término familia con algo antiguo o de beatos, y no contentos con eso, utilizan los vocablos en sentido despectivos.

La Familia no es cosas de viejos, no es cosa de otra época pasada. La Familia es, debe y tiene que ser actualidad constante. Independientemente del estatus social, cultura, edad… el centro del mundo radica en los padres y los hijos, con amor mutuo, respeto, obediencia, ayudas, desprendimiento, servicio, humildad… Si esto existiera en cada familia del mundo, éste sería distinto y, ni que decir tiene, que mejor.

Padres que se pelean entre sí llegando incluso a cometer asesinatos, hijos que insultan a sus padres o los mata porque “les molestan”, gritos, iras… Si esto sucede en miles de familias, ¿cómo vamos a pretender la paz universal? Si somos incapaces de tener la paz en casa, no podremos jamás conseguir algo superior. Por tanto, hemos de trabajar y cuidar lo que tenemos, porque la Familia es lo más sagrado. ¿El problema? Que no aceptamos a Dios en nuestras vidas y si lo hacemos, es de palabra y para aparentar externamente lo que no tenemos de verdad, pero no de obras. Y para que exista una Familia de verdad, con todo lo que conlleva, es imprescindible la presencia en medio de ella de Dios.

Todo tiene sentido aunque nos cueste reconocerlo. Sin Dios no podemos nada, con Él todo lo podemos. Si Dios no está con nosotros, estará el enemigo. A él le gusta crear polémica, enfados, y se alegra con nuestro pecado. En cambio Dios quiere amor, unidad, y se entristece con nuestro pecado. Por tanto, si dejamos fuera de la Familia a Dios, el que une en el Amor, nunca podremos tener esa ansiada Paz. Y si no la tenemos nosotros, no podemos llevarla a los demás. Y si no la llevamos a los demás, y los demás están como nosotros, es cuando surge el caos en el que estamos inmersos. Porque desde el origen, y podemos leerlo en las primeras palabras del libro del Génesis: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn. 1, 2). Es decir, hasta que Dios no puso orden en la Creación, todo era caos, oscuridad, y así será nuestra Familia si no dejamos que sea Dios el que ponga orden, nos una y nos traiga su Paz.

Dios envió a la tierra a su Hijo, el Rey de reyes, el más Grande, y nació en un establo. El rostro visible de Dios invisible nace de la forma más pobre y humilde, rodeado de animales y estiércol para traernos su Paz, su Amor. Y su vida será siempre de servicio y entrega por ti, por mí, por todas las personas sin excepción. Y nosotros, ¿qué hacemos? Buscamos riquezas, queremos llevar siempre la razón, nos creemos mejores que los demás…

María y José ayudaron a Jesús a ir creciendo, ellos sólo querían lo mejor para Él, y le dieron todo lo que estaba en su manos. Con ellos fue descubriendo quien era desde su parte humana, ya que Él lo sabía todo como Dios. Y así los padres hacen con nosotros, y nosotros como padres hacer con nuestros hijos. Pero nosotros como hijos debemos ser obedientes a nuestros padres, y nuestros hijos deben serlo con nosotros, pero siempre desde el amor, no se trata de imponer nuestra ley, sino de que sea Dios el que esté entre nosotros y una la relación padres-hijos, como hizo con María, José y Jesús.

En la actualidad las personas nos “estorbamos” unos a otros; y me explico. Nos hemos vuelto sumamente egoístas por la falta de amor. ¿Qué me he quedado embarazada y no me apetece ahora tener un hijo porque soy joven y tengo que “vivir la vida”? Pues mato al bebé, le quito la vida a él, y lo camuflo con la palabra aborto o lo que es peor, interrupción del embarazo. ¿Qué tengo un familiar con una enfermedad o es disminuido físico, necesita tiempo para atenderlo y me lo tengo que quitar de mi disfrute personal? Pues lo mato, le quito la vida a él y lo camuflo con el vocablo eutanasia, porque “se merece una muerte digna”. Jesús y María acompañaron a San José cuidándolo y atendiéndolo, hasta que Dios se lo llevó. María veía cómo su Hijo sufrió la pasión y muerte, y estuvo a su lado acompañándolo hasta el final. ¿Quiénes somos nosotros para privar de la vida a nuestros familiares? Quizás algún día nos maten porque nosotros seamos los que “molestamos”. ¿Qué poder tenemos nosotros para no llevar a cabo el plan de salvación de Dios? Las cosas pasan por un fin que no sabemos ni entendemos, pero vienen de Dios y por tanto, debemos fiarnos de nuestro Padre porque será lo mejor y lo más perfecto que nos pueda pasar. No es fácil, pero en el esfuerzo es donde nos fortalecemos todos, en eso cosiste la unidad fraternal.

Ojalá nos dejemos llevar del modelo por excelencia que nos dio y sigue dando la Sagrada Familia, y lo sepamos llevar a la práctica como padres y como hijos.

El Señor nos bendiga.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Adviento. El tiempo de la Esperanza


 

María, el primer adviento. ¿Quién mejor que Ella para guiarnos correctamente por este tiempo litúrgico que iniciamos? Un tiempo de alegría, de gozo, de entusiasmo. Un tiempo de Esperanza.

Si nos fijamos en el adviento de María, lo primero que hace es escuchar, prestar atención a la Palabra de Dios a través del mensaje de Gabriel. No se revela, ni tiene que insistirle el Ángel para que le haga caso, no. María deja lo que estaba haciendo para atender a Dios, para comprometerse con Él, para convertirse en su esclava, en su Madre. Primer dato a tener en cuenta y llevarlo a la práctica: Escuchar la voz del Señor y convertirnos a Él.

María no se queda a esperar el momento del parto. María acude a casa de su prima Isabel, de edad avanzada y embarazada de seis meses, por lo que necesitaría ayuda. Segundo dato a tener en cuenta: Pese a nuestras obligaciones, debemos servir a los demás, porque servir es también dejar de lado nuestro egoísmo, dejar de mirar nuestro arañazo, para darnos cuenta que en frente tenemos a alguien con heridas que sangran verdaderamente.

María está en la dulce espera, no en vano no sólo será madre de un bebé, será la Madre del Hijo de Dios. Tercer dato a tener en cuenta: María es la Esperanza, nuestra Esperanza. En estos duros tiempos que estamos viviendo, necesitamos esa Esperanza que nos proporciona un rayo de luz que ilumine el oscuro camino, el salvavidas que nos saca a flote, la mano de la Virgen que nos conduce a Jesús.

La dulce Esperanza de María… así debería ser la nuestra. No podemos estar contrariados porque vamos a celebrar unas fiestas con aforo limitado, ni porque no vamos a tomarnos doce uvas corriendo para irnos de fiesta, ni siquiera porque puede que este año los reyes magos no puedan pasar por culpa de un confinamiento perimetral. Aunque pudiéramos celebrarlo como siempre, eso no es Navidad. El principal motivo de las fiestas, la razón de la dulce espera del adviento es el Nacimiento de Dios, el que nos va a traer la Salvación a todos. Esa es nuestra verdadera Esperanza, porque eso es lo que tenemos y debemos esperar.

La Cuaresma y Semana Santa de este año 2020 fue difícil pero a la vez una bendición. Una prueba de las buenas, de las que se crece cuando se superan bien. Pero no hemos aprendido nada. Sin embargo, Dios nos brinda una nueva oportunidad de aprender con estas fiestas. Quizás debemos dejar de lado nuestros materialismos mundanos para acercarnos más a la Salvación del mundo.

¿Os parece difícil? Me remito al inicio de este escrito: María, el primer adviento. ¿Quién mejor que Ella para guiarnos por el camino correcto? Acudamos a Ella y que nunca, nunca, nos falte la Esperanza.

El Señor nos bendiga.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Jesucristo. Rey del Universo


 Hoy celebramos una fiesta, quizás, difícil de entender; y con ella cerramos un año litúrgico ya que el domingo que viene iniciaremos el Adviento y, por tanto, un nuevo ciclo, un nuevo año.

Jesucristo, Rey del universo…

Durante una Consagración Eucarística pude acercarme a entender vagamente en mi pequeñez humana,  aquello que dijo Jesús a Pilato, que estamos ahítos de escuchar, pero no prestamos la atención suficiente: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). Mirarme con los ojos del alma y hacerlo a mi alrededor y ver claramente que somos verdaderamente indignos hasta de hablar con Dios. Todos los pecadores reunidos, pecando incluso en el momento en que Cristo se hace presente en el Pan, y Él, el Rey, se humilla una y otra vez, y otra, y otra… y se ofrece en sacrificio por nosotros. Él, la perfección perfecta, Dios. Y veo nuestra soberbia, nuestra prepotencia, nuestros lujos, nuestro poder mundano absurdo e inválido ante el Rey. Y Cristo, viene a crucificarse para darnos otra oportunidad y regalarnos la salvación. Manos, bocas, cabezas y corazones pecadores, hacedores de mal que consagran y que recibimos su Cuerpo Santísimo.

Jesucristo, Rey del universo…

Su Reino no es de este mundo. Su reino no es de soberbios, ni envidiosos, ni asesinos de armas ni de lenguas. Su Reino es de Humildad, de Amor, de Misericordia. Si no fuera por Él, por la delicadeza y paciencia que tiene con nosotros, estaríamos desde ya ardiendo en el infierno para siempre. Pero Él viene a sanar nuestras almas, a salvarnos del abismo de las tinieblas. “A pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres” (Fil. 2, 6 – 7).

Jesucristo, Rey del universo…

¿Cuántas veces hemos oído que el Reino lo empezamos a construimos aquí? En efecto. Hemos de dejar de pensar como seres de este mundo, en la medida de nuestras posibilidades. El Reino no es un palacio infinito donde estaremos de banquete eterno. El Reino es Amor, y en este mundo es donde tenemos que comenzar a amar de verdad, a ser humildes, a dejar los lujos materiales de lado que no nos llevan a ningún sitio. Ni los faraones llevaron sus tesoros a la vida eterna, quedaron en esta vida material, donde abunda el pecado y las jugosas y atractivas propuestas de Satanás que, lejos de hacernos bien, nos alejan del Rey de reyes.

Jesucristo, Rey del universo…

El único Rey verdadero. El que rechazó su corona de oro y piedras preciosas por unas espinas que se le clavan en su Santísima cabeza. El que rechazó su trono dorado y mullido a cambio de un frío y duro madero donde es clavado su Sacratísimo Cuerpo con los brazos abiertos para acogernos SIEMPRE que queramos. El que rechazó un cetro, símbolo de autoridad, a cambio de una caña que sirve para burla nuestra de su Divina Persona. El que rechazó la espada del poder imperial por unos clavos y una lanzada en su costado, del que manará su Preciosísima Sangre.

Jesucristo, Rey del universo…

El Evangelio de hoy nos pone las claves para seguir el camino correcto, y más que nunca en estos tiempos difíciles que el mundo entero está padeciendo. Sí, Cristo se humilla y quiere que nos humillemos y tratemos a los demás con verdadero Amor. Es difícil, no somos perfectos ni dioses, pero Él está a nuestro lado todos los días hasta el fin del mundo, para ayudarnos a conseguirlo. Él es consciente de nuestra debilidad desde antes de crearnos; contaba con ello, Él es el único que no se sorprende ni se escandaliza de nuestros vergonzosos actos.  Y no debemos olvidar algo que nos recuerda Jesús al final de su Palabra en este día, y es que el infierno existe, pero lo mejor de todo, es que el cielo también, y Él está deseando hacernos partícipes de su Reino. Si la queremos, es nuestra heredad, porque por su Pasión, Muerte y Resurrección, nos ha abierto las Puertas.

Jesucristo, Rey del universo…

Verdad, vida, santidad, gracia, justicia, amor, paz. Este es el Reino de Cristo. ¿A qué esperamos entonces para seguir construyéndolo y participar de él?

El Señor nos bendiga.

domingo, 16 de agosto de 2020

Caricias desde el Cielo

 


Hay una serie de fechas en el calendario que, para los cristianos, están grabadas y tienen un carácter especial como el día de Navidad, Jueves y Viernes Santo, la Resurrección del Señor, el día de nuestra onomástica o Santo al que le tenemos devoción...

Cuando nace o fallece alguna persona, a mí personalmente me gusta buscar esa relación con la fecha en la que se produce dicho momento con el fin de ver mejor la mano de Dios. Ayer fue uno de esos instantes, triste por un lado, pero lleno de Esperanza y consuelo por otro.

Tal día como ayer, hace años, fallecía el abuelo de mi ahijado y pensé algo similar a lo que, a continuación, voy a exponer. Justamente ayer, partía también al Padre el hermano de un amigo y maestro, como me gusta llamarlo pues me ayudó a iniciarme en mi vida profesional y siempre ha estado ahí para echarme un cable cuando lo he necesitado.

Su hermano, un alma pura, entró ayer por la puerta grande del Cielo, de la mano de la Santísima Virgen en el día de su Asunción. Ella fue elevada a la Gloria para reencontrarse con su Hijo amado, el mismo Dios. Ninguna muerte es fácil de llevar para los que seguimos peregrinando en este mundo, pero todos tenemos que pasar por ese tránsito y, ¿qué mejor manera de hacerlo que de la mano de nuestra Madre? Ayer Ella, en su Asunción, tuvo ese detalle mostrando el camino y llevando a este hermano, a este hijo de la mano a la presencia del Padre. Sí, es para nosotros y, sobre todo para su familia, una dolorosa despedida, sin embargo fue una dulce caricia desde el Cielo que lo recibía en sus los brazos amorosos.

No fue una vida fácil ni para él ni para sus padres y hermanos que se volcaron y sacrificaron siempre, día tras día, para que jamás le faltase atención, amor, y los cuidados especiales que necesitó. No todos somos capaces de estar al pie del cañón toda una vida, pero como suelo decir, Dios entrega las batallas más duras a sus mejores soldados. Por eso, todos deben quedar satisfechos, pues la batalla diaria durante años, ha finalizado con la satisfacción del deber cumplido con creces.

Ahora él, que goza ya del rostro divino de Dios, es el que ayudará a su familia a superar su pérdida física, no la espiritual -puesto que vive-, y es él mismo el que, siguiendo el camino que le mostró María, les envía constantemente caricias desde el Cielo que poco a poco los confortarán.

No quiero desde aquí consolar únicamente con estas humildes palabras, pues entiendo por experiencia, que en estos momentos no hay consuelo y que hay que pasar este duro y doloroso duelo. Sin embargo es mi forma de mostrar nuestro pequeño apoyo, nuestra ayuda, nuestra presencia y oración, para que sea el impulso que necesitan para seguir juntos en este valle de lagrimas. Es un simple abrazo que, aunque no llegue a cubrir ni una milésima parte de lo que se necesita ahora, está cargado de sinceridad y cariño a toda la familia.

¡Qué nunca nos falte la ESPERANZA del reencuentro!

Descansa en la paz que sólo Dios puede dar, Miguel.

domingo, 2 de agosto de 2020

Jesús. Alimento espiritual



«Dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
[…] Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

He estado meditando este texto que nos propone el Evangelio de hoy (Mt. 14, 13-21) y quiero expresar mi interpretación personal. Puede que resulte un poco engorrosa de entender, pero lo voy a intentar.

La gente fue en busca de Jesús para escuchar su Palabra, aprender de Él, para alimentar sus almas. Reconocen en Jesús al Mesías y ansían su misericordia, por eso, si leemos el texto entero, comprobamos que «vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.»

Pero vayamos al motivo de esta pequeña reflexión.

Los discípulos contaban tan sólo con 2 peces y 5 panes. Imaginemos un concierto o un gran estadio de fútbol lleno de espectadores. ¿Cómo iban ellos a alimentar a más de diez mil personas? A veces las personas no tienen hambre de comida material únicamente, sino que están deseando que les hablen de Dios, que les expliquen la Palabra, quieren conocer a Cristo más profundamente… ese es el hambre que quizás podamos intentar saciar desde nuestra pequeñez y humildad.

Dios nos ha dado a todos unos talentos, unos dones para ponerlos al servicio de los demás. Quizás pienses que no tengas, o que están poco desarrollados, o que son pocos y no puedes ayudar a otros. Sin embargo, si los ponemos al servicio de Dios y del prójimo, Él los multiplicará hasta que a los que servimos, queden saciados. Así hicieron los discípulos con 2 pees y cinco panes. No tenían más, era lo único que habían llevado para cenar ellos, pero lo poco de lo que disponen, lo ponen en manos de Jesús y Él hizo el resto.

Pues bien, fijémonos ahora en una curiosidad. ¿Sera “casual” que estemos hablando de panes y peces?

El ichtus o ichthys (en griego ΙΧΘΥΣ ijcís "pez") es un símbolo formado por dos arcos que se cruzan formando la silueta de un pez de perfil. Fue usado de forma secreta entre los primeros  cristianos para identificarse entre ellos. Y es que el acrónimo significa Ἰησοῦς Χριστὸς Θεοῦ Υἱὸς Σωτήρ, Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Es decir, usando las letras iniciales obtenemos ΙΧΘΥΣ, pez. Por eso desde tiempos paleocristianos, a Cristo lo representamos con un pez.


Por otro lado en la Eucaristía tenemos al mismo Cristo con su Cuerpo, Sangre y Divinidad. Jesús Sacramentado en un trozo de pan. El pan es alimento esencial. No tener pan es estar expuesto a la muerte. El pan es la vida.

Dicho esto, pienso que Dios nos está pidiendo hoy que demos de comer al que tenga hambre de Él. Quizás contemos con unos panes y unos peces, es decir, talentos o dones insuficientes para tanta gente; pero esos dones nos son dados por Dios, y es a Dios a quien debemos llevar a los demás. Tenemos que acercar a Cristo a los que lo necesitan, sin embargo contamos con el mismo Cristo: a Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador (pez) y también con la Eucaristía (pan), nuestro alimento espiritual y el alimento espiritual que hemos de llevar a muchos. Convertir almas para el Señor, para cuando estén cerca de Él, puedan comer el pan que da la vida eterna.

No es de extrañar, por tanto, que este episodio de la multiplicación de los panes y los peces, sea un preludio de la última cena, esto es, de la institución de la Eucaristía, donde el propio Salvador del mundo (ΙΧΘΥΣ) nos dirá «Esto (pan) es mi Cuerpo.»

Para acabar, recordemos que para Dios nada hay imposible, que contamos con su ayuda, con la Santísima Virgen Reina de los Ángeles. Pongamos lo poco o mucho que tengamos en manos del Señor, Él hará su obra y multiplicará lo que nos falte cuando lo vea oportuno, eso ya depende de Él. Por tanto, cumplamos con lo que nos encomendó como discípulos suyos que somos: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.» «Dadles vosotros de comer.»

El Señor nos bendiga.


sábado, 25 de julio de 2020

El Apóstol Santiago


Santiago Matamoros.
Alfonso Martínez (atribución). 1642.
Iglesia de San Mateo. Tarifa (Cádiz)

Hoy celebramos la festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España. Felicidades a todos los gallegos, pues hoy  también se celebra el día de Galicia.

Según una tradición medieval, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal).

Además de en los Evangelios, es mencionado en el libro de los Hechos de los apóstoles:

Por aquel tiempo, el rey Herodes comenzó a perseguir a algunos de la iglesia. Ordenó matar a filo de espada a Santiago, el hermano de Juan; y como vio que esto había agradado a los judíos, hizo arrestar también a Pedro. (Hch. 12,1-3)

Como curiosidad: La tumba del Apóstol.

Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Pelayo comunica al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia, que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Van al lugar e identifican una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. El rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima de aquel lugar.

La palabra Compostela proviene de “campus stellae”, es decir, campo de las estrellas, debido a las luces que bailoteaban sobre el cementerio. Otra versión que, quizás es menos atrayente, pero puede que más fiable, es que la palabra cementerio (compositum), sea el verdadero origen de Santiago de Compostela: Santo Jacob delcompositum. Sea como fuere, el descubrimiento de aquella tumba, dicen que de mármol romano, será el germen que diera lugar a la primera catedral de Santiago y al inicio de las peregrinaciones a este santo lugar.

Muchas son las historias y leyendas que giran en torno al Señor Santiago, entre las que destacamos la Batalla en Clavijo, donde por mediación del Apóstol, los cristianos vencen a los musulmanes, y de esta efeméride surge la iconografía conocida como Santiago matamoros, como la que vemos en la ilustración.

Que, como el Apóstol Santiago, seamos auténticos discípulos de Cristo y sigamos el encargo que Él nos encomendó: Id al mundo entero y proclamad la Buena Noticia.

El Señor nos bendiga.


domingo, 19 de julio de 2020

Dios no se olvida



Muchas son las dificultades por las que pasamos y vivimos día a día, muchas; pero mencionaré sólo una porque nos afecta a todos.

El coronavirus sigue entre nosotros y parece ser que vino para quedarse. Miles  de personas en el mundo han muerto y siguen muriendo a causa de esta pandemia. Otras tantas siguen infectándose y contagiando a otros. Hemos vivido un confinamiento en el que nos hemos visto coartados de nuestra libertad, la vida nos ha cambiado y ya nos parece algo extraordinariamente imposible poder abrazar y besar algún día a nuestros seres queridos. Un microscópico virus maldito ha conseguido, frente a la “poderosa” ciencia y saber del ser humano, que durante un tiempo (aún no sabemos cuánto) destrozar uno de los gestos fraternales más grandes, reconfortantes, hermosos, afectivos y poderosos que tenemos: Un abrazo.

Y muchos piensan o se pueden preguntar: ¿Dónde está Dios? ¡Me ha abandonado! Parece que se ha olvidado de mí, que rezo y la ayuda no viene como la quiero o espero. ¿Acaso no ve el sufrimiento que tengo? Si todo lo puede, ¿por qué permite que pase por este suplicio (el que sea que estemos viviendo)?

Pero aquí está la respuesta de Dios:
Exulta, cielo; alégrate, tierra; rompan en aclamaciones, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados.
Decía Síón: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado”.
¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; los que te construyen van más aprisa que los que te destruían, los que te arrasaban se alejan de ti 
(Is 49, 13-17)

Seguramente alguna vez has apuntado algo en la palma de la mano para que no se te olvidara. Pues imagina un tatuaje, pero no un tatuaje como los que conocemos, no. Tatuaje quiere decir imborrable, indeleble, así te lleva en la palma de la mano Dios, grabado a fuego. Con cualquier cosa que haga te tendrá presente. ¿Cómo se va a olvidar de ti, si eres su perfecta y hermosa criatura? ¡Si te ha nombrado heredera de su Reino! ¡Él te AMA! Con tus virtudes y tus defectos, con tu trigo y tu cizaña, con tus fortalezas y debilidades… tal y como eres, porque así precisamente, es como eres hermosa; luchando para mejorar cada segundo aunque caigas una y otra vez, a pesar de que pienses que ya no puedes más, porque en ese esfuerzo es donde te estás santificando. No te apures, Dios no quiere nada malo para ti, y no te va a exigir algo que no seas capaz de hacer. Si estás en una difícil prueba, es que puedes con ella y, aunque no lo veas, Él está a tu lado apoyándote, animándote. ¿Acaso ves al virus? ¿Acaso ves el viento? ¿Acaso ves como huelen las flores? Y sin embargo, sabes que están ahí. De igual forma, Dios está ahí.

Confía en Dios. Él te ha hecho la promesa de que nunca se olvidará de ti y precisamente Él, jamás faltará a su Palabra, porque Él mismo es la Verdad. Eso sí, no cuando tú quieras o desees sino cuando Él vea que es el mejor momento, en el tiempo que sea de mayor bendición para ti, porque su tiempo es perfecto, porque Dios es perfecto, porque su Amor por ti es perfecto.

Si estás pasando por una situación difícil o delicada: ¡Ánimo! ¡Confía! ¡Ora! Y espera en el Señor, porque es el único que nunca te va a fallar. Cristo tiene grabado tu nombre en las palmas de sus manos, las mismas que un día permitió que fueran taladradas para regalarte lo más grande: Tu salvación, el Cielo, su Amor.

El Señor nos bendiga.

domingo, 31 de mayo de 2020

Pentecostés 2020

Queridos hermanos.

En esta ocasión mi reflexión sobre Espíritu Santo os la dejo en formato de vídeo.
¡Feliz Pentecostés!





El Señor os bendiga.

jueves, 9 de abril de 2020

Jueves Santo y Viernes Santo 2020



No. No voy a dar ninguna receta de platos típicos de estos días.

Todos sabemos que en el día de hoy, Jueves Santo, celebramos el día del Amor Fraterno y la institución de la Eucaristía y el Sacerdocio. Mañana, Viernes Santo, celebraremos la Pasión y Muerte del Señor; para terminar el Triduo Pascual con la Gloriosa Resurrección de Cristo. Es cierto que esta Semana Santa está siendo bastante extraña para nosotros, pero el hecho de que no haya procesiones, nos invita a meditar más sobre lo que celebramos, pues la mayoría de las veces, quedamos distraídos por lo exterior, olvidando un poco nuestro interior. La Semana Santa es un alto en el camino en nuestras vidas para acercarnos más a Dios y es una oportunidad más que tenemos para convertirnos. No debería ser una semana de vacaciones en la playa o en la montaña y dejar más de lado al Señor. Por eso, este confinamiento, aunque son muchos los que están incumpliendo y siendo totalmente insolidarios con los demás, es el mejor momento que tenemos para pensar, hablar con el Señor y escuchar lo que quiere decirnos.

Hoy es un día propicio para vivir el Amor Fraterno. Sí, todos tenemos un familiar político al que no tragamos, un tío, sobrino, padre o incluso hermanos con los que no nos hablamos. Ninguno nos escapamos de esta situación en lo que a relaciones personales se refiere, porque en todas partes cuecen habas (ya sabéis la razón de la ilustración de hoy). El coronavirus nos ha apartado físicamente unos de otros, pero nos debería unir más en el amor. Ese es el fin. El mismo virus es el que se está llevando a muchos seres queridos y conocidos a la tumba, y es entonces cuando nos arrepentimos de no haber prestado más atención a ese ser o su familia. Es entonces cuando caemos en la cuenta de que hemos perdido el tiempo sin dirigirnos la palabra. Es cuando vemos con claridad que debíamos haber solucionado nuestros malentendidos, nuestras diferencias, y habernos perdonado mutuamente. ¿Demasiado tarde? NO. Para Dios nada hay imposible, y seguro que aún tenemos muchas personas con las que podemos arreglar nuestra incómoda situación. Otras personas, sin embargo, desafortunadamente son pastos del demonio y no sólo no permiten que se dé ese Amor entre ambos, sino que, lejos de ello, hablan mal y ponen en contra a otras personas para quedar ellos bien, produciendo con su soberbia y envidia, mucho daño y dolor en otros, sobre todo, si los has considerado en algún momento de tu vida amigo tuyo, dándole todo lo que tenías. El problema aumenta cuando lo hacen en nombre de Jesús, y dándoselas de buenas personas y mártires. Sin embargo, ¿dónde está la Caridad que Dios quiere que practiquemos? ¿Acaso no se mata con la lengua más que con un arma? Fijémonos lo que hace Jesús cuando es tentado por el diablo. Ni el mismo Dios dialoga con él, tan sólo le da respuestas tajantes y cortantes. Por otro lado, ¿qué hace Jesús cuando Judas, su amigo, lo traiciona?  Lo miraría con el dolor de haber sido traicionado por alguien a quien amaba y le dijo: “¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? (Lc. 22, 48). Y, ¿qué hizo cuando su amigo Pedro lo traicionó negándolo tres veces? Se cruzarían sus miradas en algún instante, y Jesús viendo su arrepentimiento, con una simple mirada lo perdonó, pero no dijo nada. Con esto quiero decir, que a las personas con las que sea aparentemente imposible una reconciliación, no hagamos caso a lo que digan para que el daño nos afecte lo menos posible y dejemos la situación en manos de Dios, que es quien obrará, si lo ve  conveniente. Y a las personas que podamos perdonar y ser perdonamos lo hagamos y, cuando se levante el confinamiento, nos fundamos en un auténtico y fraternal abrazo que termine de romper las cadenas que nos separan, porque la familia es  sólo una y es el centro, el corazón, la base, el pilar que sostiene al mundo. De nada nos sirve ser “buenos” con los conocidos, cuando no atendemos ni estamos pendientes de nuestros padres, que nos han dado la vida. Ayudémonos unos  a otros de corazón. Si el mismo Cristo se hace siervo lavando los pies a sus discípulos, ¿cómo no vamos a servir nosotros a los demás? Debemos ser servidores, no mandones, no confundamos. El que quiera ser primero, que sea el último y se ponga a servir como el primero.
El Señor es tan infinitamente misericordioso que quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía, para que podamos comer su Cuerpo y tenerlo dentro de nosotros. Es un misterio tan grandioso, que no somos capaces de comprenderlo y asimilarlo. Pero no contento con eso, además de llegar a perdonar nuestros pecados más horribles, el regalazo que tenemos en la tierra, podemos considerarlo tan sólo un pequeño aperitivo, pues Él nos espera en su Casa para celebrar con nosotros un banquete eucarístico eterno. ¿Cómo nos va a entrar en nuestra cabeza humana y materialista tal magnitud de Amor?

Por otro lado tenemos el Viernes Santo. ¿Cómo murió y fue enterrado Cristo? Murió solo, acompañado lo más cerca que les fue posible por su Madre, Juan, y las conocidas como “Tres Marías”, es decir, María Magdalena, María Salomé y María de Cleofás. Y pocos más asisten a su entierro. Así están muriendo hoy las personas por causa del coronavirus y el confinamiento. Solas, acompañadas quizás por alguien si están en casa, o en una habitación de hospital sin poder tener un acompañante. Y así están siendo enterradas, solas y acompañadas únicamente por dos o tres familiares cercanos, con toda la pena, dolor e impotencia que se puede sentir en esos momentos ante la pérdida de una ser al que amamos.

Por eso debemos acudir a la Virgen Santísima en estos días, pues Ella mejor que nadie, experimentó esa amargura en lo más profundo de su ser. Ella sabe lo que se sufre y por eso Ella quiere ayudarnos. Ella nos entiende más que nadie y sigue sufriendo por nuestro mal comportamiento con su Hijo. Sí, nosotros lo matamos y Ella nos perdona y nos ayuda. ¿Hay criatura de Dios más maravillosa, bondadosa, dulce, sierva, humilde, Madre… que la Virgen María? Ella es nuestra Esperanza, y jamás debemos perderla, es más, siempre debemos llevarla a nuestro lado y en nuestro corazón, pues de su bendita mano nos llevará hasta Jesús que nos espera tal y como murió, con los brazos abiertos para regalarnos el abrazo más inmenso, tierno y lleno de Amor que jamás podamos recibir.

Hermanos: Conversión, Caridad, Fe y Esperanza. Quizás parezca poco, así enumerado, pero es todo lo que necesitamos.

Ánimo con este confinamiento y que el Señor nos bendiga.